Una mañana de finales de este mes de julio llegó Aleida Guevara March hasta el Centro Fidel Castro Ruz para dialogar con los niños. Aleidita aseguró que Fidel es el mejor ejemplo que pueden tener los niños. «Cuando él dijo que el Che era el hombre más completo y que él quería que los niños fueran como el Che, yo digo que quiero que los niños cubanos también sean como Fidel».
Una mañana de finales de este mes de julio llegó Aleida Guevara March hasta el Centro Fidel Castro Ruz para dialogar con los niños de la compañía de teatro La Colmenita y los integrantes de los talleres formativos de verano de la institución.
Una mañana donde Aleidita conectó con un auditorio formando por niños y adolescentes que esta vez se convirtieron en periodistas y nos permitieron conocer las anécdotas que guarda como un gran tesoro sobre su papá el Che y su tío Fidel.
Reproducimos a continuación fragmentos de ese diálogo.
La boda, un nombre y la historia de los tres abuelos
«Yo había decidido casarme y no pensaba decirle nada a mi tío por lo ocupado que siempre estaba, pero mi mamá me dice: “No, estás equivocada. Tienes que ir a hablar con tío”. Y me cuenta lo que le pasó a ella cuando se iba a casar con mi papá. Ellos pensaban casarse solo con una firma pero Raúl y Camilo Cienfuegos le armaron una fiesta. No habían invitado a Fidel para no comprometerlo. Resulta que Fidel llegó a la fiesta cuando se enteró y se puso bravísimo con mi papá porque no lo habían invitado. Él firma como testigo y se va. Entonces mi mamá no quería que me pasara lo mismo. Fui a ver a tío Fidel y se lo digo. Mi tío fue a mi casamiento y, ¿saben con quién llegó?, con el presidente de Yugoslavia que estaba de visita en Cuba. El hombre veía que Fidel miraba el reloj a cada rato y en eso le dice:
- Mire jefe ya usted me recibió y no hay problemas si usted tiene algún compromiso.
- Es que se casa hoy la hija mayor del Che y yo tengo que ir- le dice Fidel.
«Él decía que era la hija mayor porque yo era la mayor de los hijos cubanos. El presidente de Yugoslavia se queda sorprendido porque en Europa a pesar de que muchos países eran socialistas circulaba el rumor de que Fidel y mi papá se habían fajado y que mi papá se había ido bravo con Fidel. Entonces, ¡qué Fidel estuviera preocupado por la boda de la hija de ese hombre!. Eso era algo inaudito para ese presidente. Fidel, inteligente como siempre, lo mira y le pregunta:
- ¿Usted quiere ir?
«Era una boda para 30 personas, teníamos una sola botella de champán que había traido de Angola porque estaba allá cumpliendo misión como médico. Y de pronto llega Fidel con su comitiva y con el presidente de Yugoslavia con 200 personas más. Todos dentro de la casa porque estaba hasta lloviendo y no se podía salir. Fidel toma el mando como siempre y realiza el brindis, corta el cake. Y la gente cuando mira las fotos me pregunta: pero, ¿quién era el novio? porque tío está en todas las fotos. Ese día él lo disfrutó. Él fue el rey de la fiesta.
«Yo regresé para Angola, el papá de mi hija también y allá salgo embarazada de Estefania. Cuando regreso a Cuba, finales de 1988, y justo cuando se firmaba un acuerdo tripartito entre Angola-Cuba-Sudáfrica que permitía que Cuba podía retirar sus tropas militares de Angola, se le daba la independencia a Namibia y comenzaba el fin del Apartheid en Sudáfrica. Era una victoria total y cuando nace Estefanía él va a verme al hospital y me dice: “La niña se llama Victoria”. El padre de mi hija me había dicho: “Si es niña yo le pongo el nombre y si es varón tú le pones el nombre”. Claro que si era varón le iba a poner Ernesto como mi papá. Él estaba en Angola y yo le había dado mi palabra de que la niña se iba a llamar Estefania y cuando llegó mi tío me dijo que le niña se iba a llamar Victoria. Le dije: “tío no, los abuelos no ponen los nombres son los padres por lo tanto no te toca”. Y contesta: “¡qué nombre tan feo! y le dice a la niña con el dedo: “ojalá no saques el temperamento de tu madre” y se fue bravo conmigo.
