En apretada síntesis, el presidente cubano Miguel Mario Díaz Canel Bermúdez expuso durante la inauguración del evento, cuales son a su juicio los legados del Comandante en Jefe, que enseñanzas deja a los cubanos y en general, a la humanidad toda.
El coloquio organizado en Cuba, en ocasión del centenario del líder histórico de la Revolución Cubana Fidel Castro Ruz, rebasó con creces las expectativas que tenían sus promotores.
El propio nombre del evento «Fidel: legado y futuro» muestra inequívocamente el alcance estratégico de lo allí debatido, de sus aportes desde una perspectiva política, convertido de hecho en un congreso internacional, de plena solidaridad con esa Revolución que lidera Fidel, pero también, y no menos relevante, notables aportes de carácter científico, de la ciencia de la historia de Cuba y la impronta del Comandante en Jefe en ella.
Inmerso en ese esfuerzo, vale resaltar el aporte de este tipo, científico, que dejó la intervención inaugural del presidente cubano, Miguel Mario Díaz Canel Bermúdez, en una suerte de conferencia magistral, aunque su autor, a partir de su proverbial modestia, solicitó que no fuera catalogada de esa forma.
Sin embargo, la intervención de Díaz Canel Bermúdez, constituye un aporte desde esa mirada escudriñadora de la historia, que bien puede servir de plan de estudio, de guía metodológica y en rigor, de punto de partida, para profundizar en el pensamiento, del líder de la Revolución Cubana.
En apretada síntesis, el presidente cubano expone cuales son a su juicio los legados del Comandante en Jefe, que enseñanzas deja a los cubanos y en general, a la humanidad toda. Alude a los aportes al proceso revolucionario cubano de su líder histórico, dicho de otra forma, que es lo que no debe obviarse, si el investigador del pensamiento de Fidel pretende profundizar, encontrar que define su legado, y como, con asombrosa actualidad, estos conceptos bien pueden calificarse de sus principios políticos, con profundo contenido ideológico, filosófico.
El expositor comienza mostrando el contexto histórico, en que comenzó a desarrollarse el pensamiento y la acción de Fidel. Un país marcado por la injusticia social, absolutamente dominado por una potencia extranjera, y no cualquiera, sino EEUU, que inauguró la «era« de los imperialismos en el sistema capitalista, al culminar el siglo XIX, convirtiendo a la naciente republica cubana, en la primera neocolonia de la que se tenga registro.
Es probable que esa peculiar y nefasta condición, de ser Cuba una naciente republica/neocolonia, tardíamente por demás, si se compara con el resto de las naciones que José Martí denominó Nuestra America, explique en definitiva que, en su seno, surjan lideres que terminan siendo únicos y universales como lo es el Comandante en Jefe.
Una vez establecido el ámbito en que Fidel se convierte en Fidel, a secas, como siempre le llamó su pueblo y cuanta gente supo de su existencia en otras geografías, Díaz Canel Bermúdez enumera concienzudamente, lo que considera el legado del líder histórico de la Revolución.
Aunque es difícil establecer cuál de los legados es el más relevante, dado que cada cual ocupa su propio y cimero lugar, puede decirse que aquel referido a la fuerza de las ideas, bajo la convicción martiana que un planteo justo, digno, no importa donde sea expresado, incluso en el fondo de una cueva, dice Martí, puede parar un ejército.
En rigor esa mirada, este legado referido a luchar a partir de ideas correctas, éticamente impecables, necesarias, resulta primordial para entender entre otras muchas cosas, la propia osadía de esta pequeña isla, convertida en gigante, al enfrentar exitosamente al imperio estadounidense.
«La certeza de que los sueños se conquistan defendiendo las ideas«, destaca el presidente cubano, está presente prácticamente en todo el quehacer de Fidel, cruza transversalmente el resto de su pensamiento.
De ahí se deriva el sentido de luchar por la mayor justicia social posible, que tempranamente el Comandante en Jefe denomina revolución socialista, como el único y verídico modelo de desarrollo, que garantice lo anterior. Fidel, observa Díaz Canel Bermúdez, concluye que solo con el socialismo se podrá salvar a la humanidad de los estragos multifacéticos que provoca el capitalismo.
En ese sentido, el expositor resalta el concepto de internacionalismo, visto como un deber para con otros pueblos, que luchan por ese noble y abarcador propósito, de la mayor justicia social posible. Señala Díaz Canel que ese principio es inseparable de la actitud de un revolucionario cubano, si este no se asume, la condición de revolucionario queda vacía, sin la necesaria plenitud.
