Fidel, el estratega guerrillero

Coloquio Internacional Fidel legado y futuro
Fidel, el estratega guerrillero

Ponencia del investigador Dioclis Durán Acosta del Centro Fidel Castro Ruz impartida el 10 de agosto en el panel Estrategia, liderazgo e historia militar en el I Coloquio Internacional Fidel: legado y futuro. 

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Por: Ing. Dioclis Durán Acosta
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Claves de liderazgo, pensamiento y acción revolucionaria 

Fidel, figura que trasciende lo meramente político o militar. En las largas conversaciones sostenidas entre el Comandante en Jefe Fidel Castro y el intelectual y periodista francés Ignacio Ramonet recogidas en el libro Cien Horas con Fidel. Conversaciones con Ignacio Ramonet, el autor hizo una observación que hoy queremos tomar como punto de partida: «Pocos hombres han conocido la gloria de entrar vivos en la historia y en la leyenda. Fidel es uno de ellos. Es el último “monstruo sagrado” de la política internacional»

¿Qué significa ser estratega?

Un estratega no es solo quien diseña un plan militar, sino aquel que, con una correcta interpretación de la realidad, es capaz de articular la acción política, la movilización popular, la ética y la visión de futuro para transformar una causa justa en una victoria histórica. Fidel, no fue un teórico de academia, sino un hombre de acción cuyo pensamiento estratégico se forjó en la fragua de la experiencia: en las derrotas, en las victorias, en el enfrentamiento a los abusos de la dictadura y en una capacidad casi profética para leer los acontecimientos. 

En esta investigación nos proponemos desentrañar las claves de ese liderazgo y demostrar que su capacidad estratégica, integrando lo militar, político, ético y comunicacional, constituyó el factor determinante en la victoria revolucionaria el 1.o de enero de 1959, un hecho que cambiaría la historia de Cuba y América Latina. Como él mismo expresó a Ramonet: «[…] el hombre no es totalmente dueño de su destino. El hombre también es hijo de las circunstancias, de las dificultades, de la lucha. Los problemas lo van labrando como un torno labra un pedazo de metal. El hombre no nace revolucionario, me atrevo a decir […]». «Yo me convertí en revolucionario».

La lucha insurreccional en la Sierra Maestra, sin lugar a dudas, es el laboratorio práctico donde perfecciona su arte estratégico. No solo dirigía las operaciones militares, sino que tejía una compleja red de relaciones con los campesinos, con los combatientes, con el llano, con la opinión pública internacional. Su capacidad para combinar lo militar con lo político se evidenció en cada decisión, convirtiendo cada acción, cada error, cada victoria en una enseñanza.

El 2 de diciembre de 1956, los expedicionarios del yate Granma desembarcaban por los Cayuelos, antigua provincia de Oriente, una zona de mangles, alejada del lugar previsto con anterioridad. Acamparon cerca de un cañaveral, en un sitio conocido como Alegría de Pío, donde el 5 de diciembre fueron sorprendidos por el ejército de la dictadura y entablan el primer combate en total desventaja, atacados por aire y por tierra. Fueron diezmado, la tiranía publicó la falsa noticia de la muerte del jefe revolucionario, mientras perseguía, cazaba y asesinaba a los expedicionarios dispersos.

El 18 de diciembre en la finca de Mongo Pérez en Cinco Palma, se produce el encuentro histórico con su hermano Raúl, y ante aquellos hombres que contaban con 7 fusiles, exclama: «¡Ahora si ganamos la guerra!».

Primera etapa: Supervivencia y consolidación (diciembre 1956-mayo 1957).

•Estrategia de supervivencia e incorporar al campesinado a la lucha. 

Fidel entendió que la clave no era el combate frontal, sino era necesario sobrevivir, ganar la confianza del campesinado, incorporarlo a la lucha, garantizar su protección y crecer poco a poco. En función de esto se aplicó una estricta disciplina: pagar por todo cuanto se utilizará, respetar a los campesinos, atender sus necesidades, fundamentalmente las médicas y protegerlos del ejército y los corruptos.

•Desarrollar acciones de pequeño impacto pero que tuviesen resonancia.

