Para Nuestra América, la colección de las Obras Escogidas del Comandante en Jefe resulta lo más significativo en cuanto a publicaciones que, tributan al entendimiento de la historia del pensamiento revolucionario. En general, es un aporte al conocimiento del marxismo leninismo y su aplicación a las luchas sociales y políticas.
La realización de las Obras Escogidas sobre el pensamiento del líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, por el Centro que lleva su nombre, constituye sin lugar a dudas uno de los acontecimientos editoriales más relevante en Cuba, durante el actual 2026.
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Con el debido matiz político e ideológico, podría decirse lo mismo para el resto de Nuestra América, siendo esta colección lo más significativo en cuanto a publicaciones que, tributan al entendimiento de la historia del pensamiento revolucionario, en esta región del mundo, y en general, un aporte al conocimiento del marxismo leninismo y su aplicación a las luchas sociales y políticas.
Procurando contribuir a la mayor divulgación posible de las Obras Escogidas, se concibió desarrollar un proyecto comunicacional, sobre algunos aspectos concretos de lo publicado en esta colección, referido a la vigencia del pensamiento del Comandante en Jefe en la conformación de la política exterior de la Revolución Cubana, comenzando por los Tomos 1 y 2, que recogen las ideas y el accionar del líder, justo hasta diciembre de 1958, es decir, antes del triunfo de la Revolución.
Asombra la temprana claridad de Fidel, sobre aspectos que a la postre, han sido medulares para el devenir de la política exterior cubana, pero que previamente fueron abordados por quien en los años que aludió al tema, era solo un líder estudiantil; se trata de la importancia que le dio a la unidad de Nuestra América, concepto que, como es conocido, forma parte del acervo político y cultural de la Revolución Cubana.
El proceso de unidad o la necesidad de alcanzar como región un elevado nivel de coordinación, es quizás uno de los desafíos más urgentes, y al unísono algo históricamente pendiente y necesario para los pueblos, que en su momento fueron colonias luso hispanas, y que oportunamente el prócer cubano, José Martí, renombró como Nuestra América, en un icónico ensayo (1).
Ciertamente esta unidad fue propósito y aspiración desde siempre, presente en la mayoría de los luchadores independentistas, que lideraron el proceso de descolonización americana, a principios del siglo XIX. Es un tema que merece su propia reflexión para entender lo obvio: solo uniéndose los países latinoamericanos tienen porvenir los millones de seres que allí habitan, tienen el mismo idioma, muy parecida historia, cultura y grado de desarrollo socio económico y hoy por hoy, con un mismo enemigo existencial, el Imperio estadounidense.
De ahí que Fidel, una vez inmerso en estudios, muchas veces auto didacta, sobre temas socio políticos y de economía universal y regional, llegara por su propia cuenta, a entender la urgencia de la unidad nuestra americana. Y es así, independientemente de lo complejo, en apariencia irreal, de dicha demanda, que para el momento que reflejan los Tomos 1 y 2, es decir, previo al triunfo de enero de 1959, para el futuro líder ya tenía un sentido esencialmente antimperialista.
Al unísono, hay dos acontecimientos políticos vinculados a la región americana, que absorben el interés de Fidel y que terminan contribuyendo desde el pensamiento y sobre todo de la praxis, a su idea de la unidad y su relevancia también, en el que hacer de las luchas populares.
Por un lado, el enfrentamiento que desde Cuba se organiza contra la sangrienta dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, y la otra es su participación en la organización de un congreso estudiantil a celebrarse en Bogotá, Colombia, en paralelo con la instalación de la Organización de Estados Americanos (OEA), institución que en lo formal ofrecía un espacio unitario pero contaminado, si se entiende el concepto, por la presencia protagónica de Washington, es decir, un ministerio de colonias de EEUU, como lo calificó oportunamente Raúl Roa, el primer canciller de la Revolución Cubana.
El verano de 1947 encuentra al joven estudiante universitario de 2do año de Derecho, Fidel Castro Ruz, inmerso en los preparativos de una expedición concebida para contribuir a la derrota de la añeja dictadura en República Dominicana (2). Esta allí como soldado, como bien explica, cuando años después se le interpela al respecto, aunque en algún momento asume una jerarquía en la estructura militar creada.
