De Isla de Pinos a México: una gesta invencible (II)

Fidel Castro y un grupo de revolucionarios en el exilio en México.
De Isla de Pinos a México: una gesta invencible (II)

Segunda parte de la conferencia impartida en el espacio de la Cátedra de Estudios Históricos del Centro Fidel Castro Ruz.

Por:
Yoalis Calderín Suárez
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Parte II Exilio en México de Fidel Castro

El 7 de julio de 1955 Fidel toma un avión rumbo a México. Las primeras semanas de Fidel en la capital mexicana son de intenso trabajo. Reside en una modesta habitación interior del edificio de Ramón Guzmán, y allí se mantiene todo el tiempo en febril actividad, visitando diferentes personas en su labor de captación para el proyecto revolucionario cubano.

En la ciudad de México se establecieron casas conspirativas, siendo el apartamento de la cubana María Antonia González en la calle Emparan 49, de la Colonia Tabacalera, el principal punto de contacto de los revolucionarios cubanos que llegaban a la capital. Fue prácticamente un Puesto de Mando del Movimiento 26 de julio.

Estados Unidos, Costa Rica, Guatemala, Venezuela, Honduras y de la propia Cuba, viajarían a tierra azteca los más decididos combatientes. Como figura pública internacional, Fidel estableció reglas para desmarcarse, en la medida de lo posible y racional, del resto de los revolucionarios y evitar así el descubrimiento de los planes y la identificación de los hombres. Se estableció una red de casas conspirativas en la ciudad de México, que después se extendieron a las de Veracruz y Jalapa.

La vida cotidiana y la convivencia se reglamentó. Eran soldados en preparación y los que no estaban dispuestos a cumplir con las rigurosas y estrictas normas, debían abandonar la causa. No se podía dar margen a la confrontación vana, ni desgastarse en frivolidades. No era un simple y apacible exilio político: era un combativo exilio militar. El «Reglamento interior de conducta para cada casa de residencia», elaborado por Fidel, da una idea cabal de la preparación militar, política, ética e ideológica, a que fueron sometidos los futuros expedicionarios.

Algunos habían recibido la preparación previa al asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, donde tuvieron su bautismo de fuego. Otros se habían forjado como combatientes en los avatares de la lucha clandestina.

Apenas establecidos en la ciudad de México, comenzaron los entrenamientos. En pequeños grupos, realizaban largas caminatas por la ciudad. El lago del bosque de Chapultepec les permitía además la práctica de remos. La preparación física y defensa personal la recibían del luchador profesional mexicano Arsacio Vanegas, quien también ayudó a la impresión del Manifiesto No.1 del Movimiento 26 de Julio, que representó un llamado a la Revolución y un ataque a la tiranía. El propio Vanegas les organizaba caminatas a los cerros que rodean la ciudad. Las prácticas de tiro se realizaban en el Campo de Los Gamitos, muy cerca de la ciudad, en la carretera a Toluca.

Se leía mucho, y en las casas campamentos debatían libros de temas históricos, políticos y militares. El trabajo ideológico jugaba un papel fundamental. Fidel no vacilaba en emplear una parte de los escasos recursos de que disponían en la compra de algunos libros destinados a las casas campamento. En este empeño cuenta con la ayuda del emigrado español Andrés Zaplana, propietario de una librería. Los temas con los que mayor interés muestran son los concernientes a la Segunda Guerra Mundial, el marxismo y la historia de México. Para perfeccionar la preparación militar, se contrató el rancho «Santa Rosa», en Chalco, en el estado de México, estableciéndose un campamento guerrillero bajo la dirección del coronel español Alberto Bayo, según el Che quijote moderno (…) de espíritu eternamente joven, veterano de la Guerra Civil española y oficial de carrera en España. Bayo fue el maestro militar de los cubanos. Impuso el viejo guerrero español las más rígidas normas de disciplina y un riguroso y agotador régimen de entrenamientos. Les hablaba de la necesidad imperiosa de la disciplina, del respeto a la jerarquización militar.

