Fidel y Allende, unidos en la historia

Fidel Castro Ruz y Salvador Allende
Fidel y Allende, unidos en la historia

Días después de la entrada en la Habana de la Caravana de la Libertad en enero de 1959, el político de izquierda chileno, Salvador Allende, decidió visitar la isla motivado por la Revolución triunfante, quería vivir la experiencia extraordinaria de un pueblo enardecido ante la colosal victoria del Ejército Rebelde, frente a la tiranía batistiana.

Por:
Alba María Orta Pérez
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Durante su estancia en la Habana contactó con Carlos Rafael Rodríguez, a quien había conocido en Chile y admiraba por sus valores como hombre e intelectual revolucionario. Carlos Rafael sabía lo que representaba para Salvador Allende, conocer más a fondo el proceso que se estaba viviendo en Cuba y le propuso que se acercara a los líderes de la Revolución. Allende aceptó y le pidió lo pusiera en contacto con algunos dirigentes.

El primer contacto fue con el Che, quien lo recibió en la Cabaña, conversaron libremente, sin protocolos; resultó que el Che sabía muy bien quien era Salvador Allende, había escuchado sus discursos en la campaña presidencial de 1952; durante aquella conversación, Allende pudo apreciar la calidad intelectual del Che, su visión continental y su concepción realista de la lucha de los pueblos. El Che lo contactó con Raúl y finalmente, se reunió con Fidel.

En aquel encuentro, Allende descubrió la grandeza de Fidel y fue tanta su simpatía por el proceso revolucionario cubano y sus líderes que, desde entonces todos los años, hasta 1968, vino a Cuba a celebrar junto a su pueblo.

Conocer el historial revolucionario de Salvador Allende, también conmovió de sobremanera a Fidel, fueron muchas las acciones que justificaron el respeto que llegó a sentir por ese chileno de izquierda, gran amigo de Cuba, que posteriormente fue postulado por el Partido de la Unidad Popular.

El 4 de septiembre de 1970, Fidel esperó en el periódico Granma, las informaciones de los comicios en Chile y cuando supo el resultado a favor de Allende, pidió destacar en la portada, que el triunfo era sobre el imperialismo; escribió un saludo y estampó su firma junto a la de todos los que estaban con él.

El 10 de noviembre de 1971, Fidel aterrizó en Antofagasta, Chile, para dar paso a una visita que constituye hoy, uno de los hitos más relevantes durante el gobierno de la Unidad Popular. La visita se extendió durante tres semanas, en las que se establecieron las bases de cooperación mutua entre ambos países.

Fue una visita intensa, el líder cubano recorrió Antofagasta, Santa Cruz, Santiago y Puerto Montt entre otras ciudades, visitó fábricas, minas, centros universitarios, lo que le permitió intercambiar con obreros, mineros, estudiantes… nunca olvidó Fidel aquella visita, el calor de ese pueblo, la alegría con que lo recibieron en todas partes, fueron concentraciones masivas; el acto de despedida fue el 2 de diciembre en el Estadio Nacional de Santiago de Chile.

En esta ocasión el Presidente chileno, Salvador Allende, declaró que al invitar a Fidel Castro interpretaba el anhelo del pueblo de Chile, que había manifestado siempre marcado interés por la presencia del líder cubano en ese país austral «Cuba es una nación vinculada a la historia de América Latina, Fidel Castro representa a una auténtica revolución y queremos intensificar los tradicionales lazos amistosos que siempre han existido entre nuestros países».

El golpe Estado del 11 de septiembre de 1973, sorprendió a Fidel en viaje con destino a Vietnam; el impacto fue indescriptible, le dolía pensar que se había hecho realidad lo que dijo al pueblo chileno en el Estadio Nacional sobre el fascismo, el peligro que representaba el hecho de que la derecha recalcitrante viera amenazados sus intereses; dijo que no había nada más violento, ilegal y retrógrado que el fascismo. En varias de sus intervenciones durante aquel inolvidable viaje, hizo alusión al peligro fascista que asechaba en el país andino; a él no le quedaba la menor duda de que no se quedarían con los brazos cruzados.

