El 19 de abril de 1959 la NBC entrevistó al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y, 67 años después, la misma cadena de televisión estadounidense realizó una segunda entrevista al presidente cubano, Mario Miguel Díaz Canel Bermúdez. Los dos trasmitieron en rigor el mismo mensaje, que supone la continuidad en los principios, los que no son negociables.
La cadena estadounidense NBC decidió entrevistar al presidente cubano, Miguel Mario Díaz Canel Bermúdez, enviando a la periodista estrella, Kristen Welker, conductora del afamado programa sobre temas políticos, Meet the press.
El encuentro se realizó el 9 de abril y se reprodujo íntegramente 3 días después, el domingo 12 de abril. El intercambio se realizó en la base del monumento al héroe nacional José Martí, en plena Plaza de la Revolución, lugar lleno de simbolismo patriótico, para el entrevistado, para todos los cubanos y para todo el que lo quiera ver.
Entrevista concedida por Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, a Kristen Welker, periodista del Programa Meet the Press de NBC News, en el Memorial José Martí, el 9 de abril de 2026.
En una fecha parecida, solo que 67 años antes, en un contexto diferente, la misma NBC, también en el mismo programa, Meet the press, entrevistó al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, el 19 de abril de 1959, allá en EE.UU, en ocasión de la visita del Jefe de la Revolución a ese país.
La NBC no había mostrado mayor interés por entrevistar al jefe del estado cubano, hasta ahora, en abril del 2026. ¿Qué pasó? ¿Por qué entrevistaron al Comandante en Jefe en aquel lejano abril? y ¿a son de qué, solicitar un encuentro con el actual Presidente cubano? 67 años después.
La NBC no es cualquier emisora televisiva de barrio; es una de las más conocidas y populares en EE. UU, también una de las más antiguas. Fue fundada en 1926, como una subsidiaria del conglomerado industrial General Electric, en apariencia ajeno a la actividad comunicacional, aunque ya se sabe, ninguna de esas multinacionales ha estado al margen de los medios de comunicación, por el contrario, los controlan, como es el caso.
El programa Meet the press, surgió un tiempo después, en 1946, y dada la teleaudiencia con que contó desde entonces, ha perdurado hasta ahora. En aquellos tiempos su público meta era heterogéneo, pero hoy está más bien enfocado a personas entre 18 y 54 años, cercanos a las posturas que en EE.UU llaman «liberales», progresistas según el léxico político de otras partes.
Cuando el intercambio con el Comandante en Jefe, tuvieron alrededor de 5 millones de tele espectadores, y en estos días con Díaz Canel, unos de 2,5 millones de televidentes, que ahora es la cantidad que suele convocar generalmente el programa; la diferencia de cifras no sugiere necesariamente que en 1959 la entrevista concitara mayor interés, dado que en esa época la gente se informaba únicamente por radio o TV, hoy el audiovisual es más seguido en redes sociales digitales, que no se mide con la métrica de la TV.
Fidel visita EE.UU en ese abril de 1959 mencionado, sin apenas quitarse el lodo de la Sierra Maestra, invitado por la American Society of Newspaper Editors (Sociedad Americana de Editores de Periódicos), generando un auténtico interés de parte de los grandes medios de prensa locales, por caso la mencionada NBC, que intentaban entender y trasmitir que novedosa situación había surgido en la siempre fiel neocolonia vecina, al sur de la Florida.
En consecuencia, para el Comandante en Jefe ese interés suponía una oportunidad para informar al público estadounidense cuáles eran las motivaciones de la naciente Revolución, en que consistían los proyectos emancipadores de los revolucionarios cubanos, y que ello no representaba un peligro para el pueblo estadounidense.
En rigor, no había novedad en los planteos del entrevistado, porque estaban claramente anunciados en el icónico documento La Historia me absolverá, el programa político de la Revolución Cubana, hecho público desde 1953, durante el juicio contra los asaltantes del cuartel Moncada.
Como era de suponer, de este intercambio con este importante medio estadounidense, trascendió en aquel país una supuesta contradicción, entre lo que dijo el Comandante en Jefe, respecto a su condición de comunista y lo que sucedió poco después, por caso, la declaración del carácter socialista de la Revolución, 1 año, 11 meses y 3 días después de aquel encuentro con la NBC, tras los bombardeos que precedieron la invasión mercenaria por Playa Girón.
Sin embargo, la verdad, con la tozudez que le caracteriza, muestra que en ningún momento Fidel aludió a su condición personal o su filiación a alguna organización comunista. El entrevistador, May Craig, preguntó específicamente si el triunfante Movimiento 26 de julio era comunista. Obviamente la respuesta del líder de la Revolución fue negar dicha condición; no podía serlo, dada la lógica heterogeneidad ideológica de sus integrantes.
Como quiera que fuera, la entrevista fue un éxito para Cuba, representado por el líder guerrillero, debido a que dejó bien claro, más allá de posteriores elucubraciones e interpretaciones antojadizas, que a partir del 1ro de enero de 1959 comenzaba otra etapa histórica, en la que poco después se catalogó como la Isla de la Libertad, también la Isla de la Dignidad, por algo deben ser esos epítetos.
Y a propósito de la susodicha pregunta, sobre la condición de comunista o no de los guerrilleros libertarios cubanos, es obligado evocar el contexto en que se realizó el encuentro, entre el Comandante en Jefe y la NBC.
