Che reunía como revolucionario las virtudes que pueden definirse como la más cabal expresión de las virtudes de un revolucionario: hombre íntegro a carta cabal, hombre de honradez suprema, de sinceridad absoluta, hombre de vida estoica y espartana, hombre a quien prácticamente en su conducta no se le puede encontrar una sola mancha.
Recordar al Che es siempre motivo de reafirmación humana, pues el Guerrillero Heroico no solo es paradigma de revolucionario contemporáneo, sino también —como dijera nuestro Comandante en Jefe— un modelo de hombre, un modelo de revolucionario.
Sus sentimientos altruistas y su determinación por la liberación de los pueblos lo guiaron hasta la Revolución Cubana. En 1954, cuando el golpe de Estado a Jacobo Árbenz en Guatemala, percibió, una vez más, la ambición y agresividad del imperialismo yanqui. Allí, en Guatemala, conoció a jóvenes revolucionarios cubanos, entre ellos, Ñico López. Fue él quien puso en sus manos La historia me absolverá, alegato de autodefensa de Fidel Castro Ruz por su participación en la acción armada del 26 de julio de 1953, devenido programa político de la Revolución Cubana. Surgía así, incluso antes de conocerse, una comunidad entre quienes después serían mundialmente conocidos como el Che y Fidel Castro Ruz.
Dos momentos son importantes en la vida del Che: el encuentro con Fidel y su integración al Ejército Rebelde, del que llegó a ser Comandante. Ambos hechos hablan de su personalidad de su compromiso político.
Al llegar Fidel a México, en julio de 1955, Raúl Castro Ruz le presentó al joven Ernesto Guevara, graduado ya de Medicina, con conocimientos marxistas, conocedor de la realidad latinoamericana, defensor de la liberación de los pueblos y antimperialista. El Comandante en Jefe ha explicado que, por sus cualidades y sus ideas, no hubo dudas para incorporar el Che al Movimiento 26 de Julio y a la expedición del yate Granma. Esa impresión la confirmó desde los primeros momentos de la lucha, pues Fidel destacó en múltiples ocasiones al Che guerrillero activo, disciplinado y siempre dispuesto a asumir los mayores riesgos.
De sus cualidades en la guerrilla mucho se conoce: valentía, audacia, disposición al cumplimiento de las tareas, entrega total, ejemplo de capacidad de unir pensamiento profundo con acción inmediata. Es, también, prueba de que la voluntad es una importante cualidad humana en el logro de las metas.
El Che se incorporó al M-26-7 sin experiencia ni conocimientos militares, pero su interés, actitud y esfuerzos hicieron que fuera calificado por el instructor militar Bayo como su mejor alumno. Designado médico de la tropa, fue también un soldado destacado. Ya el 21 de diciembre de 1956, Raúl escribió en su diario: «Serían las 4:00 a.m cuando aparecieron con un “hijo del hombre”, Almeida, Benítez, Pancho, Camilo Cienfuegos y el Che Guevara, uno de los más valiosos compañeros».
Por su valía fue el primero en ser ascendido a Comandante en 1957. De su modestia, habla la forma en que describe su ascenso:
«Enviábamos una carta de felicitación y reconocimiento a Carlos, nombre clandestino de Frank País, quien estaba viviendo sus últimos días. La firmaron todos los oficiales del Ejército Guerrillero que sabían hacerlo (…) Se firmó la carta en dos columnas y al poner los cargos de los componentes de la segunda de ella, Fidel ordenó simplemente: «ponle Comandante», cuando se iba a poner mi grado. De ese modo informal y casi de soslayo, quedé nombrado comandante de la segunda columna del Ejército Guerrillero».
En marzo de 1958, en la Sierra Maestra, Raúl emitió la Declaración de unidad de pensamiento con el Che, donde dejó explicito la plena identificación ideológica con el compañero Guevara y su papel en caso de ausencia. De sus hazañas en la guerra de liberación, de su imprescindible papel en la Ofensiva revolucionaria y de su contribución al triunfo del 1.o de enero de 1959, hay conciencia en el imaginario popular y existe documentación, legada incluso por sus narraciones de la guerra, que al decir de Fidel son insuperables. Su diario y Pasajes de la guerra revolucionaria lo confirman.
Los años de la lucha evidenciaron las condiciones de guerrillero y estratega militar del Che, pero a partir del triunfo revolucionario, el primer Comandante, el hombre de acción continuó cumpliendo las difíciles tareas asignadas por el Gobierno Revolucionario. Comprometido con la construcción de la nueva sociedad y del papel de la conciencia en ella, no solo asumió las tareas, sino que profundizó en la teoría y educó con el ejemplo.
En el discurso del 18 de octubre de 1968, en la velada solemne tras su caída en combate en Bolivia, Fidel señaló:
«Porque Che reunía, en su extraordinaria personalidad, virtudes que rara vez aparecen juntas».
«(…) Che era un hombre de pensamiento profundo, de inteligencia visionaria, un hombre de profunda cultura. Es decir, que reunía en su persona al hombre de ideas y al hombre de acción».
Pero no es que reuniera esa doble característica de ser hombre de ideas, y de ideas profundas, la de ser hombre de acción, sino que Che reunía como revolucionario las virtudes que pueden definirse como la más cabal expresión de las virtudes de un revolucionario: hombre íntegro a carta cabal, hombre de honradez suprema, de sinceridad absoluta, hombre de vida estoica y espartana, hombre a quien prácticamente en su conducta no se le puede encontrar una sola mancha. Constituyó por sus virtudes lo que puede llamarse un verdadero modelo de revolucionario.
Estudiar al Che, conocer su obra, crecer guiados por su ejemplo es deber revolucionario. El mundo necesita hoy muchos Che.