El discurso y la práctica de la gestión patrimonial de Fidel Castro Ruz, resulta clave para analizar la protección del patrimonio cultural de la nación cubana. El líder cubano promovió muchas instituciones culturales para fortalecer la identidad nacional y la soberanía cultural.
A temprana edad el niño que en futuro se convertiría en líder de la Revolución Cubana sintetizó la realidad material del patrimonio como un símbolo identitario. Fidel con tan solo 12 años escribe una carta al presidente de los Estados Unidos Franklin D. Roosevelt donde se revela un interés por los objetos numismáticos. En su etapa estudiantil llevó a cabo el rescate de la campana de la Demajagua que había arribado por tren a La Habana el 3 de noviembre de 1947, sus fotos con la campana se publicaron en la prensa; así como su discurso público frente a la escalinata universitaria. En aquel contexto, el joven estudiante demostró que el patrimonio es un arma de identidad al cual estaba dispuesto a proteger y defender.

Fidel con la campana de La Demajagua. A la izquierda, el primero de noviembre de 1947. A la derecha observa la reliquia en la Clausura del V Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas, 5 de abril de 1987.
Cuando Fidel alcanza una posición de liderazgo, su personalidad se define por su pragmatismo visionario, con el triunfo de la Revolución el enfoque era: el patrimonio no debía ser privilegio de una élite, sino derechos del pueblo. Esta convicción logró abrir un largo proceso de democratización de la cultura que traería consigo la creación de instituciones y un marco jurídico.
A favor del fomento de la cultura y el patrimonio cultural de la nación, resulta interesante alegar la voluntad política del gobierno revolucionario que se materializan en las primeras leyes promulgadas como la Ley No1 Ley de Protección al Patrimonio Cultural y la Ley No 2 Ley de los Monumentos Nacionales y Locales con sus respectivos decretos y encabezan una larga lista de leyes que posteriormente fueron emitidas con varios fines. Bajo su mandato se crearon las bases legales e institucionales para la protección del patrimonio cubano, impulsadas en gran medida por la colaboración de figuras claves como Marta Arjona e Eusebio Leal Spengler.
En su oratoria se evidencian ideas muy tempranas sobre la protección del patrimonio, las cuales posteriormente serían defendidas por la Convención Internacional para la salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial 2003 de la UNESCO donde declara que: «La oralidad es primordial para la construcción de los conocimientos de los pueblos, debido a que proporciona pilares en los que han de respaldarse para conocer los sucesos y acontecimientos que muchas veces han sido obviados de la documentación escrita».
El esclarecedor discurso de junio de 1961, «Palabras a los intelectuales», antecedente de lo que sería la política cultural de la revolución, Fidel resalta la idea de que «la cultura es lo primero que hay que salvar» y le concede importancia al rescate de la memoria histórica por medio de testimonios vivos, y para ello reconoce la transmisión oral como un pilar fundamental:
«En días recientes nosotros tuvimos la experiencia de encontrarnos con una anciana de 106 años que había acabado de aprender a leer y a escribir, y nosotros le propusimos que escribiera un libro. Había sido esclava, y nosotros queríamos saber cómo un esclavo vio el mundo cuando era esclavo, cuáles fueron sus impresiones de la vida de sus amos, de sus compañeros».

