El escolta más integral de Fidel

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El escolta más integral de Fidel

Fidel Castro Ruz venció más de 634 situaciones de peligro contra su vida, además de acontecimientos generados por el azar. El General de Ejército Raúl Castro Ruz fue el más integral de los jefes de la escolta del Comandante en Jefe.

Por:
Dr. C. Ignacio Turcios Lima Tamayo
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A la memoria del teniente coronel Elvin José Fontaine Ortiz, 
en el primer aniversario de su fallecimiento el 4 de junio de 2025.

Una fotografía en la Sala 3 del Museo Celia Sánchez Manduley de la Dirección de Seguridad Personal de La Habana había despertado mi motivación por conocer detalles acerca de un accidente de tránsito que puso en peligro la vida del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.
Tiempo después, conversando con Elvin Fontaine —historiador de la escolta del Comandante—, sobre los vehículos empleados por Fidel, me comentó: «hay un hecho que nos dejó una gran lección de cómo trabajar la vía expedita, que introdujo cambios en la revisión técnica…, fue cuando un árbol aplastó el capó del GAZ-69 donde él viajaba junto con el presidente de la República Osvaldo Dorticós».
En diciembre de 1967 —recordaba Fontaine— nos encontrábamos con el Comandante en un recorrido por áreas agrícolas de La Habana, próximas al poblado San José de las Lajas. En el momento del accidente, dentro del auto principal de la cápsula de seguridad (formación entre los vehículos que participan en el traslado), viajaban: Osvaldo Dorticós (manejando); a su lado, Fidel; detrás de él, en el asiento trasero, Jesús Betancourt Acosta (primer secretario del Partido en La Habana); el primer teniente Ricardo Leiva Castro (segundo jefe de la escolta) y Jesús Castellanos Benítez (chofer de la escolta).
Jesús Castellanos había referido a Fontaine:
Conducía el GAZ-69, de fabricación soviética, el día del percance. Veníamos del antiguo central Portugalete hacia la carretera de Managua a Cuatro Caminos, y como a 2 kilómetros se produjo la caída de un árbol que le habían dado candela en el tronco. El Comandante me había dicho: «Castellanos, deja que Dorticós maneje un rato para que descanse la columna».
El presidente Dorticós padecía de fuertes dolores de la columna vertebral y venía un poco encorvado en el asiento trasero. Paré y le di el timón. Me fui para el GAZ-69 de la escolta a fumarme un tabaco Cohíba. Apenas unos minutos después, de pronto se nos perdió de vista el jeep del Comandante entre la ramazón de un árbol que estaba al lado del terraplén. Yo no sé cómo no aplastó el vehículo. Íbamos despacio. El jeep principal se paró en seco porque un gran gajo le cayó en el capó y lo aguantó. Por eso el Comandante y Dorticós quedaron a poca distancia del otro gajo. Si el vehículo sigue 2 metros más, los mata a los 4. Toda la escolta corrió para el jeep y no sé cómo pudieron sacar al Comandante. Algunos lo tocaban y le preguntaban que si le había pasado algo y él respondió: «no me pasó nada».
Se bajaron Dorticós y Leiva, que estaban ilesos. Pero nos dimos cuenta de que Jesús Betancourt, quien venía sentado detrás, se había quedado sin sentido. Un gajo le había dado en la cabeza y le había arrancado un pedazo del cuero cabelludo del tamaño de un huevo, más o menos. Entonces, lo montaron en el otro jeep de la escolta, en compañía del chofer José Inés, y se lo llevaron hasta el Hospital Naval.
Nosotros seguimos en otro jeep de escolta hasta el Hospital Nacional, porque aquel no se podía mover por los gajos grandes que lo tapaban. Preguntamos si había llegado algún herido en la cabeza con unos militares. Respondieron que no y el Comandante dijo: «¡vamos rápido para ver a Raúl, porque si se entera va a salir corriendo hacia donde fue y puede tener un accidente!».
El chofer de escolta, René Vizcaíno Cruz, se quedó con el auto accidentado y yo manejé el jeep de escolta donde nos montamos todos con el Comandante y Dorticós, quien me dijo: «¡no manejo más!».
Este testimonio —que comparto con los lectores a pesar de su extensión—esclareció por qué venía manejando Dorticós en lugar del chofer de la escolta. Además, evidenció cuál fue la reacción del Comandante al ver lesionado a Ricardo Leiva y su preocupación por la ocurrencia de otro accidente que implicara a Raúl.
