«El país se paralizó de un extremo a otro y las estaciones radiales se enlazaron con Radio Rebelde trasmitiendo las instrucciones del mando revolucionario. Fue un contragolpe demoledor con el que respondimos a la desesperada maniobra del enemigo para impedir nuestro triunfo».
El 31 de diciembre de 1958 fue la última jornada de un año caótico para la dictadura. El día previo, varias emisoras y diarios del país vinculados con el Gobierno anunciaban la derrota de las fuerzas rebeldes en Las Villas y su retirada en estampida hacia Oriente. Acompañado de esta noticia, algunas emisoras informaban que el «Señor Presidente» asumiría el mando de las operaciones militares para el exterminio total del Ejército Rebelde.
Semejantes mentiras no eran más que un show propagandístico y una estratagema política desde el poder para atenuar el daño que sufriría la ya deteriorada imagen de Batista ante su inminente huida, así como para justificar su ausencia del teatro de operaciones, pues no se quería dar la imagen de «que Batista se iba como fugitivo, sino que la junta lo obligaba a irse».
Esto lo confirma la entrevista sostenida en la mañana del 25 de diciembre entre el embajador de los Estados Unidos Earl Smith y el primer ministro Gonzalo Güell, quien le trasladó la decisión final de Fulgencio Batista: abandonaría inmediatamente el país, entregaría el Gobierno al presidente electo –en las amañadas elecciones del 3 de noviembre de 1958– Andrés Rivero Agüero y se conformaría una Junta Cívico-Militar. A cambio solicitaba que Estados Unidos levantara el embargo de armas y reconociera dicha Junta.
Una evidencia más de que el imperialismo le había retirado su respaldo al dictador es el cable diplomático enviado por el Departamento de Estado a su embajada en La Habana en la noche del 31 de diciembre, en el que reiteraba su posición de una solución a la situación de Cuba sin contar con Batista, ni con Fidel Castro.
«El Departamento de Estado ha observado con creciente preocupación el estable deterioro de la posición política y militar del gobierno de Batista y contempla con los más serios recelos cualquier posibilidad de una guerra civil (…) y el resurgimiento de la fortaleza comunista allí».
La situación política había llegado a tal nivel de deterioro que evidentemente el gobierno de Estados Unidos ya no confiaba en las soluciones propuestas por Batista. Después de múltiples advertencias estas habían llegado demasiado tarde. Horas después, «el hombre fuerte en Cuba» abandonaba el país.
La primicia le correspondió a Radio Progreso e inmediatamente se difundió en todo el país y el continente.
En el otro extremo de la Isla, nadie podía imaginar lo que ocurría en la capital. El jefe de la Revolución había pasado la noche en la casa de Ramón Ruiz, jefe de máquinas del Central América, en Palma Soriano. Ajeno a lo ocurrido horas antes, se despertó en la mañana del nuevo año malhumorado, los tiros al aire a modo de celebración de los soldados rebeldes así lo justificaban: «Una celebración más y me quedo sin parque».
En horas de la mañana, cuando se disponía a desayunar, le informan de la noticia que transmite Radio Progreso, que minutos después verifica por una emisora norteamericana. Para Fidel es un momento de preocupación; ha confirmado la traición de Eulogio Cantillo, quien pretende escamotear el triunfo revolucionario liderando una «Junta Cívico-Militar» y asumiendo el mando del Ejército.
Las horas que suceden son decisivas para evitar que se frustre el triunfo revolucionario; «Ante la nueva situación de peligro, [ y con] un golpe de Estado en la capital» el liderazgo que Fidel y el apoyo del pueblo fueron determinantes para conjurar el plan contrarrevolucionario. A través de las ondas de Radio Rebelde denunció ante la nación el plan golpista y llamó al pueblo y las fuerzas del Ejército Rebelde a desconocerlo, orientó a los comandantes de las columnas invasoras Camilo Cienfuegos y Ernesto Guevara avanzar hacia La Habana para tomar el control militar de Columbia y la Cabaña respectivamente, principales plazas del ejército en la ciudad. Igualmente orientó a todas las fuerzas Rebeldes no aceptar el alto al fuego salvo rendición incondicional del enemigo, así como al llamamiento al pueblo para sumarse a la Huelga General en todo el país.
Décadas después, al recordar estos hechos, el Comandante en Jefe destacaba la importancia decisiva que significó el respaldo popular para conjurar los planes contrarrevolucionarios:
«El país se paralizó de un extremo a otro y las estaciones radiales se enlazaron con Radio Rebelde trasmitiendo las instrucciones del mando revolucionario. Fue un contragolpe demoledor con el que respondimos a la desesperada maniobra del enemigo para impedir nuestro triunfo».
Finalmente, el 1 de enero de 1959 el Ejército Rebelde entraba victorioso a la ciudad de Santiago de Cuba y desde el balcón del Ayuntamiento en el parque Carlos Manuel de Céspedes el Comandante Fidel Castro Ruz proclamaba el triunfo de la Revolución y reiteraba su denuncia contra la intentona golpista:
«El golpe de Columbia fue un golpe ambicioso y traidor que no merece otro calificativo, y nosotros sabemos llamar las cosas por su nombre y atenernos, además, a la responsabilidad (Aplausos).
No voy a andar con paños calientes para decirles que el general Cantillo nos traicionó y no es que lo voy a decir, sino que lo voy a probar.»
También destacó la importancia del acontecimiento histórico que estaba viviendo la nación y el papel del pueblo como protagonista principal de la victoria.
«Tengo la satisfacción de haber creído profundamente en el pueblo de Cuba y de haberles inculcado esa fe a mis compañeros. Esa fe, que más que una fe es una seguridad completa en todos nuestros hombres. Y esa misma fe que nosotros tenemos en ustedes es la fe que nosotros queremos que ustedes tengan en nosotros siempre (Aplausos).
La República no fue libre en el 95 y el sueño de los mambises se frustró a última hora. La Revolución no se realizó en el 33 y fue frustrada por los enemigos de ella. Esta vez la Revolución tiene al pueblo entero, tiene a todos los revolucionarios, tiene a los militares honorables. ¡Es tan grande y tan incontenible su fuerza, que esta vez el triunfo está asegurado!»
Una nueva etapa se iniciaba para Cuba con la llegada de la Revolución al poder. Nuevos peligros y amenazas le esperaban, pero era una Revolución que nacía luchando desde su primer día.