Fidel y la democracia en Cuba

La ANPP es el poder superior del estado cubano
Fidel y la democracia en Cuba

A propósito de cumplirse 50 años de la creación de los órganos del poder popular, el pasado 24 de febrero, viene al caso revisar uno de los aspectos más singulares de la experiencia revolucionaria cubana, es decir, el sistema político existente, fruto en gran medida del pensamiento y las proyecciones del Comandante en Jefe.

Por:
Francisco Delgado Rodríguez
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La definición de democracia merece en sí mismo una presentación extensa, y como se manifiesta hoy en día en el mundo. Sin embargo, se puede y se debe afirmar que la existente en Cuba es de las más avanzadas, si se quiere la más fiel al concepto histórico, del poder del pueblo. 

Al respecto, Fidel precisó en numerosas ocasiones ese carácter democrático del sistema político cubano, desde el mismo inicio del gobierno revolucionario. 

En un discurso el 1 de mayo de 1960 dejó establecido que: « Democracia es aquella en que la mayoría cuenta; democracia es aquella en que los intereses de la mayoría se defienden; democracia es aquella que garantiza al hombre, no ya el derecho a pensar libremente, sino el derecho a saber pensar, el derecho a saber escribir lo que se piensa, el derecho a saber leer lo que se piensa o piensen otros; el derecho al pan, el derecho al trabajo, el derecho a la cultura, y el derecho a contar dentro de la sociedad.  ¡Democracia, por eso, es esta, esta democracia de la Revolución Cubana!  

De manera que el sistema o modelo político cubano es genuinamente democrático, auténticamente popular, donde el sujeto pueblo es el centro de todas las decisiones.

Entender sus características y el enfoque que el Comandante en Jefe le daba a tan estratégico asunto, resulta no solo una necesidad de conocimiento general, sino de índole político, ya sea para el debate, como para la defensa de la revolución propiamente dicho, en virtud de que uno de los ataques del enemigo, más sostenidos en el tiempo, ha sido precisamente cuestionar la falta de libertades, de democracia, dicen, simplemente porque la organización, objetivos y formas de actuar del modelo cubano, difiere de las llamadas democracias “liberales” o democracia liberal burguesa, que como su nombre lo dice, existe para garantizar los privilegios de esa clase social en particular, en detrimento del resto de la sociedad.

Después de los primeros años tras el triunfo de las armas guerrilleras comandadas por Fidel, la dirección del país decidió implementar un proceso que denominaron de institucionalización de la Revolución, colosal tarea que se concretó en 1976, y que en rigor ha requerido actualizaciones, al ritmo de la propia dialéctica política y de las transformaciones socio económicas que ha desarrollado el proceso revolucionario, en sus 6 décadas de existencia.

El proceso de institucionalización arrancó entonces con la creación de los órganos del así llamado poder popular, que además de las instituciones gubernamentales creó novedosas estructuras de naturaleza parlamentaria o consultiva desde el nivel municipal, pasando por el provincial y coronando el sistema con un parlamento unicameral, la Asamblea Nacional del Poder Popular, ANPP.

La ANPP es el poder superior del estado cubano, cuya legitimidad emana de la representación que la integra, así como por su rol de fiscalización y desde luego, de aprobación de las normas con carácter de leyes de la nación. Esta especificidad, de ser el poder superior, es una de las más notorias singularidades del modelo político cubano.

Puede decirse que la ANPP es la columna vertebral del sistema político en Cuba y a ella se subordina el gobierno o poder ejecutivo y el poder judicial, lo cual supone una diferencia respecto a otros países donde predomina, al menos en teoría, la llamada separación de poderes. También en Cuba el sistema judicial actúa con independencia y en base al universo de leyes que lo rigen, así como el gobierno que tiene roles claramente especificados en la Constitución, pero el poder supremo descansa en la ANPP. 

Esta concepción, donde todo se subordina al parlamento, es fruto del pensamiento revolucionario avanzado, que debe mucho a los conceptos de democracia del Comandante en Jefe. De allí que en la primera reunión constitutiva de la ANPP, el 2 de diciembre de 1976, Fidel insistiera en que : « El poder del pueblo se ejerce a través de la Asamblea Nacional del Poder Popular».

Otro elemento específico del sistema democrático cubano alude a la forma que se eligen a los delegados del poder popular, parecidos en cuanto a algunas de sus funciones a los llamados concejales de otros lugares, porque funcionan en el rango municipal. Hasta la constitución aprobada en el 2019, se elegían diputados provinciales, algo que se eliminó en base a la praxis política, que mostró la no necesidad de su existencia.

Las características de los que pueden ser electos son descritas por el Comandante en Jefe, en el propio discurso fundacional del 2 de diciembre de 1976, antes citado: Ni las riquezas, ni las relaciones sociales, ni la familia, ni la publicidad o la propaganda, como ocurre en la sociedad burguesa, deciden ni pueden decidir para nada el papel de un hombre en la sociedad.  Es el mérito, exclusivamente el mérito, la capacidad, la modestia, la entrega total al trabajo, a la Revolución y la causa del pueblo lo que determina la confianza que la sociedad otorga a cualquiera de sus hijos».

