Para Fidel, el Che era un verdadero modelo de revolucionario; no solo por su doble condición de hombre de pensamiento y acción, sino por sus virtudes: hombre íntegro a carta cabal, de honradez suprema, de sinceridad absoluta, de vida estoica y espartana, a quien no se le puede señalar una sola mancha en su actitud.
El 8 de octubre de 1967, Fidel tuvo acceso, a través de un cable noticiario, a la información relacionada con los sucesos ocurridos en la quebrada del Yuro, Bolivia, donde se aseguraba que la guerrilla del Che había sido ultimada y que el comandante Guevara había caído en combate. Fidel dio por cierta la noticia, aunque la información de aquellos cables generalmente resultaba falsa, él aseguraba que era imposible construir una mentira que se ajustara, con tanta exactitud, a la única forma posible de destruir la guerrilla.
Después se comprobó la veracidad de lo ocurrido. El gobierno revolucionario conocía del peligro que corría la vida del Che desde hacía meses; sin embargo, el golpe no pudo ser más fuerte. En lo personal, a Fidel le parecía imposible, no lo podía creer. En varias ocasiones habló del dolor, del sufrimiento que le causó la pérdida del Che, aunque aseguró que su presencia era tan fuerte, tan poderosa, tan intensa, que resultaba muy difícil concebir su muerte; él seguía viviendo en su recuerdo, en sus sentimientos; y muchas veces en sus sueños.
Cuando lo conoció en México, ya Raúl y Ñico López le habían hablado del médico argentino que había estado en Guatemala; Fidel quiso conocerlo, contaba que andaba sin dinero y pasando mucho trabajo; aunque tenía un modesto empleo en un hospital y recorría las calles del DF como fotorreportero deportivo de una agencia argentina.
Durante una larga conversación que sostuvo con él apenas sin conocerlo, Fidel descubrió a un hombre muy progresista; ya se había percatado de la simpatía que despertaba en la gente y fue entonces que lo conquistó para que se uniera a la expedición del Granma.
Fidel recordaba su carácter rebelde, sonreía al recordar cuando estuvieron presos en México, y en vez de ser discreto, había complicado la situación al enfrentar a la policía y a los jueces mexicanos, se declaró marxista leninista y expuso las diferencias entre el socialismo y el capitalismo. ¡Quién iba a imaginarse -decía Fidel- que haría después todo lo que hizo y que se convertiría en lo que es hoy: un símbolo universal! La dirección del movimiento lo reclutó en aquel entonces como médico de la expedición.

Fidel Castro junto al Che en una celda de la cárcel migratoria de Miguel Schultz en Ciudad de México, julio de 1956
Muchos son los recuerdos de la lucha en la Sierra Maestra. El Che se destacó por su valentía, fue el primer oficial ascendido al grado de comandante; pero hay un gesto del Che que conmovió a Fidel de sobremanera; en una ocasión estuvo, por su condición de médico, al frente de la atención a un grupo de heridos, había soldados nuestros y soldados enemigos; a la hora de partir, comenzó el traslado de los heridos, pero había uno, que no tenía salvación; al Che no le quedaba otra alternativa que dejarlo allí. Cuenta Fidel que cuando le informó lo sucedido, le confesó que, ante tal situación, se había inclinado sobre el soldado herido y lo había besado en la frente.
Fidel aseguraba que se equivocaban los que cantaban victoria creyendo que su muerte era la derrota de sus ideas, de sus tácticas, de sus concepciones guerrilleras, de sus tesis; porque aquel hombre que cayó como un hombre mortal que se exponía muchas veces a las balas; como militar, como jefe, es mil veces más capaz que aquellos que con un golpe de suerte lo mataron.
La muerte del Che estremeció sin duda alguna, a los revolucionarios del mundo, Fidel explicaba entonces cómo afrontar ese golpe adverso, cómo enfrentar esa pérdida, reflexionaba sobre cuál sería la opinión del Che si tuviera que emitir un juicio sobre este particular y se remitió entonces al mensaje escrito por el Che a la conferencia de solidaridad con los pueblos de Asia, África y América Latina. En ese mensaje está la esencia de lo que pensaba el Che: «en cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ese, nuestro grito de guerra haya llegado hasta un oído receptivo y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas». Fidel aseguraba que ese grito llegaría no a uno, sino a millones de oídos receptivos y no a una mano, sino a millones de manos que, inspiradas en su ejemplo, se tenderían para empuñar las armas.
El Comandante en Jefe afirmó, que cuando el Che empuñó de nuevo las armas, no concibió un triunfo inmediato sobre las oligarquías y el imperialismo, su mente de combatiente experimentado estaba preparada p
ara una lucha prolongada de 5, 10, 15, de 20 años si fuera necesario. Aseguró que el Che estaba dispuesto a luchar toda la vida. Con esa perspectiva en el tiempo, es que debíamos decir que la muerte del Che tendría una repercusión tremenda. En el campo de las ideas, de los sentimientos, en el campo de la inteligencia, aparte de sus virtudes militares, es donde nosotros sentimos la tremenda pérdida que para el movimiento revolucionario ha significado su muerte.

Para Fidel, el Che era un verdadero modelo de revolucionario; no solo por su doble condición de hombre de pensamiento y acción, sino por sus virtudes: hombre íntegro a carta cabal,
de honradez suprema, de sinceridad absoluta, de vida estoica y espartana, a quien no se le puede señalar una sola mancha en su actitud. Un hombre extraordinariamente sensible, que ha legado a las generaciones futuras no solo su experiencia guerrillera sino su obra intelectual, según Fidel, escribía con la virtuosidad de un clásico de la lengua y aseguraba que algunos de sus escritos pasarían a la posteridad como documentos clásicos del pensamiento revolucionario.
No dudamos –decía Fidel- que sus ideas, tanto como hombre de acción, como hombre de pensamiento, como hombre de acrisoladas virtudes morales, como hombre de insuperable sensibilidad humana, como hombre de conducta intachable, tienen y tendrán un valor universal.
Para Fidel, el dolor por la muerte del Che, no se limita a la pérdida de un hombre de acción, duele que se haya perdido un hombre virtuoso, un hombre de exquisita sensibilidad humana, duele la inteligencia que se perdió. Duele que solo tenía 39 años y duele pensar cuántos frutos de esa inteligencia y de esa experiencia no pudimos percibir.
El enemigo creyó que, si lo eliminaba físicamente y desaparecía sus restos mortales, lograría destruir sus virtudes y su ejemplo. Aún nos estremecen las palabras de Fidel cuando expresó:
«Che no cayó defendiendo otro interés, defendiendo otra causa que la causa de los explotados y los oprimidos en este continente; Che no cayó defendiendo otra causa que la causa de los pobres y de los humildes de esta Tierra. Y la forma ejemplar y el desinterés con que defendió esa causa no osan siquiera discutirlo sus más encarnizados enemigos.
«Y ante la historia, los hombres que actúan como él, los hombres que lo hacen todo y lo dan todo por la causa de los humildes, cada día que pasa se agigantan, cada día que pasa se adentran más profundamente en el corazón de los pueblos».
_______________________
Fuente:
Blanco Castiñeira Katiuska. Fidel Castro Ruz, guerrillero del tiempo (Primera parte)
Fidel Castro Ruz. Discurso en la velada solemne por la muerte del Che Guevara, Plaza de la Revolución.