La mujer cubana

Vilma Espín y Celia Sánchez
La mujer cubana

Cuando este 8 de marzo celebramos el Día Internacional de la Mujer, no se puede dejar de pensar en los cientos de científicas, diplomáticas, periodistas, maestras, ingenieras, militares… que hoy disfrutan de sus profesiones y responsabilidades de conjunto con la crianza de los hijos, pero contando con el apoyo de toda la familia. 

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Centro Fidel Castro Ruz
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Cuando este 8 de marzo celebramos el Día Internacional de la Mujer, no se puede dejar de pensar en los cientos de científicas, diplomáticas, periodistas, maestras, ingenieras, militares… que hoy disfrutan de sus profesiones y responsabilidades de conjunto con la crianza de los hijos, pero contando con el apoyo de toda la familia. 

Tampoco se deja de pensar en las abuelas que nacieron a principios del siglo XX.  En especial de las guajiras, analfabetas y madres de numerosos hijos, pero extremadamente inteligentes, trabajadoras, conocedoras de los secretos del campo, de las plantas medicinales, de flores, de como sacar lo mejor de la tierra y hasta de tormentas y huracanes. Campesinas que sufrieron la discriminación de una época donde el patriarcado machista le reservó solo el derecho a ser madre y atender a la familia, a pesar de que tenían mucho que aportar. 

Existen varias películas cubanas que muestran con una gran sensibilidad la relación mujer-sociedad en diferentes momentos de la historia de nuestro país. Una mirada a filmes como Lucía, Retrato de Teresa y Hasta cierto punto nos permite entender los procesos históricos de nuestra nación desde la posición de la mujer y como fue esa ruptura con una sociedad arraigada en viejos valores tras la llegada de una Revolución que otorgaba a la mujer un papel central. 

Cuando Fidel en sus discursos habla de como tuvo que luchar hasta contra él mismo por los derechos de todos los cubanos, pero en especial el de las mujeres, explica que la educación que les daban en esa sociedad «que hacía de los niños y los hombres, machistas y discriminadores; en aquella sociedad de egosímo, porque le inculcaban al ser humano el egoísmo, el individualismo, las ambiciones».  

Decía Fidel que para comprender este mundo había tenido que recordar mucho aquel que vivió cuando empezó a tener uso de razón. «Por lo que veía, por lo que sentía, por lo que oía, y por la educación que les daban a los varones y por el trato que les daban a las muchachas». 

En su primera alocución al pueblo tras la victoria de la Revolución en 1959 en Santiago de Cuba da pautas de como la mujer sería incorporada con los mismos derechos a la defensa de nuestra soberanía. No se podía construir una nueva sociedad sin darle las mismas oportunidades y derechos. «Las mujeres son tan excelentes soldados como nuestros mejores soldados hombres». 

Y continúa explicando a aquella muchedumbre que había tenido que enfrentarse a prejuicios para hacer entender a sus compañeros de que las mujeres podían luchar con un fusil al igual que ellos. Y a pesar de las incomprensiones fundó el pelotón femenino bajo el nombre de Mariana Grajales. Desde ese primer momento había comenzado su tarea de crear conciencia en los hombres. Educaba a valerosos compañeros que por su educación no podían entender que una sociedad justa debía colocar a la mujer en el centro de sus preocupaciones. 

«Yo quería demostrar que las mujeres podían ser tan buenos soldados como los hombres … y que la mujer es un sector de nuestro país que necesita también ser redimido, porque es víctima de la descriminación en el trabajo y en otros muchos aspectos de la vida”. 

No era una tarea fácil. Había que luchar para desterrar la idea instaurada durante años de que el papel de la mujer era solo el cuidado de los hijos y la casa. Para solucionar el problema de la discriminación y la desigualdad había que propiciar, paralelamente la transformación de los patrones culturales de los hombres, de la sociedad en su conjunto y crear relaciones sociales diferentes, como bien explican Yolanda Ferrer Gómez y Carolina Aguilar Ayerra en sus palabras introductorias al libro Mujeres y Revolución.

Ambas autoras recuerdan, además, que fue necesario asumir y desarrollar la ardua tarea de romper arraigados esquemas mentales, derribar barreras sociales, culturales, psicológicas; abrir caminos y promover estilos nuevos de vida, diseñar políticas, crear mecanismos, instituciones. 

Y entre los primeros objetivos de Fidel estuvo la integración de las mujeres al trabajo porque consideraba importante lograr su emancipación económica. Pero también había que crear las condiciones materiales para eso. Y comienza entonces a construirse los círculos infantiles, escuelas primarias, internados, comedores escolares y obreros en todo el país porque a Fidel le interesaba que las mujeres tuvieran más apoyo del Estado para que pudieran realizar bien su trabajo; sin el temor de no tener donde dejar a los niños durante la jornada laboral. 

En 1966 Fidel explica majestuosamente este fenómeno de las mujeres como una Revolución dentro de la Revolución. «Y si a nosotros nos preguntaran qué es lo más revolucionario que está haciendo la Revolución, responderíamos que lo más revolucionario que está haciendo la Revolución es precisamente esto; es decir, la revolución que está teniendo lugar en las mujeres de nuestro país. Si nos preguntan cuáles son las cosas que más nos han enseñado en la Revolución, responderíamos que una de las lecciones más interesantes que los revolucionarios estamos recibiendo en la Revolución es la lección que nos están dando las mujeres». 

En su intervención ante la Asamblea Nacional del Poder Popular el 24 de febrero de 1998 reconoce «hoy en este país se respeta a la mujer, se siente hacia ellas todo el respeto al que son acreedoras, y más respeto si fuera posible”. 

¿Cómo fue posible este logro? Ferrer y Aguilar puntualizan en sus reflexiones que en Cuba la lucha por la igualdad de derechos y oportunidades fue una batalla que libraron juntos las mujeres y los hombres; y fue una tarea de toda la sociedad. Además, agregan que «nuestra historia confirma que jamás vimos este proceso como una lucha entre sexos, sino como un combate colectivo por la transformación más profunda de la sociedad humana». 

El papel jugado por la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) dirigidas por Vilma Espín fue vital. La organización de masas sirvió para unir, movilizar, elevar el nivel político, ideológico y cultural. La FMC a lo largo de estos años ha luchado en cada territorio del país por el adelanto de la mujer. También «por sus derechos, trazando estrategias y planes, educando, influyendo en toda la población, evaluando el camino, marcando pautas, exigiendo a organismos e instituciones que se cumpla la política trazada, actuando como conciencia crítica en el seno de la sociedad, exigiendo para hacer cumplir planes y programas para el logro de la igualdad de género». 

La experiencia cubana a lo largo de estos 67 años demostró que cada logro de la mujer cubana fue posible por la obra infinitamente humana de la Revolución y del papel de un hombre como Fidel que entendió desde un principio que la mujer sería una pieza clave en la nueva sociedad que se aspiraba bajo la máxima martina: «Y pongamos alrededor de la estrella, en la bandera nueva, esta fórmula del amor triunfante: Con todos y para el bien de todos». 

 

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