Los candidatos a delegados municipales son propuestos en asambleas de vecinos, evento en el que los asistentes proponen en primera instancia una terna de al menos dos personas, que finalmente son sometidos al voto popular en elecciones libres, siendo otra peculiaridad lo arriba establecido, relativo a que están prohibidas las campañas electorales y otras formas fraudulentas de enajenar la voluntad popular. 

Por su parte, los diputados provienen de una propuesta desde las asambleas municipales, que actúan a la sazón como suerte de colegio electoral. El 50% de los candidatos a diputados nacionales, deben ser a su vez delegados municipales, el resto son propuestas de las organizaciones sociales y de masas. 

Ni los delegados ni los diputados son remunerados por la labor legislativa que realizan. Este asunto, eventualmente polémico, fue concebido así respondiendo a una necesidad política e histórica de procurar una forma de funcionamiento éticamente intachable, diferente al existente en la etapa prerrevolucionaria donde predominaba el actuar corrupto, elitista y anti popular de los políticos electos, en los hechos asalariados de poderes espurios y usualmente anti populares. Ser concejal o diputado solía ser una fuente de enriquecimiento ilícito, contando para ello con la impunidad que el cargo garantizaba.

Como signo distintivo también en Cuba existe el principio de la rendición de cuentas periódicas, y el derecho revocatorio de los ciudadanos respecto a los funcionarios electos. Este concepto habilitó dejar en manos de los electores la continuidad de un delegado o un diputado en su cargo, en base a que cumpla con aquellas responsabilidades para las que fueron electos.

Otra diferencia fundamental tiene que ver con la existencia de un solo partido político en Cuba, como se sabe, el Partido Comunista de Cuba (PCC), lo cual también responde tanto a razones históricas, conceptualizado genialmente por el Apóstol José Martí, como al desafío existencial de la Revolución, siempre urgida de garantizar la unidad de todos los patriotas, para garantizar la soberanía nacional.

De manera que en este punto se precisa una de las atribuciones que tiene el PCC. La Constitución, así como los documentos rectores internos, definen meridianamente el papel que juega el PCC en el sistema político cubano, dejando claro que no puede postular, justamente por ser único, lo que desde luego no supone que se mantenga al margen de los procesos electorales. 

En resumen, el PCC no es una organización con fines electorales, a diferencia de la mayoría de las organizaciones partidarias existentes; su función es mucho más abarcadora, rectora de las decisiones estratégicas y en paralelo, existe en las bases mismas de la sociedad cubana, bajo el principio también constitucional de que al Partido nada le es ajeno.

Fidel le otorgó un papel trascendente al Partido, destacando su rol insustituible en el empeño de construir el socialismo en Cuba. En una de sus frases más icónicas aseguraba que "El Partido lo resume todo. En él se concretan las ideas, los principios y la fuerza de la Revolución." Y también el PCC es continuidad del legado de la obra inabarcable de Fidel y sus compañeros de lucha. Sin su existencia sería inconcebible la existencia misma de la Revolución cubana.

Otra experiencia de la democracia cubana, tiene que ver con el ejercicio de la crítica popular y la intervención del pueblo, no solo sus representantes electos, en la elaboración de proyectos de leyes que, tras ser enriquecidas, se debaten en la ANPP para ser aprobadas. 

Además de las asambleas multitudinarias donde se llevaba a votación determinadas posturas, eventos que se repitieron a principios de la Revolución, posteriormente se institucionalizó el análisis de determinados documentos en asambleas de vecinos, de trabajadores y en las organizaciones sociales, donde participan millones de personas sugiriendo cambios a determinados proyectos.

Algunos ejemplos son francamente impactantes, ya sea porque es el único país donde se pregunta al pueblo su opinión sobre la política económica en general, siendo emblemático el referido a los  Lineamientos de la Política Económica y Social (VI Congreso del PCC) que experimentó unas 1 200 modificaciones, tras la consulta popular, u otros asuntos más específicos, pero igualmente abarcadores como el proyecto del Código de la Familia, así como los que usualmente precedieron las modificaciones a la Constitución de la Republica.

La democracia cubana, soñada por Fidel y la generación que inició el proceso revolucionario es obviamente perfectible; sin embargo y más allá de que la propia vida establezca adecuaciones puntuales a la forma en que el poder popular funciona, siempre tendrá un “apellido”, no es ni será democracia a secas, de definición ambigua, ni liberal, mucho menos burguesa; el término de democracia en Cuba siempre estará acompañado de su carácter socialista, asunto irrevocable según el artículo 4 de la actual Constitución cubana. 

Está claro el asunto, para los que aún conservan la esperanza de aplicar formas “laberínticas” de destruir a la Revolución Cubana. Dentro del socialismo todo, fuera de este, nada, parafraseando al Comandante en Jefe en ocasión de su emblemático “Palabras a los intelectuales” del 30 de junio de 1961, ocasión en que sostuvo…..  “Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada” …. que, aunque dirigido a la intelectualidad cubana, en general constituye uno de los principios rectores de la democracia cubana.
 

 

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