Los privilegiados del tiempo de Fidel

Irma Cáceres Pérez, reconocida profesional de la prensa, estuvo entre las personas que acompañaron al líder cubano en diferentes recorridos en el exterior.
Los privilegiados del tiempo de Fidel

Cada 14 de marzo Cuba celebra el Día de la Prensa. En un día tan importante para los periodistas cubanos hemos seleccionado algunas anécdotas que aparecen recogidas en el libro Privilegiados del tiempo, recuerdos de periodistas de la radio y la televisión, donde se narran las innumerables experiencias que sus protagonistas vivieron durante las diferentes coberturas de prensa que realizaron junto a Fidel. 

 

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Una visita al Che 

Irma Cáceres Pérez, reconocida profesional de la prensa, estuvo entre las personas que acompañaron al líder cubano en diferentes recorridos en el exterior. En el libro Privilegiados del tiempo narra como en 2006, Fidel y Chávez de visita en Argentina para la Cumbre del Cono Sur, MERCOSUR, estuvieron en la casa museo donde viviera el Che varios años en su niñez. 

Pero, ¿cómo fue ese recorrido? La excelente cronista devela que ambos mandatarios recorrieron el lugar unas veces en silencio y otras con insistentes preguntas. «En varias ocasiones se acercaban para ver más de cerca los objetos, las piezas y en otras acariciaban con sus miradas los muebles, los libros, los cuadros, y tantos detalles… Otras veces las preguntas parecían ráfagas cuando inquirían a qué distancia estaba la escuela, cómo iban; así una y otra vez». 

«También aparece allí, el caso de una carta que escribiera Ernestito a causa de una bicicleta alemana regalada por sus padres pero que poco después se rompió».

Y, continúa la periodista, «fue así como en ese ambiente Fidel contempló, solo y con detenimiento, aquella carta enmarcada en un cuadro colgado en la pared». 

«Durante este encuentro muy pocas personas permanecieron con los dos mandatarios … solo los camarógrafos y dos periodistas sin hacer interrupciones, respetuosos de aquel especial momento, íntimo e histórico. …y Fidel seguía en silencio, concentrado, más alejado del grupo». 

«Unas veces pasaba su mano por la barba como siguiendo una idea. Silencioso y despacio se dirigió al pedestal donde reposaba el libro de visitantes y se detuvo. Después con un gesto puso el codo izquierdo en el pedestal y recostó su cabeza, con la mano derecha tomó el lapicero y cuando ya comenzaba a escribir, llegó Chávez y dice, pero Fidel no me esperaste, vamos a escribir juntos y así fue.»

Al salir un periodista venezolano se acercó y le preguntó a Fidel qué pensaba de la visita y dijo con esta exactitud: «Es como si le estuviera haciendo una visita al Che».  

Como bien hace notar Irma, esta visita fue doblemente simbólica como la vida misma del Comandante. Sería la primera a la casa de la infancia del Che, el reencuentro con la niñez de un amigo, pero también su último viaje al exterior y su camino a la inmortalidad. 

El humanismo de Fidel 

El libro es un hermoso regalo a las presentes generaciones, sobre todo a las que no lo conocieron. Las anécdotas de los periodistas y profesionales de los medios hablan del humanismo y la constante preocupación de Fidel por todos los que lo rodeaban. Es sin lugar a dudas, la historia de Aroldo García Fomdellida, periodista de la radio y corresponsal de la provincia de Holguín, de aquellas que te llegan a doler en lo más hondo, pero te devuelve la certeza de que Cuba da hombres increíbles.

Bajo el título El Fidel mío, Aroldo narra que el 23 de octubre de 2001, Fidel participaba en el acto de inauguración de la Escuela de Trabajadores Sociales Celia Sánchez en la ciudad de Holguín. En esa ocasión él se encontraba atravesando una delicada situación personal y familiar que le impidió estar entre los periodistas que cubrían el acto. 

Fidel preguntó por él a las autoridades de la provincia, quienes le comentan que se encontraba en La Habana donde a su hijita, de pocos meses de nacida, se le había detectado un cáncer y se luchaba por su vida. 

En la madrugada del 24 de octubre en La Habana, cuando el reloj marcaba las 5:30 am, a Aroldo que esperaba a que amaneciera completamente para dirigirse al hospital para saber de su hijita, le avisan que tiene una llamada que debe atender. 

Tras unos minutos de espera con el auricular levantado escucha una voz inconfundible que le explicaba que ya estaba al tanto de la situación y que dolorosamente había sido necesario recurrir a la última decisión posible. Es la misma voz quien le asegura que estuviera tranquilo porque se contaba con todos los recursos indispensables para el tratamiento. La misma que en medio del desespero de un padre también le transmite calma y la seguridad de que «tu hijita, va a vivir, tu hijita va a vivir». 