Con el apoyo y la incorporación de los primeros campesinos y algunos integrantes del primer grupo, enviados desde manzanillo por Celia Sánchez Manduley comenzó un lento fortalecimiento de las filas rebeldes. Esto permitió que el 17 de enero de 1957, 22 de los 29 hombres que formaban el mismo atacaran el pequeño cuartel ubicado en la desembocadura del rio la Plata lográndose el primer combate victorioso. Hecho que demostró la existencia de la naciente guerrilla, la posibilidad de luchar y vencer al adversario y la existencia de Fidel.

La acción duró cuarenta minutos. Los rebeldes no sufrieron bajas; los guardias tuvieron dos muertos, cinco heridos y dos prisioneros. Fidel respondió con un gesto que se convertiría en sello distintivo del Ejército Rebelde: entregó medicinas a los soldados heridos, dejó en libertad a los prisioneros y les dio un salvoconducto.

A este combate siguieron otras acciones combativas, en Llanos del Infierno, el 22 de enero de 1957 emboscaron a una fuerza en movimiento logrando poner fuera de combate a la vanguardia del enemigo. 

El 30 de enero de 1957, la aviación enemiga bombardeó con precisión el campamento guerrillero en la loma de Caracas. Fruto de la intuición de Fidel y de su capacidad de unir elementos pudo descubrir al traidor Eutimio Guerra, evitando así la extinción del destacamento guerrillero y su propia muerte.

El Che escribiría después: «Eutimio nos enseñó, con su muerte, que la guerra es implacable y que la debilidad de un momento puede costar la vida de muchos».

El 28 de mayo de 1957, la guerrilla libró su combate más importante hasta esa fecha: el asalto al cuartel de Uvero. Fidel decidió atacar frontalmente, algo poco usual en la guerra de guerrillas. Este combate constituyó el bautismo de fuego del refuerzo de 50 hombres recién incorporado al grupo guerrillero, preparado por Frank País y Celia Sánchez.

El Che recordaría una discusión con Fidel previa a la batalla: «Opinaba yo que no se podía desperdiciar la oportunidad de tomar un camión […] pero Fidel ya tenía en mente la acción del Uvero y pensaba que sería mucho más interesante y lograría un éxito mucho más rotundo […] Ahora, después de varios años, debo reconocer que era justa la apreciación».

Seguidamente escribió: «A partir de este combate, nuestra moral se acrecentó enormemente, nuestra decisión y nuestras esperanzas de triunfo aumentaron también, simultáneamente con la victoria y, aunque los meses siguientes fueron de dura prueba, ya estábamos en posesión del secreto de la victoria sobre el enemigo».

•Estrategia de comunicación.

En febrero de 1957, Fidel tomó una decisión estratégica de enorme trascendencia: aceptar la visita del periodista norteamericano Herbert Matthews, del The New York Times, que se produjo el 17 de este mismo mes. Fue un golpe maestro, de esta manera dio a conocer a la opinión pública nacional e internacional a través de su reportaje, publicado el 24 de febrero, que el grupo guerrillero estaba en la Sierra Maestra, activo y bajo la dirección del Comandante en Jefe. El Diario de la guerra 1 lo recoge así: «Fidel Castro, el jefe rebelde de la juventud cubana, está vivo y peleando dura y exitosamente en los inhóspitos y casi impenetrables montes de la Sierra Maestra». 

El 23 de abril el periodista norteamericano Robert Taber, Bob y el corresponsal Wendell Hoffman, hicieron un reportaje y filmaron una entrevista al máximo Jefe rebelde para la cadena CBS de Estados Unidos, que dio la vuelta al mundo, y que ratificó nuevamente la existencia de la guerrilla cubana dirigida por Fidel Castro Ruz.

Lo distintivo hasta aquí es la existencia de un grupo guerrillero en constante movimiento, a decir del Che, «la etapa nómada de la guerrilla».

Segunda etapa: Expansión, consolidación de la guerrilla y guerra estratégica (mayo 1957-diciembre).

Posterior al combate del Uvero, acción que determinó según el Che la mayoría de edad de la guerrilla, el territorio rebelde se consolidó y comenzó a producirse un fenómeno que el Che denominó «vestir de yarey a la guerrilla». Los campesinos serranos comenzaron a incorporarse masivamente a sus filas, lo cual le dio una base fundamental, tanto en la fuerza de combatientes como el dominio del territorio y su abastecimiento, además se integraban otros combatientes procedentes de zonas urbanas por medio de la organización en las ciudades. 