También el Comandante en Jefe es un abanderado de la lucha por el respeto a la naturaleza, el escenario en que vive la especie humana, en peligro de extinción, dice Fidel, si se mantienen las practicas que degradan el medio ambiente, en rigor inherente a la explotación capitalista. En este punto, otra vez, el concepto de una idea justa, adquiere esa dimensión universal, que tanto reitera el expositor en su intervención inaugural.
Para Díaz Canel Bermúdez, no es posible pensar en un líder de la estatura de Fidel sin evocar su ética, con que se manejó toda su vida. Murió, como vivió, sin acumular riquezas, convirtiendo el sentido de la honradez en una suerte de credo inviolable. Bien vale la pena destacar esto último que reseña el expositor, como enseñanza permanente para cualquier persona que tenga responsabilidades de dirección. «Fidel predicó con el ejemplo» concluye Díaz Canel, dicho por él, se entiende el alcance de esa observación.
En este inventario de legados, esta lo que Díaz Canel Bermúdez denomina el de la audacia intelectual. Califica al líder histórico de lector incansable, capacitado tanto por esa práctica, hecha costumbre, como por su natural talento de conversador incansable, de dialogar y aprender, en un flujo de conocimiento de ida y vuelta, ya fuera con científicos, economistas, pedagogos, artistas, deportistas, así como campesinos y obreros, todos fuentes de nuevos y provechosos conocimientos.
Desde otro orden de cosas, no es posible pensar en Fidel sin su inalterable optimismo. Toda su vida esta repleta de acontecimientos, de desafíos en apariencia imposibles, que revelan ese optimismo, que destaca el expositor. Nunca fue un pesimista, afirma sin asomo de duda, tanto por la historia, como por muy probables evidencias personales que de seguro tuvo el actual presidente cubano, dada las numerosas ocasiones en que compartió momentos o problemas, con el Comandante en Jefe.
Otra herencia invaluable, que resalta Díaz Canel Bermúdez es lo que denomina el pensamiento y la práctica de la estrategia militar de Fidel; maestro como pocos en el tiempo que le tocó vivir, el ponente evoca la brillantes de Fidel como jefe guerrillero, como estratega de grandes y decisivos combates, a miles de kilómetros de distancia de donde estos ocurrían y cierra este aspecto resaltando la concepción cubanísima, como la Sierra Maestra, conocida como doctrina de la Guerra de todo el Pueblo, de plena y abarcadora vigencia en estos tiempos que corren.
Un aporte muy útil en la intervención del Presidente, se refiere a lo que llama el sistema de trabajo aplicado por Fidel, que visto en perspectiva, resulta una forma de organizarse cotidianamente, no importa el cargo que cualquiera ocupe.
Desde luego, a partir de las extraordinarias responsabilidades que la historia le impuso al Comandante en Jefe, siguió determinada praxis, que el ponente resalta: la prioridad de lo político, por caso, ninguna decisión económica, está por encima de lo anterior; la secuencia de lo táctico y lo estratégico, sin lo primero no se puede apreciar lo segundo, pero este, lo estratégico, marca la pauta definitiva, nunca al revés.
En base al anterior concepto, Díaz Canel insiste que los principios no se modifican, que son el paradigma de lo estratégico. ¿Cuáles?: la soberanía, la lucha por la mayor justicia social posible, el antimperialismo, el internacionalismo y la solidaridad. Véase como una vez más, lo antes dicho, lo de la idea justa, está omnipresente en este listado de lo innegociable.
Díaz Canel Bermúdez no pasa por alto otros extraordinarios legados, que conforman el pensamiento del líder histórico, y que obviamente forman parte en estos momentos de la política de la Revolución. Tal los casos de la importancia que se le otorga a la movilización popular, en definitiva, sujeto protagonista de los cambios revolucionarios; de lo anterior se deriva también la necesidad de la disciplina y la participación que es considerada como frágil, si se impone desde arriba, mientras que si es asumida colectivamente, resulta indestructible, resalta el Presidente.
Articulado con los debates actuales, Díaz Canel Bermúdez destaca otro asunto medular, que conforma la peculiaridad que se hereda del pensamiento de Fidel. Señala: «Fidel comprendió, como pocos, la necesidad de articular la firmeza ideológica con la flexibilidad táctica. Él nos enseñó que el marxismo-leninismo no es una doctrina muerta; no es un catecismo, sino un método, una guía, un instrumento para resolver concretamente los problemas de la vida».
La intervención del mandatario cubano, en definitiva es una pieza oratoria de alto valor político, ideológico y también científico, como ya se indicó. Y en ese sentido, en sí mismo, constituye asumir otro legado del Comandante en Jefe, la necesidad de comunicar la obra y los propósitos de la Revolución. Sobran los ejemplos en que otros procesos revolucionarios, o de cambios, han fracasado cuando no han sabido o tenido en cuenta este principio/necesidad. Modestamente, este análisis persigue ese mandato.