¡Ahora si ganamos la guerra!

Fidelidad del artista cubano Ernesto Rancaño
¡Ahora si ganamos la guerra!

La defensa de la soberanía nacional a cualquier costo, no es patrimonio ni objeto exclusivo de un grupo político o de un ejército sino de todo el pueblo; sin dudas una de las singularidades de la Revolución Cubana, que, junto con otra peculiaridad, la unidad de todos los patriotas, la vuelve virtualmente invencible.

Por:
Lic. Francisco Delgado Rodríguez
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¡Ahora si ganamos la guerra! exclamó Fidel, como respuesta al comentario que le brindara su hermano Raúl, en un recóndito lugar de la serranía cubana, 5 Palmas su nombre, en 1956, a propósito de constatar que eran 12 combatientes y 7 fusiles disponibles, después de la derrota de Alegría de Pio. 

La frase, devenida icónica, es tal vez la mejor manera para entender cuál fue la postura que el Comandante en Jefe asumió en las tantas ocasiones en que la hostilidad estadounidense contra Cuba adquirió ribetes más dramáticos, especialmente peligrosos para la paz y para la continuidad de la Revolución. 

Porque en efecto, la singular manera en que el Jefe de la Revolución encaró victoriosamente el incremento de las amenazas, en algunos casos concretadas en una invasión como la de Playa Girón, devela con meridiana claridad la estatura moral, la valentía y desde luego la agudeza en la evaluación de los acontecimientos que caracterizaron a Fidel. 

Este análisis en particular recorrerá brevemente algunos de los momentos más álgidos en las relaciones entre Cuba y su belicoso vecino del norte, precisando cuales fueron las reacciones de Fidel y el hilo conductor que siguió siempre; incluso mostrar porque puede afirmarse que, en cada ocasión, supo convertir la tensa y peligrosa coyuntura en una oportunidad, para fortalecer la Revolución, justo lo contrario de lo que esperaba y buscaba el enemigo.

Ciertamente la agresividad en sentido general ha sido la principal postura de sucesivos gobiernos estadounidenses respecto a la Cuba revolucionaria; puede afirmarse que esto viene de antes del triunfo mismo, cuando aviones y metrallas made in usa fueron empleados por los batistianos para combatir a la guerrilla y asesinar a pobladores civiles. 

La consecuente implementación del Programa del Moncada conllevó el desmontaje del esquema neocolonial, impuesto por EEUU en Cuba; por ello la hostilidad prácticamente comenzó desde el inicio mismo de la Revolución. De modo que no ha existido en la práctica ningún momento en que, por una vía u otra, no estuviera presente en el enemigo el afán de destruir el proceso revolucionario cubano, incluso ni cuando lo que han llamado la “primavera Obama”, al fin y al cabo, el propósito era el mismo, solo que con mejores “modales”.

No obstante, claramente se pueden identificar al menos 5 momentos en que la agresividad adquirió niveles muy peligrosos, ya fuera por iniciativa estadounidense, o como resultado de situaciones al interior de Cuba, por caso, cuando el llamado “periodo especial”.

La primera y más obvia situación transcurrió durante el gobierno de John F. Kennedy, quien se dice que heredó un plan de su antecesor, que se concretó con la invasión por Playa Girón. Derrotada aquella agresión, sobrevino, aún en la administración Kennedy, el momento más peligroso que hasta ahora recoge la historia, la Crisis de Octubre también conocida como Crisis de los Misiles.

En ambas ocasiones Fidel entendió tempranamente, que la única forma de resistir la prepotencia y belicosidad del enemigo era confrontarlo, nunca, bajo ningún concepto, mostrar debilidad o temor, mucho menos inclinar subordinadamente la frente, teniendo como brújula histórica entre otros precedentes, la hidalguía de Antonio Maceo, en Baraguá, ya se sabe. La postura de que con amenazas no nos entendemos, tiene plena vigencia.

En vísperas del inicio de la invasión a Girón, el 16 de abril de 1961, Fidel aclaró que la agresión mercenaria no era contra un pequeño grupo, no, era ya esas alturas contra un proyecto de nación…” Lo que no pueden perdonarnos es que estemos ahí en sus narices, ¡y que hayamos hecho una Revolución Socialista en las propias narices de Estados Unidos!” …. expresó el Comandante en Jefe, ante una multitud enardecida, en vísperas de dar hasta la vida por defender aquel proyecto radical y anti capitalista.

Prácticamente un año y medio después sobrevino otra prueba tremenda para Cuba, cuando el gobierno revolucionario decidió apoyar a la URSS, en sus objetivos de responder al imperio ante una agresiva ampliación de su presencia misilística nuclear, cerca de las fronteras soviéticas. 