El grupo guerrillero adoptó otra estructura que le permitió abarcar un territorio mayor. El Primer Frente rebelde José Martí quedó entonces como zona de operaciones de la columna madre, bajo el mando del Comandante en Jefe Fidel Castro. De esta se desprendió la Columna 4 creada el 19 de julio de 1957, al mando del capitán Ernesto Guevara, ascendido posteriormente a comandante con la misión de operar al este de Pico Turquino.

Durante el segundo semestre del año 1957 y después del primer combate de Pino del Agua, el 17 de septiembre, el ejército de la dictadura se vio obligado a realizar cambios en su cadena de mando en la zona de maniobras, sin lugar a dudas inconforme con el desempeño de los oficiales con mayores responsabilidades. 

El año 1958 sería decisivo para el desenlace de la situación en Cuba. En sus inicios, el Ejército Rebelde continuó ampliando su zona de operaciones. El 16 de febrero de 1958, las dos columnas guerrilleras desarrollan el segundo combate de Pino de Agua (conocido como Pino del Agua II), bajo la dirección personal de Fidel, se le ocasionaron grandes bajas al enemigo y se ocupó un importante número de armas y pertrechos necesarios para la extensión de la guerra a otros frentes. Este combate tuvo gran repercusión porque se produjo en el momento en que el gobierno había levantado la censura de prensa. 

En los primeros días de marzo de 1958 partieron de La Mesa, en la Sierra Maestra, dos nuevas columnas rebeldes designadas con los números 6 y 3, al mando de dos nuevos comandantes, Raúl Castro Ruz y Juan Almeida Bosque. Uno llevaba la misión de crear el Segundo Frente Oriental Frank País (11 de marzo de 1958), y otro, el Tercer Frente Mario Muñoz Monroy, en las proximidades de Santiago de Cuba (5 de marzo de 1958). Anteriormente Camilo Cienfuegos había salido a operar en los llanos del Cauto. La guerra se expandía por el territorio oriental, se multiplicaban los frentes y quedaba demostrado así la capacidad de Fidel para descentralizar el mando sin perder la dirección estratégica. 

Como estrategia de apoyo y para dar cobertura a las nuevas columnas que se desplazaban a los territorios asignados, se realizaron varias acciones combativas: bajo la dirección de Fidel el 6 de marzo se atacó el cuartel del central Estrada Palma. Le siguieron los combates de San ramón y El Pozón, junto a otros realizados por los dos frentes recién creados, en apoyo a la Huelga del 9 de Abril.

Un hecho trascendente para la divulgación y propaganda y para agilizar las comunicaciones fue la inauguración de Radio Rebelde el 24 de febrero, radicada inicialmente en la Comandancia del Che y después en la Comandancia General en la Sierra Maestra. Por medio de las ondas de Radio Rebelde se transmitían los partes de la situación bélica, divulgaban noticias, aspectos del programa revolucionario y se denunciaban los crímenes del régimen, así como el apoyo militar de Estados Unidos a Batista y su responsabilidad en los bombardeos indiscriminados a la población civil campesina. De igual manera en este período Fidel dedicó gran parte de su tiempo a la atención de la prensa nacional e internacional. En La Victoria estratégica se recoge así: «Durante los meses de febrero y marzo de 1958, me vi en la necesidad de dedicar atención a un flujo creciente de periodistas, tanto cubanos como extranjeros, llegados a la Sierra. Nuestra lucha en las montañas de Oriente ya era motivo de interés en el mundo […]».

La dirección del 26 de Julio convocó a la huelga general el 9 de abril de 1958. Ese día se declararon huelgas en varios lugares del país, al tiempo que se realizaban acciones armadas y de otro carácter como parte del plan. La represión fue brutal. La huelga no logró su objetivo, las condiciones no estaban aún maduras para la acción final; evidentemente fue sobrevalorada la maduración de la situación revolucionaria, además hubo deficiencias en la organización. 

Para analizar lo concerniente a la huelga, sus resultados y los pasos inmediatos a dar, Fidel Castro convocó una reunión de la Dirección Nacional del MR-26-7 en la Sierra Maestra que se llevó a efecto el 3 de mayo de 1958, en Altos de Mompié.

