El fulgor de un nombre

Fidel Castro Ruz en el pueblo
El fulgor de un nombre

Cuando Ángel Castro Argiz y Lina Ruz González, dieron el nombre de Fidel a su tercer hijo, el 13 de agosto de 1926 en el batey de Birán, ubicado en la actual provincia de Holguín, no conocían la significación de aquel nombre proveniente del latín, que en su versión en español significa «fiel, digno de fe». Sus padres estaban muy lejos de imaginar que ese nombre, marcaría por siempre el destino de su hijo.

Por:
Alba María Orta Pérez
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Cuando Ángel Castro Argiz y Lina Ruz González, dieron el nombre de Fidel a su tercer hijo, el 13 de agosto de 1926 en el batey de Birán, ubicado en la actual provincia de Holguín; lo hicieron en honor a un amigo de la familia que, en poco tiempo, se convertiría en el padrino del recién nacido, algo que nunca ocurrió; sin embargo, no conocían la significación de aquel nombre proveniente del latín, que en su versión en español significa «fiel, digno de fe» sus padres estaban muy lejos de imaginar que ese nombre, marcaría por siempre el destino de su hijo.

Durante su niñez, Fidel vivió experiencias que influyeron en la formación de su personalidad: la vida en contacto directo con la naturaleza, la primera estancia en Santiago de Cuba donde sufrió grandes penurias lejos del hogar, su paso por colegios religiosos que estimulaban la exploración en lugares difíciles y la práctica de deportes; el ejemplo de sus padres, que aun siendo los dueños del batey de Birán, eran personas generosas, de trabajo, que le permitían compartir de igual a igual con los niños de la finca, hijos de los trabajadores. 

Cuando finalizó el bachillerato en el Colegio de Belén, el padre Amando Llorente, su profesor, escribió en el libro de memorias:

Fidel Castro cursará la carrera de derecho y no dudamos que llenará con paginas brillantes el libro de su vida. Fidel tiene madera y no faltará el artista.

Guiado más por cuestiones éticas, morales y patrióticas que por una ideología definida, Fidel tomó, en su etapa universitaria, partido al lado de los opositores del gobierno de Grau San Martín, electo por la mayoría del pueblo, que frustró las esperanzas de sus electores.  En la Universidad de La Habana, institución emblemática, controlada en esa etapa por elementos del gobierno de Grau, Fidel comenzó a tomar conciencia de la situación política del país.

Los antiguos seguidores del gobierno, olvidados del compromiso que tenían con el pueblo, se hicieron dueños de la Universidad para evitar a toda costa, que surgieran otros líderes estudiantiles, así tenían el control de la institución y garantizaban el favor del gobierno. Fidel no se dejó influenciar por el ambiente corrupto que reinaba en la Universidad; por el contrario, decidió enfrentarlo a toda costa, a riesgo de su propia vida.

En este período, que podríamos llamar quijotesco, se hizo revolucionario, se opuso al hegemonismo, la violencia, el abuso, luchó por devolverle a la Universidad, la pureza que siempre la caracterizó. En cuarto año de la carrera dejó de ser un estudiante regular, pero se mantuvo en contacto con las luchas del estudiantado y organizó manifestaciones desde la escalinata de Universidad.

El golpe de Estado de Fulgencio Batista el 10 de marzo de 1952, marcó el camino a seguir; muy pronto, el 26 de julio de 1953, el nombre de Fidel cobró una fuerza mayor, el asalto a los cuarteles Moncada en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo, bajo su dirección, dio inicio a la lucha por la independencia definitiva de la nación. 

En el juicio por los sucesos del 26 de Julio, Fidel, en su condición de abogado, asume su propia defensa y en su alegato, conocido como La historia me absolverá, denuncia los males de la sociedad cubana de la época, el asesinato de sus compañeros de lucha y las mentiras utilizadas para impedir su presencia en el juicio. 

No obstante, Fidel y sus compañeros fueron condenados a prisión y desde allí, continuaron la lucha; su defensa, con un marcado espíritu martiano, devino en programa de lucha del movimiento revolucionario y de forma clandestina lograron circularlo entre los combatientes.