«Después de eso y pasado un tiempo, me divorcio, y él me llama para saber de mi, muy preocupado y escucha a Estefanía hablando y me dice: “mira a ver si la niña de nombre feo quiere hablar conmigo”. A él no se le olvidaba nunca nada. Y entonces le pregunto a la niña si quiere hablar con tío Fidel. Él me escucha y me dice “no, yo no soy su tío, soy su abuelo”. Le vuelvo a preguntar a la niña si quería hablar con su abuelo Fidel. La niña dice que sí. Al otro día voy al círculo infantil a buscar a Estefanía y la seño me dice: “Mamá, Estefani es una niña normal, inteligente, pero no entendemos lo que le pasa hoy, dimos la clase de la familia donde yo explico que son dos abuelos y dos abuelitas y ella dice que tiene tres abuelitos”. Y le dije disculpen es que anoche habló con Fidel y le dijo que era su abuelo. Y enseguida dijo:«Tiene tres abuelos».
«Este tipo de cosas fue las que yo vivi con él siempre. Mis mayores alegrías, mis mayores preocupaciones. Los momentos más felices y tristes siempre están relacionados con él. Tío fue para mi más que una figura extrañable. Puedo hablar de mi papá sin problemas pero de mi tío me cuesta trabajo todavía.
«No creo en ningún tipo de creencia religiosa, no creo que ningún tipo de Dios superior. Creo en el ser humano. Pero aprendí algo con los mexicanos que es muy hermoso. Los mexicanos tienen un día que se llama el “Día de los muertos”. Yo no lo entendía. Me preguntaba cómo es posible celebrar el día de los muertos. Pero es una expresión de amor muy linda y que dice que ese muerto no se muere realmente si tú no lo olvidas. Si tú lo mantienes cerca de ti, estará vivo siempre. Y eso es lo hermoso en este país, en este pueblo: mantener vivo a los hombres como él y cerca de nosotros para continuar utilizando su sabiduría».
La madre, Martí, un cuadro
«Mi mamá es muy martiana y muy fidelista. Ella quiere a Fidel como un hermano. Nosotros aprendimos desde muy pequeños a vivir la Revolución, a sentir la Revolución.
«Fidel fue la figura masculina que tuve más cerca durante toda mi infancia. Yo tenía 4 años y medio cuando mi papá se va para el Congo. Después ya no lo volví a ver nunca más. Mi tío Fidel estaba siempre presente cuando salíamos de la escuela, cuando visitábamos a algún lugar. Siempre estaba cerca o se preocupaba por nosotros.
«Una vez estábamos en Varadero y mi hermana y yo íbamos en bicicleta a una casa donde estaban los hijos de Raúl que eran como nuestros primos. En eso llega nuestro tío Fidel. Hacía un tiempo que no nos veía y no reconoció a mi hermana Celia. No se da cuenta de que es mi hermana Celia. Cuando él se dio cuenta de que era ella tenía una pena muy grande. Y me aseguró: «dile a tu mamá que paso por la casa a ver a los muchachos”. Yo regreso y le digo a mi mamá lo que había pasado y que mi tío venía al día siguiente a la casa a ver a mis hermanos. Y mi mamá molesta: «él me va a escuchar porque no reconoció a Celia porque lleva tiempo sin verla» y otras cosas. Al otro día llegó mi tío Fidel y desde que entró por la puerta comenzó a decirse cosas. Se regaño tanto que mi mamá le replica: «pero mire es que usted es un hombre muy ocupado». Fidel era brillante y sabía lo que le venía para arriba. Inmediatamente se preparó para el combate y lo ganó.
«Cuando yo iba al campo con él, después me sentaba en sus piernas y él me hacía preguntas y yo le contestaba todas las cosas que había aprendido. Eso era en su casa en calle 11, en el Vedado. En ese lugar había una colección de 4 cuadros, la mamá, el papá, la niña y el niño. Eran 4 cuadros de la pintora cubana Mirta Cerra. A mi siempre me llamó la atención aquel niño. Cuando muere mi papá me manda a buscar. Mi mamá me dice: “tu tío te va a preguntar que tú quieres, pero tú no puede querer nada”. Mi tío me manda a buscar y lo primero que me preguntó fue qué cosa yo quería. Y yo le digo haciéndome la estudiosa una bola del mundo para estudiar, y él: «si, si, eso está bien no hay problemas, pero ¿qué más tú quieres?». Y yo levanto mi dedito y le digo: «eso», señalando el cuadro del niño guajiro. Lo cogió, lo bajó y me lo dio. Cuando tía Celia entró, le sorpendió no ver el cuadro. El guajirito lo tengo yo y nunca nadie me lo pudo quitar. Es mío porque me lo regaló mi tío. Todavía lo conservo en la casa con muchísimo cariño. Para mi fue más fácil seguir adelante cuando mi papá muere porque tenía a Fidel que era mi papá también.