De la misma salió el acuerdo de unificar la dirección política y militar en la persona en Fidel, como Comandante en Jefe, tanto del Ejército Rebelde como de las milicias del llano, además de ser Secretario General del Movimiento 26 de julio; quedó definido la concepción que ubicaba en la Sierra la dirección política y militar y reconocía en el Ejército Rebelde el factor fundamental en la lucha. Además, se definió la línea de acción para resistir y derrotar la ofensiva que preparaba el ejército de la tiranía contra el Primer Frente José Martí. En La Victoria Estratégica, Fidel lo definió de la manera siguiente:

«El objetivo estratégico seguía siendo la defensa organizada de nuestro territorio base del primer frente y de las principales instalaciones creadas en la zona […]. La propia dinámica de nuestra férrea resistencia, escalonada en torno al núcleo central de ese territorio, iría provocando, por una parte, el desgaste del enemigo y la pérdida de su iniciativa ofensiva y, por otra, la concentración de nuestras fuerzas, con lo cual se crearían las condiciones que nos permitirían, después de un lapso —que de manera muy tentativa calculábamos de tres meses—, lanzarnos a la contraofensiva y derrotar, capturar o expulsar al enemigo de la montaña».

En este empeño Fidel concentró todo su esfuerzo en prepararse para la eventual ofensiva: acopiar la mayor cantidad posible de parque y otros recursos bélicos; establecer el control estricto de cuantas armas y cuantas balas fuesen ocupadas; la preparación adecuada del terreno en que se desarrollaría la defensa en la primera fase de la ofensiva. De ahí las acciones en la construcción de trincheras, refugios y túneles; instalación de una red de teléfonos entre puntos clave del territorio rebelde. Hasta el momento, la comunicación había sido exclusivamente mediante mensajeros y la creación de una base alimentaria lo más autosuficiente posible para el caso de un bloqueo efectivo y prolongado de la montaña. Insistía constantemente en varios aspectos:  la Sierra debe ser conocida «como la palma de nuestras manos», para lograr los objetivos previsto era imprescindible la disciplina y la necesidad de ahorrar pertrechos y balas.

Como se había previsto, el 25 de mayo el ejército de Batista inició su gran ofensiva de verano, con la asesoría de la misión militar norteamericana, en lo que se llamó (Plan FF).  Esta ofensiva se concentraba en la Sierra Maestra a la que se destinaron casi 10 000 efectivos, aviación, artillería, tanques y la Marina. 

Los rebeldes por su parte, contaban con 220 hombres en el Primer Frente, por lo que Fidel determinó el reagrupamiento de algunas columnas y combatientes de los que operaban en otras zonas, hasta llegar finalmente a 300. El Comandante en Jefe desplegó entonces una de sus más brillantes concepciones estratégicas: El Ejército Rebelde cambió la guerra de guerrillas y adoptó la guerra de posiciones y movimientos (defensa escalonada), sorprendió al enemigo.

En el rechazo a la ofensiva tuvieron lugar más de cien acciones combativas bajo la dirección de Fidel, dentro de las cuales se destacan:

-La batalla de El Jigüe, que duró del 11 al 21 de julio, dirigida personalmente por Fidel, y en la que fue capturado un batallón completo del enemigo. Lo cercó, interceptó sus refuerzos, empleó guerra psicológica —altoparlantes, mensajes— y finalmente pactó una rendición decorosa.

Su carta al comandante José Quevedo, jefe del batallón sitiado y antiguo compañero universitario, es modelo de estrategia combinada con humanismo:

“Si no fuera usted el caballero que es, el hombre humano y decente que con tanta bondad ha tratado a los ciudadanos dondequiera que ha estado... no me dolería que pereciera usted de hambre y metralla con todos sus soldados.”

-Las dos batallas de Santo Domingo del 27 al 29 de junio y del 25 al 28 de julio respectivamente.

-Las de Las Mercedes, la que abre la resistencia el 25 de mayo de 1958 y luego la que duró del 31 de julio al 6 de agosto, que significó la derrota total de la ofensiva de verano lanzada por Batista con 14 batallones y 7 compañías independientes. 

Fidel lo describe así en La Victoria Estratégica: «El Ejército Rebelde después de 76 días de incesante batallar en el Frente número Uno de la Sierra Maestra, rechazó y destruyó virtualmente a la flor y nata de las fuerzas de la Tiranía, ocasionándole uno de los mayores desastres que pueda haber sufrido un ejército moderno».  

