La Universidad de la Habana para Fidel, significaba mucho más que la casa de altos estudios donde se convertiría en un profesional respetable. Lo estremecía el hecho de que allí habían estudiado jóvenes que lucharon contra los gobiernos de Gerardo Machado y Fulgencio Batista, era la universidad de largas tradiciones de lucha.
Fidel ingresa a la Universidad de la Habana en 1945, contaba 19 años y era un joven lleno de sueños; no tenía entonces una conciencia política ni una ideología revolucionaria, pero sí, opiniones sobre la realidad que había podido constatar en Birán, donde fue testigo de muchos abusos. Rechazaba la injusticia, la prepotencia de los soldados, el ambiente de violencia que predominaba. No obstante, ya en aquella etapa, se había producido un cambio en el gobierno, el pueblo manifestaba satisfacción con el triunfo en las elecciones del profesor Ramón Grau San Martín que había recibido el apoyo de la Universidad. Fidel vio con simpatía todos aquellos acontecimientos, pero en realidad, no estaba inmiscuido en política, venía de colegios religiosos donde no tuvo la oportunidad de adquirir una cultura en ese sentido.
La Universidad de la Habana para Fidel, significaba mucho más que la casa de altos estudios donde se convertiría en un profesional respetable, lo estremecía el hecho de que allí habían estudiado jóvenes que lucharon contra los gobiernos de Gerardo Machado y Fulgencio Batista, era la universidad de largas tradiciones de lucha: Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena, Rafael Trejo, la Universidad donde se creó el directorio estudiantil; donde se sufrió el horrendo crimen cometido con los ocho estudiantes de medicina durante la Cuba colonial. Se trataba de una institución prestigiosa, un recinto sagrado, cuya historia lo llenaba de orgullo.
Con tales motivaciones comenzó la carrera de Derecho y muy pronto, estudiantes de grados superiores se le acercaron para pedirle que colaborara en las actividades estudiantiles. A Fidel le agradó la propuesta, era algo nuevo para él, se sintió halagado por la confianza que habían depositado en él.
El gobierno de Grau San Martín, que contó con el apoyo de los estudiantes universitarios y conquistó la simpatía y la confianza del pueblo, se había corrompido. En la Universidad se podía percibir que elementos vinculados al Partido Auténtico de Grau San Martín, controlaban la institución. Fidel no había adquirido total conciencia de todo, pero estaba claro de que la Universidad era guardiana de los más sagrados intereses del país; sin embargo, no contaba con el espíritu antimperialista de otros tiempos, y se respiraba un ambiente de corrupción.
Importantes dirigentes estudiantiles ostentaban cargos en el gobierno, recibían ingresos, prebendas, algunos ocupaban cargos que no desempeñaban; estos elementos controlaban la Federación Estudiantil Universitaria. El conflicto entonces era – comentaba Fidel-, entre importantes personajes defensores del gobierno y los estudiantes que lo criticaban.
Otro fenómeno que llamó su atención fue la existencia de organizaciones que se hacían llamar revolucionarias a nivel nacional. Resulta que todo el que había luchado contra Machado o contra Batista era un revolucionario. Existía un culto a todos los que habían sido perseguidos, encarcelados, exiliados; aunque muchos de ellos, ya no conservaban los mismos valores, se habían acomodado en el gobierno de Grau y no respondían a los intereses del pueblo. Los cintillos de los periódicos en aquella época, destacaban a dichas organizaciones como lo más grande.
En primer año de la carrera, Fidel fue propuesto como candidato por una asignatura, en este caso Antropología jurídica, que por sus características generaba mucho trabajo.
La forma tradicional de obtener apoyo por parte de los estudiantes con vista a las elecciones era favorecerlos, ayudarlos a resolver problemas, defenderlos, interferir con los profesores para mejorar una nota o resolver cualquier situación; algo que no se correspondía con la forma de pensar de Fidel. Él organizó las tareas que realizaría en función de ayudar a los alumnos: reunió las direcciones de todos para localizarlos y mantenerlos al tanto en relación con los estudios, gestionó que se imprimieran las conferencias de las diferentes materias, informó día y hora de las prácticas de laboratorio, algo muy favorable para los que no asistían a clases porque las prácticas eran obligatorias. Nunca pidió que lo eligieran ni benefició a nadie con la obtención de una nota inmerecida. Trabajó intensamente en los diferentes servicios que ideó para facilitarles cuestiones prácticas en relación con los estudios, estableció muy buenas relaciones con sus compañeros.