«Si hoy nosotros somos seres humanos útiles es porque mi mamá nos educó. Mamá nunca permitió ningún tipo de privilegio. Era muy cuidadosa y no permitiá de ninguna manera ningún tipo de diferencia. Los amigos de mi papá para sustituir un poco la ausencia de mi papá lo hacían con cosas materiales y mi mamá no lo permitía.
«Mi papá comienza a conocer a Cuba desde Argentina por Capablanca en primer lugar porque a él le gustaba mucho jugar ajedrez. Pero después, Martí que fue quien más le habló de Cuba a través de sus versos sencillos. Un verso precioso es Yugo y Estrella. Ese poema deberíamos tenerlo bien presente porque ahí se habla de dos formas de vivir como un buey, un animal de carga que baja la cabeza y obedece órdenes y hace lo que le dicen o uno como la estrella que ilumina o mata como crea, crece. Ese poema es para mí una lección de vida».
El Che y Fidel
«Una de las últimas veces que yo hablo con mi tio fue precisamente porque tenía que escribir el prólogo de un libro que se llama Pasaje de la guerra revolucionaria en Congo. Yo fui a ver a Fidel para eso porque quería conocer por qué mi papá va a dar al Congo. Él me explicó la situación. Esa noche también le dije a ver tío cuéntame acerca de una de esas discusiones que dicen tú has tenido con mi papá. Y me narra que cuando cayeron presos en México, él había dado la orientación de que nadie debía hablar de su afiliación política. Y afirma: «¿Y que hizo tu papá? no solamente demostró que era comunista, sino que se puso hablar con el esbirro de la cárcel sobre Stalin. Resultado, a todos nosotros nos dejaron libres, excepto a tu papá por comunista». «¿Y entonces que hiciste?», - le pregunto. Y él me contesta: «yo fui a discutir con él porque había dado una orden y él la había incumplido. Cuando me puse a hablar con él me di cuenta que tu papá no podía mentir ni así le fuera la vida». «Y ¿qué hiciste entonces?» «Sacarlo de la cárcel, no quedaba de otra». Mi papá le dice que se vaya y que cumpla lo que él tiene establecido, pero que le deje algún mecanismo para que no lo deporten para Argentina sino a un tercer país y desde ahí incorporarse con ellos en Cuba. Fidel no le hace caso, y mi papá logra salir de la cárcel y viene con Fidel para Cuba en el yate Granma.
«Esa noche yo me empiezo a reir porque Fidel está hablando de mi papá en presente y él me pregunta: «¿y tú de que te estás riendo ahora?» Y le dije: «tío tú no te das cuenta, pero estás hablando de mi papá como si fuera a entrar por esa puerta». Y me miró muy serio y me dijo: “no, es que tu papá está presente”».
Fidel es el mejor ejemplo que pueden tener los niños
«Hay fotos muy hermosas de Fidel conversando con los niños. Siempre preocupándose de la parte más humana, es decir cómo estás estudiando, cómo te estás portando, cómo estás viviendo, qué problema tienes. Él preguntaba todas esas cosas a los niños, y ellos se sentía a gusto hablando con él porque te daba esa confianza. Además Fidel escuchaba a todos. Tú podías discutir con Fidel. A mi me pasó varias veces pero siempre tenías que dar un argumento para ser escuchada.
«Fidel es un bastión. Es el bastión que une a este pueblo. Fidel es el mejor ejemplo que pueden tener los niños. Cuando él dijo que el Che era el hombre más completo y que él quería que los niños fueran como el Che, yo digo que quiero que los niños cubanos también sean como Fidel.
«Me siento con un gran privilegio de haber vivido con hombres de esa estatura. Si tuviera la posibilidad de decirle una última cosa a Fidel le diría: “Te quiero”. Y si tuviera que quedarme con una sola palabra para definir a Fidel diría: humanidad».