Fidel tenía una idea bien elaborada de lo que será aquel destacamento de combatientes revolucionarios. Estos tendrían la misión histórica de reiniciar la lucha armada, desencadenando una guerra irregular de guerrillas en las montañas de Oriente, a la vez de promover con su acción la incorporación del pueblo a todas las formas posibles de lucha frente al régimen. El encuentro del viejo oficial español que conservaba una larga experiencia de la lucha contra los guerrilleros marroquíes junto a Fidel resultó tener la misma confianza en las posibilidades de este tipo de guerra.

Bayo en una entrevista planteó que su odio a Franco lo tocó Fidel como secreto resorte, para que accediera a su petición.

Bayo los preparó en táctica, marchas, contramarchas, despliegues, combate nocturno, uso de los mapas en sus diferentes escalas, balística, tablas de tiro, emboscadas antiaéreas, fabricación de pozos de tiradores y sistemas de trincheras, abrigos y zanjas. Les enseñó camuflaje y enmascaramiento, sanidad e higiene de campaña, pasos de ríos, sabotajes y fabricación de cocteles molotov y todo lo que sabía de la carrera de las armas. La vida de campamento era dura. Todos, incluido Fidel cuando lo visitaba, dormían en el suelo. La diana era a las cinco de la mañana y tras ella la limpieza de los locales y el aseo personal.

En agosto de 1955 Fidel concluye la redacción del Manifiesto No.1 del 26 de julio al Pueblo de Cuba. Tanto los ejemplares ya impresos, como el Mensaje a los militantes ortodoxos (leído en el Congreso de Militantes Ortodoxos), los envía Fidel en sobres remitidos a varias personas en La Habana, amigas de Eva Jiménez. Varios de estos sobres van dirigidos a Pepín Sánchez, Naty Revuelta y María Urquiola, con el encargo de que los distribuyan directamente para evitar dificultades.

El 20 de octubre Fidel y Juan Manuel Márquez parten de Ciudad México con rumbo a los Estados Unidos. El día 23 fueron recibidos por más de 200 cubanos convocados por el Comité Ortodoxo de New York, Acción Cívica Cubana y el Comité Obrero de Emigrados y Exiliados Cubanos. Fidel se percata de las desavenencias existentes entre dichas organizaciones y comienza así su esfuerzo por unir en una sola organización a los emigrados cubanos, bajo las únicas banderas del Movimiento Revolucionario 26 de Julio. Pero no resulta fácil limar asperezas y aunar criterios. Otras de las tareas que se plantea Fidel a su llegada en New York es la nueva edición de La historia me absolverá y recaudar fondos para la lucha.

El 10 de diciembre Fidel regresa por vía aérea a Ciudad México, tras siete semanas de fructífera labor en los Estados Unidos organizando a la emigración cubana. Trae consigo el borrador del Manifiesto No. 2 del 26 de Julio al Pueblo de Cuba, que comienza expresando la ardua labor desarrollada esas semanas en tierras estadounidenses, recordando los tiempos del peregrinar martiano y como la contribución de la emigración cubana de los Estados Unidos puede convertirse en un factor importante dentro del proceso revolucionario. Además en el documento quedó reflejado el llamado al pueblo cubano para una ayuda económica con el objetivo de combatir a la tiranía batistiana.

Mientras la disciplinada tropa entrenaba, Fidel convertido en Alejandro para despistar al enemigo, buscaba el armamento necesario y el medio en que viajar a Cuba. En esas faenas contó con la utilísima ayuda del armero mexicano Antonio del Conde, un hombre imprescindible, cuya identidad escondió en el seudónimo de «El Cuate».

El 20 de junio detienen a Fidel por agentes de la Dirección Federal de Seguridad dirigida por el mexicano Fernando Gutiérrez Barrios, y tras él, un importante número de los revolucionarios cubanos. El campamento de Chalco fue ocupado y sus integrantes detenidos en la prisión migratoria de la calle Miguel Shultz en el Distrito Federal. El minucioso registro efectuado en el apartamento de Emparan 49-C y la ocupación de numerosa documentación, permite a la Federal de Seguridad disponer de nuevos datos sobre la labor del grupo revolucionario. Se perdió gran cantidad de armamento y aseguramientos, pero el hecho resultó revelador. Como Martí ante el fracaso de la expedición de Fernandina, la figura del líder de la Revolución se agigantó. La mano firme y segura del ex presidente Lázaro Cárdenas, intervino en ayuda de los cubanos logrando su liberación.