Ante la solicitud de las autoridades de la URSS, Fidel no titubeó en colaborar en los esfuerzos defensivos de la primera revolución socialista, bajo el principio de que ser aliados conlleva responsabilidades y riesgos. El desenlace de este episodio, que pudo haber derivado en una guerra nuclear, probablemente la última de la especie humana, no fue realmente el esperado por Cuba; es cierto, en apariencias se congelaron expectativas de agresión militar directa de las fuerzas armadas estadounidenses contra la Isla, pero en general la agresión no solo se mantuvo, sino que habilitó el cerco económico o bloqueo, que Fidel calificó tiempo después de guerra económica.

De aquel episodio se sacaron oportunas lecciones, una evidente, que la supervivencia de la Revolución Cubana depende, ayer, hoy y siempre de la resistencia, con inteligencia y valentía, de los revolucionarios cubanos, sin desmerito del apoyo y desde luego, de la solidaridad internacional, principal valladar para aislar internacionalmente al enemigo en sus proyectos intervencionistas.

Comenzando la administración de Ronald Reagan, (enero 1981-enero 1989) se verifica otra situación de particular peligrosidad para la Revolución. Adicional al incremento de una retórica injerencista, en los años de dicha administración se mantuvo la amenaza de una invasión militar a Cuba, a propósito de la confrontación imperial sobre la novel revolución nicaragüense, y la ocupación de la pequeña isla de Granda, que generó cierta, aunque injustificada euforia respecto a Cuba en el gobierno estadounidense.

Una vez más, como ya había ocurrido desde Girón, Fidel le recordó a Reagan que cualquier aventura bélica enfrentaría a todo un pueblo…. ¡ante cualquier agresión, ante cualquier ataque del imperialismo, nuestra consigna será ¡Guerra de todo el pueblo! ... Así que esa mayor agresividad imperial fue aprovechada para implementar lo que hoy es aún la doctrina defensiva cubana, territorializada y masificada, si se entiende el término, en otras palabras, el pueblo como objeto único de la defensa de la patria.

Ya con el gobierno de Bush padre, se incrementaron las acusaciones a Cuba por supuestos vínculos con el narcotráfico. Tras el asalto militar a Panamá, y el secuestro del mandatario Manuel Noriega, se escucharon llamados a que después le tocaría a Cuba. A propósito de aquel episodio, Fidel concluyó que EEUU siempre podría recurrir al empleo de la opción militar, cuando no puede contar con un gobierno títere en determinado país.

La desaparición del llamado campo socialista, en 1991, con el desmerengamiento de la URSS, según el término empleado por Fidel al respecto, supuso no solo un duro impacto en la calidad de vida de los cubanos, sino que este escenario fue visto en Washington como el momento para también acabar con el socialismo que lo desafiaba a solo 90 millas de La Florida. Corría la administración de Bush padre, quien celebraba que ya no existía ningún obstáculo en el mundo para ampliar la hegemonía imperial.

Posteriormente, durante el gobierno de Bill Clinton, la contrarrevolución montó un escenario de provocaciones que derivó en el derribo de dos avionetas hostiles, que incursionaban en el espacio aéreo soberano de Cuba. Fue la justificación para crear un ambiente político en Washington, que habilitó la aprobación de la Ley Helms-Burton, norma que codifica la imposición del bloqueo, vigente hasta el día de hoy. Fidel calificó esta norma extraterritorial de ser una “ley nazi-fascista”, epíteto que engloba en sí mismo la naturaleza cruel de dicha legislación.

Siguiendo la línea del pensamiento del Comandante en Jefe, de sus enseñanzas, se aprecia una continuidad de principios, como la defensa de la soberanía nacional a cualquier costo, que eso no es patrimonio ni objeto exclusivo de un grupo político o de un ejército sino de todo el pueblo; sin dudas una de las singularidades de la Revolución Cubana, que junto con otra peculiaridad, la unidad de todos los patriotas, la vuelve virtualmente invencible.

También queda otra enseñanza no menos estratégica: cada vez que se amenaza a Cuba, en especial cuando esta se recrudece, es en efecto muy peligroso, desafiante, pone en tensión todas las fuerzas y eventualmente obliga al país a priorizar la defensa, pero también es una oportunidad; es cuando cuestiones políticas más complejas se pueden implementar con el mayor consenso popular posible.

Tal vez el ejemplo más obvio de este concepto fue declarar el carácter socialista de la Revolución, apenas a 3 años del triunfo guerrillero, en un país especialmente afectado por el anti comunismo de la época.

Para entonces se había comenzado a forjar una conciencia popular a favor de un modelo de país que superara las lacras del capitalismo subdesarrollado, en un contexto neocolonial. De modo que cayeron peleando en Girón lo hicieron defendiendo ese socialismo naciente y promisorio, que para los cubanos de entonces era reforma agraria y reforma urbana, era educación y salud gratuita y universal, era soberanía plena, era finalmente la concreción del sueño de mármol de Martí.

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