La incursión anti Trujillo, estaba básicamente impulsada desde el gobierno cubano, encabezado por Grau San Martin. Fidel, en ese momento presidente del Comité pro democracia en República Dominicana, decide incorporarse al grupo expedicionario, cuya misión debía concretarse en 1947. La desorganización que le caracterizó, así como la retirada del apoyo del ejército cubano, encargado de la asistencia logística y asesoría, derivó en un rotundo fracaso durante el proceso de embarque en Cayo Confites, en la actual provincia de Holguín, en el oriente cubano.
Del desastre de Cayo Confites, al líder cubano le quedó la experiencia, especialmente en materia de organización militar y lucha irregular. Pero en todo caso, revela con creces la importancia que tenía para el joven Fidel, involucrarse en proyectos de lucha emancipadora, no solo en Cuba, sino en el resto de la región (3).
Fidel viaja a Colombia en 1948; forma parte de una idea, concebida por él, de organizar un congreso estudiantil en Bogotá, donde como se expresó, está previsto realizar la ceremonia constitutiva de la OEA. Viaja con un relativo grado de representatividad de la Federación Estudiantil Universitaria de Cuba, (FEU) en tanto en ese momento, Fidel no está matriculado oficialmente, cursa asignaturas «por la libre», razón por la que no podía ostentar formalmente cargos de dirección estudiantil.
Sin embargo, para entonces el joven Fidel, con apenas 21 años, concitaba suficiente prestigio entre los demás estudiantes de la Universidad, otorgándole la legitimidad necesaria para desplegarse y conducir el desarrollo e instalación del mencionado congreso estudiantil latinoamericano.
En ese tiempo el futuro Comandante en Jefe, abrazaba reivindicaciones muy adelantadas para la época y en particular, para un universitario cubano de origen terrateniente. Además de presidente del Comité Pro democracia de Republica Dominicana, como ya se explicó, milita a favor de la independencia de Puerto Rico y por la descolonización en la región, incluido el regreso a la Argentina de las Islas Malvinas; además la devolución del Canal de Panamá; total solidaridad con el pueblo venezolano, que recién había derrotado a la tiranía de Pérez Jiménez; así mismo, solidario con el gobierno argentino de Perón, francamente enfrentado a los EEUU en ese momento, y en general, crítico de cualquier forma de tiranía, como la de Somoza, en Nicaragua.
En el trayecto a Colombia, Fidel hace escala en Venezuela y en Panamá. En estos lugares expone sus ideas, que bien deben calificarse de revolucionarias, recogidas oportunamente en los Tomos 1 y 2 de las Obras Escogidas.
Primera escala, Caracas. El futuro líder de la Revolución va entusiasmado, para conocer de primera mano que ha ocurrido allí; quiere sabe cómo hicieron para deshacerse del tirano de turno, el rol extraordinario jugado por las masas populares y cómo esta experiencia, bien puede servir también para Cuba y donde quiera que funcione una dictadura. En la ocasión intercambia con el presidente en funciones del país, el destacado político y literato venezolano, Rómulo Gallegos.
Tiempo después, ya como Comandante en Jefe de la Revolución, Fidel regresó a Venezuela, y da un discurso histórico en la popular Plaza El Silencio, el 23 de enero de 1959, en el contexto de los primeros esfuerzos del gobierno estadounidense, de aislar a la naciente Revolución Cubana. Explica la naturaleza de esta agresión, y aprovecha para agradecer las numerosas acciones de apoyo a la guerrilla que, apenas un mes atrás, combatía en la Sierra Maestra. Un mensaje: la solidaridad entre los pueblos, basamento, ya se verá, de la unidad de Nuestra América.
Continuando su periplo en dirección a Colombia, Fidel aterriza en Ciudad Panamá y el 30 de marzo de 1948, le dirige la palabra a cientos de estudiantes panameños, que quedan subyugados por la fuerza de las ideas del visitantes y la vehemencia convincente conque les habla; reconoce los sentimientos predominantes entre los jóvenes latinoamericanos, respecto a algunas de las reivindicaciones arriba destacadas, dice … «sabemos que así piensan y sienten los jóvenes de América Latina, cada vez más conscientes de sus grandes deberes, cada vez más convencidos de que es preciso estar estrechamente vinculados y unidos en la lucha por la defensa de los derechos de nuestra América» (4)… Nada que añadir, solo insistir, «estrechamente vinculados y unidos», he ahí la clave.