El Comandante con la frase de que dolorosamente fue necesario recurrir a la última decisión se refería, aclara Aroldo, de que los médicos habían tenido que extraerle, a su niña de menos de un año de nacida, completamente el globo ocular de su ojito izquierdo pues Cuba no tuvo la posibilidad de contar con placas de iodo, fabricadas en los Estados Unidos, «Ese es el bloqueo, esa es la criminal acción imperialista», enfatiza. 

Pero tal como Fidel se lo prometió aquella madrugada del 24 de octubre del 2001, su hijita vivió. Al tratamiento médico especializado, le siguió el psicológico y físico.  

Un batallador en las redes 

Angélica Paredes López, periodista de la radio cubana, asegura que Fidel la acompaña «en mis angustias y esperanzas, en las adversidades y en las conquistas; lo veo en la cotidianeidad, en el difícil camino de seguir construyendo el país».

 «Fidel está en mi ética y en mi palabra, o lo que es lo mismo, en el ejercicio de una profesión que me concedió el privilegio de estar cerca de él». 

Para esta profesional de los medios está claro que, en estos tiempos de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones, Fidel estuviera combatiendo «con su verdad… el odio y las mentiras en las redes sociales”.   

«A la prensa la llamó la artillería pesada de la Revolución y a la radio y la televisión les tuvo siempre una confianza especial. A los fundadores de Radio Rebelde, nacido en el corazón de la Sierra Maestra, pidió siempre que en los partes de la guerra jamás se pusiera una bala de más». 

Fueron muchas las ocasiones en las que la vida y su profesión la puso junto al Comandante. Ella misma afirma que se emociona «al recordarlo conversando con los pobladores del El Cobre, en su Santiago querido; o en el aeropuerto habanero despidiendo o recibiendo a quienes integramos el vuelo que trajo al diplomático Imperatori, de vuelta a la Patria; en su batallar por el regreso de Elián, el niño secuestrado al sur de la Florida». 

También lo recuerda «en sus viajes a la Venezuela amada en tiempos de ese otro Gigante llamado Hugo Chávez; o en sus giras por países de Asia y Medio Oriente… o en el Monumento de la Paz, en Hiroshima, en su homenaje a las víctimas del holocausto nuclear…»  

Las enseñanzas de Fidel 

Talía González Pérez, periodista de la televisión cubana, cuenta que en una tarde noche de diciembre del 2001 en Santiago de Cuba, se encontraba entre los presentadores del acto por el 45 aniversario del desembarco del Yate Granma. Casi al terminar uno de los organizadores del acto se acerca y le pide que anunciara que el Comandante en Jefe hablaría el día 2 de diciembre en la Plaza de la Revolución Antonio Maceo para dar una importante noticia al pueblo. 

Inmediatamente, el Comandante la manda a buscar y le pide que vuelva al micrófono y rectifique porque él iba a hablar al pueblo, pero no había una importante noticia. Talía puntualiza que subió y rectificó lo que había dicho momentos antes. 

Terminó la actividad y de nuevo Fidel la manda a buscar para agradecer por la rectificación. Y es cuando viene la enseñanza de Fidel: «La misma palabra puede tener connotaciones diferentes, y mucho más cuando estamos en una batalla, esperando tener noticias de los Cinco Héroes». 

Y, continúo, «además está aquí la prensa extranjera acreditada, pueden adelantar en sus despachos que vamos a dar alguna nueva noticia, cuando en realidad, no tenemos ningún elemento nuevo que informar al pueblo sobre ese tema». 

«Ese día también le agradecí su enseñanza, de su oratoria y de su especial cuidado para decir las expresiones adecuadas, sobre todo, en momentos complejos. Una palabra mal colocada puede cambiar el sentido de muchas cosas». 

Talía afirma que jamás olvidó su consejo final: «como periodista y comunicadora, no informes nada oficial que no te hayan dado por escrito. A veces en el camino, el mensajero puede modificar algo». 

Su sensibilidad 

De las numerosas historias y crónicas de los periodistas cubanos recogidas en el libro uno puede extraer múltiples enseñanzas, pero también nos acercan al hombre detrás del líder. Al ser maravilloso que fue Fidel. 

Bárbara Betancourt Abreu, periodista de la radio cubana y panelista del espacio Mesa Redonda, afirma que estar cerca del Comandante le permitió ser testigo de cómo era el trato que dispensaba a todos los que lo rodeaba; su sonrisa pícara al dar una palmada al muchacho que recién ingresaba al equipo que lo cuidaba. Y con las mujeres era extremadamente gentil. 