Discurso Palabras a los Intelectuales en junio de 1961.
«Creo que puede escribir una cosa tan interesante que ninguno de nosotros la podemos escribir. Y es posible que en un año se alfabetice y además en un año escriba un libro a los 106 años- ¡esas son las cosas de las revoluciones! - y se vuelva escritora y tengamos que traerla aquí a la próxima reunión. Y entonces Walterio tenga que admitirla como uno de los valores de la nacionalidad del siglo XIX».
«¿Quién puede escribir mejor que ella lo que vivió el esclavo? ¿Y quién puede escribir mejor que ustedes el presente? Y cuanta gente empezará a escribir en el futuro sin vivir esto, a distancia, recogiendo escritos».
La intervención propició la creación de importantes libros para la cultura cubana, entre ellos Biografía de un cimarrón del intelectual cubano Miguel Barnet, y donde se abordan temas importantes como la esclavitud y la vida en los barracones e ingenios, la abolición de la esclavitud y la Guerra de independencia cubana narrados a través Esteban Montejo un exesclavo de más de 100 años.
Refleja su sentimiento de identidad el filme «Mi hermano Fidel» dirigido por el cineasta cubano Santiago Álvarez en 1977. Este filme documenta el encuentro de Fidel con Salustiano Leyva, un anciano que en su niñez conoció a José Martí cuando desembarcó junto a Máximo Gómez y un pequeño grupo de patriotas por Playita de Cajobabo en Baracoa, el 11 de abril de 1895. El material incluye la tradición oral como ámbito central y el idioma como vehículo en este patrimonio. Se observa a Fidel interesado en la historia.
En su Discurso en conmemoración del XXIV aniversario del 26 de julio de 1977 «Año de la institucionalización», en la provincia de Camagüey, el Comandante en Jefe, habla al público de lo importante que resulta para las futuras generaciones la preservación del patrimonio inmueble de valor histórico, en este caso la casa natal de Ignacio Agramonte Loynaz. Defiende la idea de que los bienes patrimoniales valen por lo que son en sí mismos y por la información asociada a ellos, refuerza la identidad local de donde residen; sobre ello afirmó:
«Vean ustedes, por ejemplo, cuantas personas de las que visitan Camagüey se acercan para conocer la residencia donde nació y vivió Ignacio Agramonte. Eso es de gran valor histórico- cultural que enriquece el espíritu de la comunidad y del pueblo. Las futuras generaciones estarán eternamente agradecidas de que ustedes hayan conservado esa casa. Y estarán igualmente, eternamente agradecidos de la conservación de esos edificios que tienen más de 100 años y hasta más de 200 años».
«La Revolución, incluso, ha tratado de reproducir de nuevo esos famosos tinajones. Provenientes de la época en que no había acueductos, hoy constituyen prácticamente un elemento estético, una característica de esta región, y siempre falta uno que otro tinajón para sustituir alguno que se haya roto, o para un restaurante, o para cualquier centro de recreación, o para cualquier construcción que imite el estilo antiguo».

Discurso en conmemoración del XXIV aniversario del 26 de julio.
En el Discurso Clausura del V Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas, en abril de 1987, la campana de la Demajagua estuvo presente en el acto y Fidel ante la juventud, evoca acontecimientos del pasado y al rescate del bien patrimonial en su etapa estudiantil. En su discurso describe el valor simbólico e histórico de la reliquia:
«Confieso que ha sido una enorme sorpresa y una indescriptible emoción ver llegar aquí esta campana de la Demajagua que nos hizo recordar en breves segundos una larga historia de lucha, y sobre todo, aquel episodio que, en una ocasión precisamente para tratar de reivindicar los sentimientos patrióticos y el espíritu de justicia de los que iniciaron nuestra lucha por la independencia, dio lugar a una gestión ante los veteranos de la independencia en Manzanillo, para que prestaran a los estudiantes universitarios la campana en ocasión de un movimiento de protesta contra un gobierno claudicante y corrompido».
La artista de la plástica Marta Arjona directora del Consejo Nacional de Cultura y artífice en la protección del patrimonio cultural de la nación cubana, en el libro «Los museos en Cuba» expresó: «Estos museos son la materialización de una iniciativa de nuestro Comandante en jefe Fidel Castro Ruz, para lo cual orientó se destinar a la donación realizada por Alejo Carpentier del importe del Premio Miguel de Cervantes y Saavedra, otorgado al gran escritor cubano en 1978».
De igual forma en sus palabras Eusebio Leal Spengler Historiador de la Ciudad de La Habana exalta la labor gestora Fidel Castro Ruz para con el patrimonio cultural, su testimonio quedó recogido en el Libro «Más allá de la leyenda, basado en el filme de Estela Bravo, Fidel la historia no contada»:
«Pienso que si tenemos muchas cosas del patrimonio es en gran medida por el valor que él le da. Por ejemplo, cuando le he hecho una consulta sobre algo que querían vender o algo que no veían su valía con suficiente claridad, su respuesta ha sido tajante. Tengo alguna nota de él que dice: “Que esto no se venda bajo ningún concepto o por ningún precio”».
Con el triunfo de la Revolución, los cambios sociales propiciaron el florecimiento de una nueva museología en Cuba, se incrementaron los museos. Dentro del ámbito cultural, pasaron a ser prioridad el rescate, la conservación de los valores históricos, artísticos, arquitectónicos y documentales de los bienes con valor patrimonial. Variados son los bienes documentales, anécdotas y acciones que testimonian su devoción por la defensa del patrimonio en el empeño de conseguir una óptima conservación de los bienes patrimoniales y un uso social adecuado para estos bienes. Fidel promovió muchas instituciones culturales para fortalecer la identidad nacional y la soberanía cultural, tenía la costumbre de dejar en cada lugar patrimonial al que visitaba una nota como referencia de su admiración y respeto por todo lo que se atesoraba en cada institución.