Pero este investigador aún no lograba dilucidar cómo se llegó a la conclusión de que se trató de un accidente y no de un atentado. ¿Por qué aquel expediente que tenía delante de mí llevaba rotulado el nombre Casualidad?
El único lesionado en el accidente, Ricardo Leiva, había señalado a Fontaine:
Osvaldo Dorticós iba manejando y Fidel, al ver caer el árbol, le gritó: «¡cuidado, Dorticós!». Este frenó y se apagó el motor del jeep; quedamos tapados por los gajos y las hojas del árbol. Yo quedé atrapado por la nuez con el fleje que sostiene la capota del vehículo, pero el Comandante me sacó del apuro.
El árbol, llamado salvadera —venenoso y con muchas espinas—, cayó del lado izquierdo del terraplén. Para que se tenga una idea del tamaño, los gajos pesaron 1 995 libras. Eran casi dos toneladas.
Mientras observaba las fotos, aprecié que, en efecto, el vehículo quedó atrapado justamente en un arco salvador, entre la parte más gruesa y las puntas de las ramas. Fue esa casualidad lo que los libró de lesiones fatales.
Para mí, sin embargo, otras interrogantes persistían: ¿quién seleccionó la ruta de desplazamiento que llevaban en el momento del accidente?; ¿por qué venía delante el auto principal (con el Comandante a bordo) y no el puntero (que avanza delante despejando la vía)?; ¿qué situación generó la caída del árbol sobre el auto principal?; ¿quién rescató a Ricardo Leiva dentro del vehículo accidentado?; ¿cómo conoció Raúl del hecho?
Fue entonces Fontaine quien me esclareció:
Quien seleccionó la ruta de desplazamiento que se llevaba en el momento del accidente fue el propio Comandante en Jefe. Por tanto, nadie sabía que él pasaría por el lugar ese día, a esa hora.
Venía delante el auto principal y no el puntero porque al avanzar sobre un terraplén el primer vehículo levantó una cortina de polvo y el Comandante le dijo a Dorticós: «hazle señas con las luces para que paren, que nos traen llenos de polvo»; momento en que pasa a ocupar la primera posición el GAZ-69 del Comandante.
La situación que genera la caída del árbol se identificó mediante trabajo pericial de la Criminalística. Se determinó que no hubo elemento de corte intencional, sino debilitamiento de las raíces y estructura del tronco con una cavidad en la que se combustionó hierba seca con más de 72 horas de antelación, y quedó inclinado el tronco en ángulo de 45 grados respecto a la superficie del terreno; la vibración de los 5 vehículos al aproximarse indujeron la caída.
Quien rescató a Ricardo Leiva dentro del vehículo accidentado fue el Comandante en Jefe, que sale de inmediato a su auxilio. Los demás escoltas estaban viendo cómo caía el árbol y se generó una cortina de polvo alrededor, momento en que detuvieron los vehículos y se bajaron para incorporarse al rescate. Cuando Fidel vio que Ricardo estaba herido ordenó: «llévenlo de inmediato para el Hospital Naval».
La respuesta del lesionado fue: «no, Comandante, yo no lo abandono, sigo con usted».
Fidel reaccionó y dijo a los demás escoltas: «¡cojones, ustedes no ven que está herido, qué están esperando para llevarlo para el hospital!»; suficiente para proceder a su traslado, y antes de partir, ordenó: «¡que nadie informe nada de lo que ha ocurrido!».
Preocupado por la salud de Ricardo, se dirigieron hacia el Hospital Naval y decidió ir para el Minfar para ver a Raúl. Al encontrarse, Fidel le dijo:
—Oye, Raúl, si tú ves lo que nos pasó. Nos cayó tremendo tronco de árbol sobre el jeep.
La reacción fue instantánea: —¿por qué no me informaron de inmediato?
—Porque no quería que al enterarte pudiera haber otro accidente.
Al concluir la conversación, el ministro de las FAR se dirigió de inmediato al lugar del hecho y constató la magnitud del peligro superado.

Tres días previos al accidente habían realizado allí labores de chapea, la hierba cortada la colocaron dentro de la cavidad del tronco y la quemaron. Allí, donde el GAZ-69 se detuvo 2 metros antes y en la estructura del árbol se creó un arco que le impidió incidir sobre el Comandante. Allí, entre la comunidad Nazareno y el poblado La Casualidad.
Siempre conservaré una copia de aquella fotografía que tanto me motivó a conocer acerca del suceso que aquí he narrado. Pero, sobre todo, recordaré que Fidel Castro Ruz venció más de 634 situaciones de peligro contra su vida, además de acontecimientos generados por el azar. El General de Ejército Raúl Castro Ruz fue el más integral de los jefes de la escolta del Comandante en Jefe.

 

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