En la Universidad Técnica del Estado de Santiago de Chile expresó:

«… ese espíritu que vemos en la juventud es el espíritu que puede dar la batalla. Ese espíritu de las masas es lo que puede contener la ofensiva fascista que asoma sus orejas»

Y en el encuentro que sostuvo con las mujeres de la Unidad Popular en un estado de Santiago de Chile expresó:

«Si las mujeres están al lado de la Revolución ¡las momias no pasarán, los fascistas no pasarán!»

El 28 de septiembre de 1973, el pueblo cubano rindió homenaje a Salvador Allende en la Plaza de la Revolución; en aquel histórico acto, Fidel citó las palabras de Salvador Allende en el Estadio Nacional de Santiago de Chile:

Se los digo con calma, con absoluta tranquilidad: yo no tengo pasta de apóstol ni tengo pasta de Mesías. No tengo condiciones de mártir. Soy un luchador social que cumple una tarea, la tarea que el pueblo me ha dado. Pero que lo entiendan aquellos que quieren retrotraer la historia y desconocer a la voluntad mayoritaria de Chile: sin tener carne de mártir, no daré un paso atrás. Que lo sepan: dejaré la Moneda cuando cumpla el mandato que el pueblo me diera.

Que lo sepan, que lo oigan, que se les grabe profundamente: defenderé esta Revolución Chilena y defenderé el Gobierno Popular, porque es el mandato que el pueblo me ha entregado. No tengo otra alternativa. Solo acribillándome a balazos podrán impedir la voluntad que es hacer cumplir el programa del pueblo.

Con un fusil obsequiado por Fidel Castro, Allende combatió a los traidores fascistas que atacaron la Moneda, y tal como había afirmado, no pudieron lograr que se rindiera; en aquel acto de solidaridad con el pueblo de Chile y de homenaje a Salvador Allende, Fidel expuso con toda claridad, lo acontecido durante el enfrentamiento a partir del testiminio de los sobrevivientes que estuvieron con el Presidente aquella mañana y lo vivido por su hija Beatriz junto a su padre, esencialmente su preocupación por los compañeros que estaban desarmados, por las mujeres, ese aspecto humano que lo carcaterizó hasta el final; los testimonios permiteron reconstruir los hechos y dar a conocer la resistencia de Allende y sus compañeros de lucha.

Al concluir el relato afirmó:

El Presidente no solo fue valiente y firme en cumplir su palabra de morir defendiendo la causa del pueblo, sino que se creció en la hora decisiva hasta límites increíbles. La presencia de ánimo, la serenidad, el dinamismo, la capacidad de mando y el heroísmo que demostró, fueron admirables.  Nunca en este continente ningún Presidente protagonizó tan dramática hazaña. Muchas veces el pensamiento inerme quedó abatido por la fuerza bruta.  Pero ahora puede decirse que nunca la fuerza bruta conoció semejante resistencia, realizada en el terreno militar por un hombre de ideas, cuyas armas fueron siempre la palabra y la pluma.  

Salvador Allende demostró más dignidad, más honor, más valor y más heroísmo que todos los militares fascistas juntos.  Su gesto de grandeza incomparable, hundió para siempre en la ignominia a Pinochet y sus cómplices.  

Ante la violencia extrema desatada a raíz del golpe: la persecución, la tortura, el crimen; Cuba abrió sus puertas a miles de chilenos, que aquí encontraron refugio, calor humano y un pueblo entero dispuesto a protegerlos. A los 53 años de aquellos sucesos, el ejemplo de Salvador Allende es un arma de combate frente al fascismo que gana terreno en nuestros días.  Hay que salvar la historia, hacerle honor a los héroes y mártires de «Nuestra América» verdaderos defensores de la paz, la solidaridad y la amistad entre los pueblos.  

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Materiales consultados
-    Yurina Piñeiro Jiménez- Artículo: Fidel y Allende: anécdotas de mutua admiración. Cubadebate.
-    Discurso pronunciado por Fidel Castro Ruz el 28 de septiembre de 1973.

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