Así transcurrió su proceso de elección, algo que lo distinguió de los demás dirigentes de la Escuela de Derecho. Desde los primeros momentos se convirtió en el líder de primer año.
Cuando llegaron las elecciones sacó 181 votos ante su adversario que obtuvo solo 33. Los demás de su candidatura salieron todos como consecuencia de su campaña. A pesar del trabajo realizado por los líderes de años superiores, sacó seis veces más votos que su contrincante.
Su proceder se caracterizó por el rechazo total a las viejas prácticas, a la inmoralidad de ganar simpatía al favorecer a los estudiantes en los resultados académicos de forma fraudulenta. Desde el principio marcó la diferencia con los demás líderes, sobre todo, en que nunca pasó por su mente, la idea de que le facilitaran una nota por ser dirigente.
Desde entonces desarrolló una personalidad respetable, apegada a lo moral, a lo justo; una ética que le hizo rechazar todas aquellas prácticas.
En la Universidad comenzaron a manifestarse algunas tendencias políticas, fundamentalmente la que defendía al gobierno de Grau, y la que se oponía a este; él, movido por cuestiones éticas, morales y patrióticas más que por una ideología definida, se inclinó de inmediato a la oposición a dicho régimen.
En medio de una gran proliferación de organizaciones revolucionarias, integradas por aquellos que habían luchado contra Machado y Batista, inició su lucha impulsado por su temperamento rebelde y su apego a la justicia. Todas las organizaciones no eran iguales, él chocó con las que tenían importantes funciones y poderes en los órganos represivos del gobierno y controlaban la Universidad. Era una lucha desigual, en la que no había posibilidades de vencer.
Llegó el momento en que existía una batalla política a nivel universitario en que el gobierno quería conservar la FEU y la oposición quería desmantelar su control; la escuela de derecho se volvió importante y aquella mafia que defendía los intereses de la presidencia, vio en Fidel a alguien que se destacaba; intentaron captarlo, pero él los desafió; fue entonces cuando inició una lucha abierta contra el régimen de Grau y contra todos aquellos elementos indeseables.
Los líderes de otras escuelas que conformaban la oposición fueron menos combativos que Fidel y concitaron menos odio, por lo que la hostilidad del adversario se concentró en él.
A la etapa universitaria corresponden, además, acontecimientos como la expedición de Cayo Confites y el Bogotazo, en los cuales se involucró movido por sentimientos de solidaridad con otros pueblos y su disposición de luchar a cualquier precio.
En cuarto año de la carrera, dejó de ser un estudiante regular, matriculó un gran número de asignaturas por la libre, pero mantuvo una estrecha relación con los estudiantes y tenía una gran aceptación entre ellos. Desde su nueva condición, siguió en la batalla, desarrolló una activa campaña antigubernamental, organizó una serie de manifestaciones desde la escalinata de la Universidad, que constituyen hoy, hermosas páginas de nuestra historia.
Fueron años muy difíciles, enfrentó solo a una mafia que contaba con el apoyo de los cuerpos policiales y represivos del gobierno; según el propio Fidel, su actitud durante aquellos años fue suicida, de martirologio, de sacrificio personal, dispuesto a darlo todo, a inmolarse, aunque no para cambiar la sociedad, sino para enfrentar determinadas actitudes: hegemonismo, violencia, abusos, movido por el deseo de devolverle a la Universidad, la pureza que siempre la caracterizó. En realidad, no era el momento de exponerse día tras día; fue algo quijotesco, propio de los caballeros andantes, no de aquella época confusa y compleja, en la que adquirió conciencia de lucha y se hizo revolucionario.
Al referirse a estos años, en una ocasión afirmó:
“Estaba siempre bajo los palos y los tiros, como un Quijote de la Universidad”.

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Bibliografia
Katiuska Blanco Castiñeira. Fidel Castro Ruz: Guerrillero del Tiempo Conversaciones con el líder histórico de la Revolución Cubana.