Fidel y el concepto de Revolución, una mirada 26 años después

Fidel Castro Ruz
Fidel y el concepto de Revolución, una mirada 26 años después

Es un instrumento de lucha ideológica que no debe ser descompuesto en sus partes, sino analizado en su integralidad, como concepto indivisible, y para sembrar ideas, conciencias como armas contra la agresión imperialista.

Por:
MSc Abel Aguilera Vega
Fuente
Granma
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El pasado 1ro de mayo se cumplió 26 años del concepto de Revolución esbozado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Tal vez ninguna otra de sus definiciones tomó tamaña dimensión histórica como la pronunciada en la Plaza de la Revolución, al decir del General de Ejército Raúl Castro Ruz: «la quintaesencia del trabajo político-ideológico».

¿Pero qué hace tan trascendente esta conceptualización?

A lo largo de su vida política, tanto la construcción del proceso revolucionario cubano como su impacto en el mundo, y en especial en los pueblos del Tercer Mundo, fue objeto de múltiples reflexiones por parte de Fidel Castro Ruz. En fecha tan temprana como enero de 1959 reflexionaba: «Me duele pensar en lo que sería el destino de América si esta Revolución es aplastada, porque esta Revolución, (...) debe constituir para los pueblos de América una esperanza».

Y en la medida en que el proyecto revolucionario se fue consolidando, y que «todo lo que parecía imposible fue posible», el máximo líder de la Revolución se percataba de que se había hecho «una Revolución más grande que nosotros mismos», mucho más grande que los sueños de justicia que llevaron a la Generación del Centenario al Moncada, en 1953.

Después de Girón, la Revolución había traspasado los umbrales de las más básicas medidas de justicia social, y se encaminaba hacia la construcción del socialismo, proyecto que no contaba con precedentes desde el poder en Cuba ni en América Latina que ayudaran a comprender tamaña transformación social; hecho agravado por la peculiaridad cubana de haber pasado, en un tiempo histórico muy corto, de una colonia española –junto con su herencia de subdesarrollo, racismo, etc–, a un nuevo sistema de dependencias mucho más fuertes y sutiles, basadas en lazos económicos, políticos y culturales que agravaron las deformaciones heredadas de la colonia.

Si bien los principales pensadores del marxismo constituían invaluables referentes, no como dogma, sino como método, los «manuales soviéticos» no se ajustaban a la realidad caribeña que la Revolución se proponía transformar, por lo que esta tuvo que pensarse a sí misma, teniendo conciencia de su propio «sentido del momento histórico», sin seguir esquemas ni manuales importados; y fue Fidel, en su condición de intelectual de primera fila, quien encabezó esa batalla.

La autoctonía será una de las claves de la supervivencia de la Revolución Cubana en las siguientes décadas, en especial para afrontar el periodo especial.

Una Revolución para todos los tiempos 

Fidel, profundo conocedor de nuestra historia, sabía de primera mano que el de «revolución» fue un término manipulado y desprovisto de sus esencias ideológicas durante la primera mitad del siglo xx. Tanto Grau, Prío como Masferrer, por citar algunos ejemplos, se autodefinieron revolucionarios, y de la misma manera Batista intentó manipular el cuartelazo de marzo de 1952, que contó con la enérgica réplica del joven Fidel Castro Ruz en ¡Revolución no, zarpazo!

Para Fidel, no cabían en un mismo concepto Martí, Maceo, Mella o Guiteras con los políticos tibios y genuflexos de la República, aunque hubiesen tenido alguna participación en la gesta de los años 30.
Ello justifica, desde el punto de vista histórico, político y teórico, su conceptualización del año 2000, y ahí radica uno de los mayores valores del concepto fidelista: su capacidad de distanciarse de las revoluciones burguesas y colonialistas engendradas desde las entrañas del capitalismo. Por su contenido, el concepto de Revolución de Fidel es incompatible con estas y sus engendros individuales de cualquier época.

«Revolución» es un concepto avanzado, que más allá de la coyuntura histórica particular en la que se expresa, trasciende los marcos de una época o proceso socialista en particular. Más que una mirada al pasado, es una proyección al futuro, un referente político para las fuerzas de izquierda y un reflejo del humanismo de la Revolución Cubana, así como resultado de la unión coherente del pensamiento martiano y marxista como peculiaridad del proceso cubano.

Aunque en múltiples ocasiones Fidel conceptualizó el proyecto político cubano, la definición del 2000 es el resultado de la maduración definitiva de una idea cuyo autor había tenido el raro privilegio de permanecer en la conducción de la sociedad cubana por más de cuatro décadas, y de haber podido estudiar y observar diversos procesos revolucionarios del Tercer Mundo, la mayoría imposibilitados de sostenerse en el tiempo en su pugna con el imperialismo y sus propias contradicciones.

Además de su valor humanista y filosófico, «Revolución» es un instrumento de lucha ideológica que no debe ser descompuesto en sus partes, sino analizado en su integralidad, como concepto indivisible. No pretende ser una receta de lo que hay que hacer, sino un referente de lo que es imprescindible no obviar; suponer lo contrario sería mancillar el pensamiento y la conducta ética y antidogmática de Fidel.

Es un instrumento para sembrar ideas y conciencias como armas contra la agresión imperialista; y constituye precisamente esta la idea defendida por Fidel, como preámbulo a su histórico enunciado: «Nuestras armas han sido la conciencia y las ideas que ha sembrado la Revolución a lo largo de más de cuatro décadas». Inmediatamente después de leer su concepto de Revolución, acotó: «En términos reales y concretos, nos hemos enfrentado durante 41 años a la más poderosa potencia que jamás haya existido en el mundo (...)», una afirmación a través de la cual dejaba claro que las ideas antes expresadas traspasaban el contexto particular de la batalla por el regreso del niño Elián González, una de las agresiones más grotescas del imperialismo, y en la cual la Isla estaba volcada para ese entonces.

Veintiséis años no han sido suficientes para realizar una mirada reflexiva desde todas las aristas posibles al concepto de Revolución, pero basta ese tiempo para considerarlo un texto clásico de la literatura política latinoamericana.

 

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