A partir de agosto de 1958, las fuerzas revolucionarias y, en particular el Ejército Rebelde, asumieron la iniciativa en los acontecimientos. Las seis provincias tenían frentes guerrilleros o columnas que actuaban en las zonas rurales combatiendo contra el ejército de la tiranía. 

La ofensiva final del Ejército Rebelde (Contraofensiva), tuvo como líneas esenciales: la preparación de la batalla por Santiago de Cuba y la salida de la Columna No. 8 Ciro Redondo, comandada por el Che, con destino a Las Villas y de la Columna No. 2 Antonio Maceo, al mando de Camilo Cienfuegos, para llegar a Pinar del Río. Se reeditaba la invasión a Occidente realizada durante nuestra última guerra de independencia. 

Por su parte, Radio Rebelde era el medio de intercomunicación entre las fuerzas insurreccionales y ampliaba su capacidad de trasmisión con la Cadena de la Libertad, que llegaba a Cuba y al exterior con base en Caracas, Venezuela, donde operaba una de sus estaciones, además de emisoras de Colombia y Ecuador. 

El Ejército Rebelde desató su ofensiva final y adoptó medidas de orden gubernamental en el territorio liberado en Oriente. El 7 de septiembre, Fidel crea la Administración Civil del Territorio Libre (ACTL), encargada de «garantizar los suministros, fijar los precios, perseguir los delitos, asegurar la educación y la atención médica; así como, dictar todas las disposiciones necesarias para regular la convivencia normal de la población campesina».

El 10 de octubre, en un acto de profundo significado histórico, Fidel y Humberto Sorí Marín, auditor general del Primer Frente, firman la Ley 3 del Ejército Rebelde, sobre el derecho de los campesinos a la tierra. Esta ley no era una promesa para después del triunfo, sino un compromiso inmediato.

La Operación Santiago comenzó con la batalla de Guisa del 20 al 30 de noviembre dirigida por Fidel; uno de los episodios más brillantes de la guerra. El parte militar, redactado el 1° de diciembre, describe una operación compleja de diez días, donde se combinaron emboscadas, minas, guerra de posiciones y el uso audaz de un tanque capturado. El balance final fue impresionante: un tanque T-17 capturado, 94 armas largas, dos morteros 60, un mortero 81, una bazuca, siete ametralladoras trípode, 55 mil balas y más de 200 bajas enemigas. Las pérdidas rebeldes fueron ocho muertos y siete heridos. Demostró la madurez táctica del Ejército Rebelde y su capacidad para enfrentar y derrotar a fuerzas muy superiores en potencia de fuego. Como resume Fidel: «Fue una lucha de hombres contra aviones, tanques y artillería».

El Ejército Rebelde estaba en condiciones de iniciar la batalla de Santiago de Cuba. A esas alturas, la dirección del MR-26-7 encaminó sus pasos a organizar el Gobierno Revolucionario, para lo cual se reunió en La Rinconada, el 18 de diciembre con la presencia de la Dirección Nacional, los comandantes Raúl Castro y Juan Almeida, los coordinadores provinciales y dirigentes del Movimiento de Resistencia Cívica. Allí Fidel analizó la alentadora situación de la guerra y las acciones para los días siguientes.

Ante el inminente triunfo del Ejército Rebelde, hubo intentos desesperados por impedirlo. El general Eulogio Cantillo, Jefe de Operaciones del ejército de Batista en Oriente, se entrevistó con el Comandante en Jefe el 28 de diciembre y comprometió la incorporación de sus fuerzas el 31 de diciembre para una acción conjunta hacia Occidente. Fidel estableció sus condiciones: no huida de Batista, no golpe de Estado en la capital, no participación de la embajada de Estados Unidos. Incumpliendo el compromiso, Cantillo volvió a La Habana e hizo todo lo contrario de lo pactado, lo que facilitó la huida de Batista.  

Fidel planteó avanzar hacia Santiago de Cuba y exigir la rendición total. El descalabro militar inminente hizo que Batista huyera de Cuba en la madrugada del 1ro. de enero de 1959, mientras Cantillo formó una junta cívico-militar. Desde Palma Soriano, Fidel emitió sus «Instrucciones a todos los comandantes del Ejército Rebelde y al Pueblo» en las que rechazaba el golpe y ordenaba continuar las hostilidades, llamaba al pueblo a prepararse para una huelga general y estar alertas, siguiendo las orientaciones de Radio Rebelde. Las Instrucciones, divulgadas por esa emisora, afirmaban: «¡Revolución SÍ; golpe militar NO!».