«Fue un decidido impulsor del empoderamiento de la mujer, pero jamás dejó de comportarse con nosotras como un genuino caballero, casi a la antigua, nada de preguntarnos la edad, ni hacer alusiones al sobrepeso de algunas y siempre atento y lisonjero». 

Bárbara también señala que a ella le sorprendía mucho ver como conocía los detalles más importantes de la vida los niños que participaban en las tribunas abiertas cuando la batalla por el regreso del niño Elián González. 

«Me sorprendió al ver que el Comandante conocía los detalles más importantes de la vida de cada uno de aquellos muchachitos, que, si una vivía con su abuelita, que aquel era hijo de divorciados y que el padre del más conversador era chófer de alquiler. Imagínese, ¡tantos asuntos de estado que atender y él atento a que si no le habían comprado unas hebillitas para las del cabello más largo o visto cómo resolver la vivienda que necesitaba el otro!… Solo una persona de sensibilidad sin límites haría algo similar». 

«Su sensibilidad es la base del internacionalismo que siempre preconizó y de los proyectos de colaboración que diseñó e implementó”.  
 
Gladys Rubio asegura que a Fidel se le veía feliz cuando asistía a un nuevo centro educativo o de salud. Se mantenía al tanto del desarrollo de la obra. Pero una obra, de tantas instituciones que soñó, fue sin lugar a dudas una escuela que acogiera a niños ciegos y débiles visuales. Cuenta la periodista de la televisión que Fidel recorrió las aulas, las áreas de juego, conversó con los maestros y felicitó a los constructores por la calidad del trabajo.
 
Pero, él como minucioso buscador de la perfección se percató durante el recorrido a la escuela de un extenso escalón de apenas tres centímetros de altura a la entrada de la escuela. 
«No estaba previsto, le explicaron, había sido una solución para lograr un plano horizontal en esa área». 

«Fidel fue al lugar, mostró el pequeñísimo escalón. Sin dudas resultaba un obstáculo para niños con deficiencias en la visión”. “Un detalle, un peligroso y diminuto detalle que por fortuna él detectó».  
Se preocupaba por los detalles, pero también de cómo se sentían los periodistas, de si habían descansado tras un largo viaje, de cómo le había quedado determinada declaración o entrevista, escuchaba con atención sus criterios y se preocupaba hasta si tenían las condiciones para realizar su trabajo. 

Deisy Gómez Esperón, del sistema informativo de la televisión cubana, detalla que en una ocasión en que se encontraban de visita oficial en la República Popular y Democrática de Corea, los llevaron a conocer el Palacio de Estudio del Pueblo; una biblioteca gigantesca que alcanza los treinta millones de libros. Llegado a un punto los periodistas no podían escuchar a la traductora que explicaba las características del lugar. 

En medio del desespero, rememora Deisy, Fidel que escuchaba atento a Kim II Sung y a su traductor, los mira de reojo y rápidamente de da cuenta de la situación y “entonces hizo lo que no podíamos imaginar. Comenzó a repetir en alta voz todo lo que decía el traductor, mientras en su cara, a intervalos, se reflejaba una leve y cómplice sonrisa”. 

Su curiosidad sin límites 

Estela Bravo, realizadora estadounidense, quien muchas veces estuvo cerca de Fidel, resaltó que, entre las características de Fidel desconocidas, está «su capacidad de conversar sobre aspectos disímiles y a veces nimios de la vida; mantener amistad con gentes de polos ideológicos diferentes y tener la curiosidad de un niño que lo pregunta todo». 

Por su parte, Félix Fernando Garrido, periodista de la radio cubana, recuerda a Fidel como aquella persona capaz de discriminar las preguntas vacías para regalar respuestas de sabiduría. «A veces parecía un niño con voz de sabio y en otras un sabio con la alegría de un niño».  

Gladys Rubio también dice que una vez y, después de concluidas las transmisiones por la televisión del pronóstico Meteorológico, Fidel se quedó conversando con ellos y habló de la importancia de crear condiciones para transmitir a tiempo las informaciones meteorológicas, de los recursos imprescindibles, y a partir de ese momento desató una lluvia de preguntas sobre las condiciones en las que estaban las estaciones, los radares y hasta preguntó sobre cómo descansaban, se alimentaban… durante las largas jornadas de transmisiones cuando llegaba un huracán. 

«Lo cierto es que aquella lluvia de preguntas en medio de la complicada situación meteorológica impulsó un programa que transformó, para bien, la disponibilidad técnica y las condiciones de trabajo en el Instituto de Meteorología» porque así fue Fidel. 

 

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