Fidel diversificó entonces los grupos y gestionó otro campamento en un lugar alejado de la suspicacia del espionaje y la delación. El ingeniero mexicano Pablo Villanueva, le cedió sin costo alguno el rancho María de los Ángeles, a 20 kilómetros del poblado de Abasolo en el Estado de Tamaulipas. Era una zona prácticamente selvática e inhóspita, de excelentes condiciones para la preparación guerrillera. Hacia allí viajó una parte del contingente, otros se dispersaron en las ciudades de Xalapa y Veracruz y el resto en el Distrito Federal y sus alrededores.

El 30 de agosto, Fidel y José Antonio Echeverría sellaron el pacto de unidad revolucionaria conocido como la Carta de México, que precisa que la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y el Movimiento Revolucionario 26 de Julio, los dos núcleos que agrupaban en sus filas a la nueva generación, habían decidido unir sólidamente sus esfuerzos con el propósito de derrotar a la tiranía batistiana y llevar a cabo la Revolución Cubana. Los principales elementos de la revolución y el levantamiento estaban engranados. Los órganos de prensa en Cuba insistían en el reciente pacto, cuya repercusión se hacía sentir cada vez más en la vida nacional. El periódico El Mundo comentó que la Carta de México equivale a una declaración de guerra, que coloca a la FEU en una postura definitivamente insurreccionalista y subversiva, que involucra a la universidad en tales asuntos.

Fidel se entrevista con Carlos Prío en la ciudad de Mc Allen, Texas, muy próximo a la frontera mexicana, que años después, Fidel alude de manera excepcional a tal encuentro, como “una amarga experiencia” de su vida revolucionaria, pero no tenía más opción en esos momentos. Luego de asegurar Prío que coordinará sus acciones con el desembarco, Fidel se comprometió a notificarle la fecha de la partida de la expedición. El ex presidente se comprometió a su vez a entregar a Fidel los 50 mil dólares pedidos como préstamo para la expedición.

Una traición aceleró la decisión final, años después se supo que Rafael del Pino, miembro del movimiento 26 de julio, era un traidor, y fue quien le informó a la Federal de Seguridad Mexicana de las labores de los exiliados cubanos.

Fidel ordenó la evacuación de los campamentos y casas conspirativas y el traslado a los poblados de Xicotepec de Juárez, Poza Rica y Tuxpan. Poco antes había visitado al jefe de Control e Información de la Dirección Federal de Seguridad, Gutiérrez Barrios, quien apoyaba y cubría a Fidel en sus labores en el exilio, para despedirse e informarle que regresaba a Cuba a iniciar la Revolución. Su institución estaba al tanto de los pasos de los revolucionarios cubanos.

En horas de la tarde del 24 de noviembre de 1956 comenzaron a arribar al barrio de Santiago de la Peña en la portuaria ciudad de Tuxpan, los futuros guerreros. Cerca de la una de la madrugada del 25 de noviembre, con las luces apagadas, el pequeño acorazado ideológico atravesó los doce kilómetros que separaban a Santiago de la Peña de las escolleras del río Tuxpan. Larga y llena de azarosos desafíos fue la travesía. Sin embargo, el ánimo no decayó. Ya cerca de Cuba el expedicionario Leonardo Roque, tratando de ver el faro de Cabo Cruz, cayó al agua. Era de noche y el mar continuaba agitado. Se detuvo la marcha sin encontrarlo. Los marinos determinaron que un hombre no se buscaba tanto tiempo en el mar y que se corría el riesgo de atrasarse demasiado y arribar de día a Cuba. Con una sentencia el jefe de la revolución zanjó aquella conversación: «No podemos perder a un hombre de ninguna manera». Ordenó regresar por él. En la penumbra se oyó la voz de Roque quien fue rescatado por sus compañeros.

El 2 de diciembre, casi sin combustible, Fidel ordenó lanzar el yate sobre la costa a cualquier precio, quedaría marcado en nuestra historia como la fecha en que los herederos más puros del ideario mambí, con Fidel al frente, comenzaban a construir un ejército de pueblo y para el pueblo, que ha defendido a carta cabal la soberanía de nuestra nación y tendido la mano amiga y generosa a otros pueblos del mundo.

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