A continuación, Fidel se dirigió al pueblo de Santiago de Cuba para indicar la paralización de la ciudad desde las 3:00 am. Al mismo tiempo, cursaba las órdenes militares a los mandos en Camagüey y Las Villas para el avance sobre las poblaciones. Ordenó a Camilo y Che marchar hacia la capital de inmediato, donde el primero debía asumir el mando de Columbia y el segundo de La Cabaña.  

El pueblo se lanzó a las calles a celebrar el triunfo. Las milicias del MR-26-7 inmediatamente se movilizaron para cuidar el orden y asumir los mandos en las distintas instancias de ciudades y pueblos. El 2 de enero se inició la huelga general, que fue propiamente una huelga nacional. Camilo Cienfuegos asumía el mando en Columbia y el Che en La Cabaña, mientras Fidel Castro marchaba hacia la capital, aclamado en pueblos y ciudades a lo largo del camino, en lo que se denominó Caravana de la Libertad.

La ética como estrategia

Uno de los aspectos más sorprendentes del mando de Fidel es su dimensión ética. En un contexto de guerra brutal, establece normas que no solo son moralmente superiores, sino estratégicamente inteligentes. «La ética no es una simple cuestión moral, es que la ética rinde frutos», afirmó en Cien horas con Fidel.

El trato al prisionero: Trató dignamente a los prisioneros fueran soldados u oficiales, les brindó asistencia médica, alimentos y luego fueron entregados a la Cruz Roja. 

El 18 de agosto, Fidel dedica un extenso mensaje radial a explicar esta política ante el pueblo de Cuba y América Latina.  Lo más significativo es la explicación de por qué se devuelve a los prisioneros: «En la guerra hay que tener una política con el adversario, como hay que tener una política con la población civil. La guerra no es una mera cuestión de fusiles, de balas, de cañones y de aviones». Y enumera seis razones fundamentales:

1.«Porque solo los cobardes y los esbirros asesinan un adversario cuando se ha rendido».
2.«Porque el Ejército Rebelde no puede incurrir en las mismas prácticas que la tiranía».
3.«Porque la dictadura quería que los rebeldes mataran prisioneros para solidarizar al soldado con el régimen».
4.«Porque en una guerra civil, la crueldad es especialmente estúpida».
5.«Porque hay que dar ejemplo a las generaciones venideras».
6.«Porque hay que sembrar la semilla de la confraternidad futura».

La austeridad: Fidel compartió las penurias de sus hombres. En los momentos más duros de la ofensiva, cuando las fuerzas de Cuevas pierden sus mochilas en La Caridad y duermen sin abrigo en el frío de la montaña, Fidel está también allí, compartiendo las mismas carencias.

La lealtad: La frase «Yo no te abandono», dicha al Che en México, se convirtió en un principio durante toda la guerra. Esa lealtad creó un vínculo indestructible entre el jefe y la tropa, impregnando en sus combatientes y en sus adversarios una lección estratégica: La ética no es un adorno, es un arma. El trato digno al prisionero, la austeridad compartida, la lealtad incondicional, construyen una moral de combate que ninguna superioridad material puede quebrar.

La Unidad de todas las fuerzas revolucionarias como estrategia para la victoria

A Fidel corresponde el mérito histórico de lograr una estrategia política coherente en la construcción del proceso unitario de la Revolución Cubana. Entendió que la unidad no era una concesión táctica, sino una necesidad estratégica. 

Desde antes del asalto al cuartel Moncada tuvo claridad, que el  eslabón fundamental y decisivo que permitiría asir toda la cadena y de esa manera hacer avanzar a la Revolución en la lucha contra este régimen de oprobio imperante, era el derrocamiento de la dictadura de Fulgencio Batista y para eso contó no solo con los sectores  revolucionarios de su concepto de pueblo sino con  los sectores reformistas y, aún aquellos sectores reaccionarios que tuvieran la más mínima contradicción con el tirano, incluyendo también a los miembros del ejército de la tiranía.

En este sentido en el período de la lucha insurreccional y como máximo dirigente del Movimiento 26 de Julio firmó y autorizó la firma de pactos y alianzas con diferentes fuerzas: Pacto de México (agosto, 1956), Manifiesto de la Sierra (febrero,1957), reunión de Altos de Mompié (mayo, 1958), Pacto de Caracas (julio, 1958), Pacto del Pedrero (diciembre, 1958).