La experiencia en Colombia, referido al Bogotazo, como se conoce lo acontecido en Bogotá, a partir del 9 de abril de 1948, supera ampliamente el propósito de este artículo. Coloquialmente hablando, para el joven Fidel, los sucesos en los que participa, sin habérselo propuesto previamente, significan un antes y un después como luchador revolucionario. El propio Fidel lo refleja en la entrevista que le hiciera el periodista y escritor colombiano Arturo Alape, años después, en 1981, en La Habana.
Alape le pregunta en qué medida los hechos asociados al Bogotazo le influyeron. Respuesta de Fidel: … «Yo diría que la posibilidad de ver el espectáculo de una revolución popular absolutamente espontánea tiene que haber ejercido una influencia grande en mí. Podríamos decir que no me reflejaba algo nuevo, sino que me reafirmaba una serie de ideas y de concepciones que yo tenía: sobre el pueblo explotado, sobre el pueblo oprimido, sobre el pueblo que busca justicia»(5)...
Sobran evidencias de que el pensamiento nuestro americanista del líder histórico de la Revolución Cubana, está estrechamente vinculado al del Apóstol de la Independencia, José Martí Pérez; es una de las primeras fuentes de donde Fidel conforma su pensamiento a favor de las causas justas en esta región, al sur del Río Bravo.
En qué lugar mejor que México, para exponer un ejemplo de ese arraigo martiano en la concepción de la lucha latinoamericana. Está allí en calidad de exiliado, en plenos preparativos para retomar la lucha contra la tiranía batistiana. De esos tiempos, trasciende, por su singular actualidad y utilidad para la convocatoria a la lucha, su discurso del 9 de octubre de 1955, ante el monumento a José Martí ubicado en el bosque de Chapultepec, lugar sin igual en la capital azteca, donde se preserva parte de la heroica lucha de los mexicanos por su soberanía.
Dice Fidel, rodeado de seguidores, no solo mexicanos o cubanos exiliados, sino de otros latinoamericanos: … «América tiene que esperarlo todo de su juventud; América —dígase de una vez— no puede esperar nada, ni tiene nada que esperar de las oligarquías políticas en decadencia» ... es decir, lucha de clases, definición de quien es el adversario en estas tierras sufridas de Nuestra América, además del imperialismo estadounidense, el enemigo principal.
Y remata: … «La presente generación americana está en la obligación de tomar la ofensiva, está en la obligación de encender de nuevo el espíritu democrático, está en la obligación de disminuir las palabras y aumentar los hechos» … «¡Hago aquí la profesión de fe en América! ¡Y la hago con la fe que sentimos en nosotros mismos! ¡La hago con la seguridad de que América se va a terminar cansando, que América se está cansando, que América se está hastiando de tanta casta de politiqueros y de traidores y de opresores como está padeciendo! ¡Que el pensamiento de Martí y la espada de Bolívar van a volver a centellear en América!» …(6)
Como se aprecia, pareciera que estas palabras fueron expuestas para hoy, para el momento que viven los pueblos latino americanos. Si alguien buscaba un indicio, de la extraordinaria actualidad del pensamiento de Fidel Castro Ruz, dentro de ello, su estrecho vínculo con la realidad nuestra americana, bien debe leerse este discurso completo, y en rigor, todas las Obras Escogidas, donde abundan los ejemplos al respecto. El lector está debidamente convocado.
NOTAS AL PIE
1 Martí y Pérez, José. Ensayo Nuestra América. Centro de Estudios Martianos, 2018.
2- El gobierno dictatorial de Rafael Leónidas Trujillo se encontraba en el poder desde 1930 hasta 1961
3 En los tomos 1 y 2 de estas Obras Escogidas, no hay un abordaje detallado de estos sucesos, pero se recomienda, por ejemplo, un magnífico libro escrito por el autor cubano Vázquez García, Humberto. “Expedición de Cayo Confite”, Editorial Oriente, 2012. También se encuentran elementos de interés al respecto en Ramonet, Ignacio. “Fidel Castro Biografía a dos voces”. páginas 110/111. Editorial Debate, 2006.
4 Obras Escogidas de Fidel Castro Ruz. Discurso en la Universidad Nacional de Panamá marzo 30, 1948”. Tomo 1, página 9. Editorial Alejandro, 2026.
5 Alape, Arturo. “Fidel y el Bogotazo”. página 72. Editora Abril 2008
6 Castro Ruz, Fidel. Obras Escogidas. Tomo 1, página 274. Editorial Aejandro, 2026