Antes de partir para el exilio redactó las siguientes declaraciones:

«Como martiano, pienso que ha llegado la hora de tomar los derechos y no de pedirlos, de arrancarlos en vez de mendigarlos. Residiré en un lugar del Caribe. De viajes como estos no se regresa o se regresa con la tiranía descabezada a los pies»
 
En octubre del año 1955, acompañado por Juan Manuel Márquez, Fidel viajó a los Estados Unidos y en el Hotel Park Garden de Nueva York, ambos líderes hablaron ante 800 compatriotas reunidos allí. En la puerta se vendió una edición de La Historia me absolverá. Aquella mañana Fidel expresó: «Puedo informarles con toda responsabilidad que en el año de 1956 seremos libres o seremos mártires. Esta lucha comenzó para nosotros el 10 de marzo, dura ya casi cuatro años y terminará con el último día de la dictadura o el último día nuestro»

Gran repercusión tuvo en Cuba la crónica publicada en Bohemia sobre lo ocurrido en el Park Garden de Nueva York, Fidel empeñó su palabra, el pueblo confiaba en él y el 25 de noviembre de 1956, salió de Tuxpan en el yate Granma, al frente de la tropa que iniciaría en Cuba, la insurrección popular armada.

En conversaciones con la periodista Katiuska Blanco, familiares de Fidel afirmaban que don Ángel, su padre; cuando se acercaba la fecha en que Fidel había prometido volver, aseguró que su hijo, cumpliría su palabra. 

La lucha en la Sierra Maestra duró dos años y un mes, el pequeño ejército Rebelde en ese corto tiempo, enfrentó y derrotó al poderoso ejército de Batista; superior en fuerzas y medios; una verdadera hazaña.
El primero de enero de 1959, se proclama el triunfo de la Revolución, los rebeldes entran triunfantes en Santiago de Cuba, en su discurso, en aquella ocasión, Fidel expresa:

«Tengo la satisfacción de haber creído profundamente en el pueblo de Cuba y de haberles inculcado esa fe a mis compañeros. Esa fe, que más que una fe es una seguridad completa en todos nuestros hombres. Y esa misma fe que nosotros tenemos en ustedes es la fe que nosotros queremos que ustedes tengan en nosotros siempre»

Y el 8 de enero de 1959, con su entrada triunfante en la Habana, en el campamento militar de Columbia, antiguo Estado mayor del Ejército de la tiranía de Batista, expresó:

«Sé, además, que nunca más en nuestras vidas volveremos a presenciar una muchedumbre semejante, excepto en otra ocasión —en que estoy seguro de que se van a volver a reunir las muchedumbres—, y es el día en que muramos, porque nosotros, cuando nos tengan que llevar a la tumba, ese día, se volverá a reunir tanta gente como hoy, porque nosotros ¡jamás defraudaremos a nuestro pueblo!»

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Fidel en el pueblo

Fueron inolvidables aquellos momentos en que el triunfo de la Revolución llevó la alegría a los hogares cubanos, el nombre de Fidel se convirtió en símbolo de la victoria: ¡Fidel, Fidel, Fidel!, su nombre retumbaba en los actos y desfiles patrióticos, en las puertas de las casas se leían carteles: ¡Gracias, Fidel!, ¡Esta es tu casa, Fidel!

En su desempeño al frente de la Revolución Cubana, Fidel se hizo cada vez más grande ante los ojos del pueblo, de inmediato se instrumentó el programa del  Moncada, con la ley de Reforma Agraria y demás leyes revolucionarias, el pueblo ratificó su confianza en la Revolución. La impronta de Fidel dejó una estela de cariño, admiración y respeto indescriptible: Fidel en Girón, en las fábricas, en los campos, en los hospitales, en medio de furiosos huracanes, en las escuelas, en tribunas internacionales defendiendo nuestra verdad y el derecho de los seres humanos a la vida en un mundo de paz. Su ejemplo personal rebasa todos los límites. Como dijo el poeta: Las masas son la fuerza edificante / Nada puede vencer a ese gigante/ pero a la historia no la mueve el viento/. Entre los hombres se destaca un hombre/ que, colectivizando un pensamiento/ Resume al pueblo en el fulgor de un nombre. 

Fidel partió al encuentro con la historia el 25 de noviembre de 2016, el mismo día en que años atrás, en 1956, salió de Tuxpan en el yate Granma rumbo a la patria para cumplir la palabra empeñada.

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Despedida del pueblo a Fidel

Las muchedumbres se reunieron una vez más, esta vez para acompañarlo a lo largo de la Isla a su cita con Martí y otros próceres de nuestra independencia, en el trayecto, su nombre retumbaba Yo soy Fidel, Ahí viene Fidel; el nombre escogido por sus padres el día de su nacimiento, resultó ser una señal de eternidad; Fidel fue, es y será por siempre, un hombre fiel, un hombre digno de fe.

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