Con el triunfo del 1° de enero de 1959, fiel a la ética y el pensamiento unitario de Martí, dedicó todos sus esfuerzos en crear una conciencia unitaria y participativa del pueblo en las tareas de la Revolución y en su defensa armada. Ese proceso unitario tuvo un punto culminante el día 3 de octubre de 1965, cuando el PURSC adoptó el nombre de Partido Comunista de Cuba y eligió a su primer Comité Central, encabezado también por Fidel Castro y Raúl Castro como primer y segundo Secretarios. Se creó el Buró Político y se fundó el periódico Granma.

Conclusiones

Al evaluar este recorrido por el accionar de Fidel en el período de la lucha insurreccional (1956-1958) podemos extraer las lecciones siguientes:

Capacidad de aprendizaje y adaptación: Su estrategia no fue un dogma sino fue flexible, permanentemente ajustada a las condiciones concretas, cuando las circunstancias cambiaban, él cambiaba con ellas. Cada revés, cada error, cada pérdida fueron meticulosamente analizados y convertidos en enseñanzas. Así, pasó del desastre de Alegría de Pío a la guerra de guerrillas; de la guerrilla nómada a la creación de zonas liberadas; de la concentración de fuerzas a la creación de columnas; de la guerra irregular a la guerra de posiciones; de la lucha armada a la construcción institucional.

Comprensión integral de la guerra: En ningún momento concibió la lucha armada como un hecho puramente militar. Para él, la guerra era instrumento político, social, económico y psicológico o sea la prolongación de la acción política por otros medios. Por eso, simultáneamente al combate, desarrollaba un programa político, organizaba al campesinado, establecía alianzas, comunicaba sus ideas. Sus manifiestos, cartas y discursos en la Sierra no son apéndices de la acción militar; son parte central de la estrategia.

Primacía de los principios sobre las circunstancias: Fidel nunca negoció los objetivos fundamentales de la Revolución. Rechazó el Pacto de Miami, denunció la componenda de Cantillo, enfrentó la mediación norteamericana. Esta firmeza, lejos de debilitarlo, fortaleció su liderazgo y consolidó la confianza del pueblo en la dirección revolucionaria.

Fe en el pueblo como factor estratégico fundamental: Fidel no veía a las masas como instrumento de la revolución, sino como sujeto de ella. Comprendió desde el primer momento que sin el apoyo del campesinado la guerrilla no podría sobrevivir, y dedicó inmensos esfuerzos a lograr ese apoyo. La guerrilla se hizo pueblo, y el pueblo se hizo guerrilla. El estratega no es aquel que sabe mandar, sino aquel que sabe escuchar, interpretar y organizar las aspiraciones populares.

Fe inquebrantable en la victoria: La confianza en el triunfo no es un consuelo psicológico, sino una condición objetiva de la victoria. Quien no cree en la posibilidad de triunfar ya está derrotado. En ningún momento dudó de la victoria, incluso en los momentos más sombríos y decisivos y esa convicción la transmitió a los jefes y a los combatientes, manteniéndolos en pie cuando todo parecía perdido.
La ética, como componente esencial de su estrategia política y militar: El trato digno a los prisioneros, la austeridad compartida, la lealtad incondicional a los combatientes, la confianza en los jefes subordinados y la honestidad, no fueron adornos sino armas que fortalecieron la moral de combate de manera tal que ninguna superioridad material la pudo quebrar. De igual manera desarmaron a la propaganda enemiga. 

La unidad es una necesidad estratégica, es condición para la victoria: Dividir a las fuerzas revolucionarias es el objetivo principal del enemigo; por tanto, unir debe ser el objetivo principal del estratega. 

Conocimiento de la historia: Fidel actuaba con la convicción de que la revolución cubana era parte de un proceso histórico más amplio, que se inscribía en la tradición de las luchas independentistas del siglo XIX y anticipaba las revoluciones del futuro en América Latina.

Fidel no solo ganó la guerra sino fundó un método; Su ejemplo inspiró a generaciones de revolucionarios en América Latina, África y Asia, que encontraron en la Sierra Maestra no solo una epopeya, sino un arsenal de enseñanzas estratégicas.

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BIBLIOGRAFÍA

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Otras fuentes

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