Es decir, en pleno apogeo del macartismo, de la histeria antisoviética, del terror al zarpazo del oso ruso, y otras formas de calificar dichas amenazas. Y como Fidel estaba planteando un desafío, por el mero hecho de no asumir una postura sumisa, pues naturalmente eso solo podía explicarse por su «subordinación a los soviéticos». Nunca entendieron los políticos estadounidenses dominantes, la autenticidad de la Revolución cubana, hasta hoy es así.
Otra consideración, que es pertinente rescatar, dada las actuales circunstancias. Los revolucionarios cubanos recorrieron con una celeridad probablemente no prevista en abril de 1958, un camino de rápida radicalización, en respuesta a la propia crueldad de la política imperial hacia la naciente revolución. ¿Cuál es la enseñanza para el imperialismo?: sencillo, a más presión, mayor radicalidad y mayor hidalguía desde Cuba.
El clima político, signado por el ambiente bélico predominante en las mentes del liderazgo imperial, preestablece las condiciones en que el presidente Díaz Canel, realiza el encuentro con la mencionada Kristen Welker, de la NBC.
Para EE.UU, la coyuntura está marcada por la deriva de la guerra en Irán, que junto a Israel, comenzaron el 28 de febrero, arrastrando al resto de este país a esa sensación de que no importa lo que Washington haga, la derrota es un hecho indubitable.
En paralelo, se habla de la supuesta opción de que dicha derrota a manos de los persas, podría compensarse con otra guerra “más fácil” contra Cuba, absurda hipótesis, alimentada por la mafia cubano americana del sur de la Florida, que moviliza cierto caudal electoral, en un momento político en el que al oficialismo republicano, parece que se le escapan las posibilidades electorales, de cara a noviembre próximo, que conlleva el peligro de derivar en un proceso que daría al traste con el actual gobierno.
En consecuencia, la Revolución Cubana enfrenta una agresión multidimensional, según los patrones de la guerra no convencional; agresión económica con máxima presión, incluido cerco energético, amenaza retórica de que dicha hostilidad se manifieste militarmente, y por último, y no por ello menos relevante, un intenso ataque comunicacional; es en este campo donde se debe inscribir la entrevista que la NBC gestionó con el liderazgo revolucionario.
De modo que lo primero que hay que establecer, son los intereses del enemigo con realizar este encuentro. Puede haber varios, pero se identifican al menos dos: insistir en el ataque a la reputación de los dirigentes revolucionarios, que presentan como divorciados del pueblo dicen, además, mostrar como algo natural, el derecho de EE.UU a decidir quién gobierna en Cuba; ambas intenciones se aprecian en una de las preguntas que más ha trascendido, aquella referida a la disposición del Presidente cubano, de renunciar para salvar al país. Resumidamente, el entrevistado respondió que no, por el contrario, afirmó estar dispuesto a dar la vida por la Revolución, convirtiendo su respuesta en un momento especialmente emotivo.
Díaz Canel repasó los enormes perjuicios del bloqueo, y desmanteló la matriz de opinión, tan presente en la actual retórica trumpista, sobre el colapso de Cuba. Tras preguntar por qué EEUU ha invertido tantos recursos en sancionar a esta pequeña isla del Caribe, si es un modelo fallido, enumeró varios indicadores que muestran todo lo contrario, como la salud y la educación universal y gratuita, el desarrollo científico o la condición de ser un país seguro, donde reina la armonía, sin mafias ni narco tráfico. Es de imaginar que más de un televidente estadounidense debe haber comparado la situación con la que vive en EE.UU.
También se abordó el asunto del diálogo entre ambos gobiernos. El mandatario cubano reiteró la disposición histórica de establecer dicho intercambio con las autoridades vecinas, aunque admitió que no serían fáciles por la desconfianza existente, a tenor, por ejemplo, con lo que pasó con Irán, alevosamente atacado en medio de negociaciones.
Cuba no es un país que le guste ni busque la guerra, los cubanos son un pueblo pacífico, con reconocida vocación solidaria y de cooperación, insistió el Presidente entrevistado, y añadió que nunca ha constituido una amenaza, ni le interesa inmiscuirse en los asuntos internos de EE.UU, ambas cosas, teorías conspirativas no solo ridículas, sino perversamente empleadas para justificar el asedio y el bloqueo por seis décadas.
También hubo que explicarle a Welker, que no obstante esta cultura pacifista, también cualquier agresor encontraría en Cuba un pueblo entero dispuesto a morir para garantizar su independencia, su derecho al desarrollo sin injerencia de una potencia, por demás históricamente hostil.
Además del simbolismo del lugar donde el mandatario cubano recibió a la NBC, como se ha dicho, en el monumento más grande erigido en homenaje a Marti en todo el mundo, también salió a relucir otro de los grandes próceres de la independencia de Cuba, Antonio Maceo.
De Maceo, el Presidente cubano recordó una de sus frases más actuales: “quien intente apoderarse de Cuba solo recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la contienda”. Ese es el concepto que la señora Welker se llevó de regreso, quizás, solo tal vez, quienes lo escuchen en EE.UU entiendan las consecuencias de una agresión.
En conclusión, las dos entrevistas, los dos entrevistados, tantos años después, trasmitieron en rigor el mismo mensaje, que supone la continuidad en los principios, los que no son negociables, los que marcan una línea existencial. A Cuba se le respeta, a palabras claras, no se justifican los malos entendidos, y en el peor de los escenarios es, como se sabe, Socialismo o Muerte, Venceremos.