Frei Betto habla sobre Fidel

Frei Betto
Frei Betto habla sobre Fidel

Frei Betto estuvo entre los invitados extranjeros presentes en el I Coloquio Internacional Fidel: legado y futuro que del 10 al 13 de agosto se estuvo celebrando en el Palacio de Convenciones de La Habana. El activista y teólogo brasileño contó cómo y en qué condiciones se dio ese primer encuentro con el Comandante, entre otras anécdotas acerca de su especial amistad con el lìder cubano.

Por:
Centro Fidel Castro
|
0
|

Share Everywhere

Frei Betto estuvo entre los invitados extranjeros presentes en el I Coloquio Internacional Fidel: legado y futuro que del 10 al 13 de agosto se estuvo celebrando en el Palacio de Convenciones de La Habana. El gran amigo de Fidel contó cómo y en qué condiciones se dio ese primer encuentro con el Comandante, y cómo surgió la idea de ese maravilloso libro que es Fidel y la religión, justo en el panel que se dedicó al tema.

A continuación, reproducimos parte del testimonio que ofreció aquella tarde en vísperas del cumpleaños 100 de Fidel en el pequeño salón del Palacio, que estuvo abarrotado de amigos de todas las partes del mundo que no querían dejar pasar la oportunidad de rememorar y debatir acerca de las ideas que Fidel dejó en aquel maravilloso libro a 40 años de su primera publicación.

El primer encuentro con Fidel

Tuve la oportunidad de conocer a Fidel en la noche del 19 de julio de 1980. Yo estaba con Lula, éramos los dos únicos brasileños invitados por el Frente Sandinista para las conmemoraciones del primer aniversario de la Revolución Sandinista. En ese momento el ministro de Relaciones Exteriores de Nicaragua era un cura, el padre Miguel D’Escoto, porque muchos cuadros preparados de Nicaragua eran gente de derecha, somocista y se fueron del país. Entonces para montar el primer Ministerio, el Frente Sandinista tuvo que convocar algunos sacerdotes de izquierda como los hermanos Cardenal y otros. 

En los actos oficiales habíamos visto a Fidel cerca de nosotros y yo estaba muy satisfecho de encontrarme con Fidel a 10 metros de mi, aunque no pudimos saludarlo. Fidel parecía azúcar en un hormiguero de gente que estaba alrededor de él. Lula y yo intentamos llegar, pero no lo logramos y ya estábamos consolados de que habíamos estado en el mismo espacio físico del Comandante. Pero por la noche D’Escoto nos invitó a la casa de Sergio Ramírez que era el vicepresidente de Nicaragua. Llegamos allí y nos dimos cuenta de que Fidel iba a llegar porque era una casa con un patio muy grande, de estilo español y había muchos guardias, soldados afuera y percibimos que llegaría Fidel y D’Escoto finalmente nos dijo: 

- Miren, Fidel viene aquí para hablar con los empresarios nicaraguenses que tienen mucho miedo de que la Revolución Sandinista va por el mismo camino de la Revolución Cubana y toca a Fidel tranquilizar a esa gente. 

Fidel llegó y muy educadamente saludó a cada persona que se encontraba allí. Y pensé que no me iba a lavar más la mano porque había saludado a Fidel fisicamente. Entró en la biblioteca de Ramírez y comenzó a recibir la cola de empresarios. Cuando eran las 2:00 de la madrugada nos dijeron que si nosotros teníamos interés de hablar con él. Y nosotros claro tenemos todo el interés de hablar y entramos en la biblioteca a las 2:00 de la madrugada y salimos a las 6:00 de la mañana. Bueno, -yo pensaba-, era la única vez en mi vida que voy a hablar con este hombre. Es una característica mía, soy una persona que como no tengo ninguna ambición soy muy sincera con los líderes políticos. Siempre expreso los cuestionamientos que tengo, las dudas, las críticas. Y le digo a Fidel: 

- Comandante yo tenía una pregunta que hacerle.

Y él me dijo que yo podía preguntar lo que quisiera. Y la primera pregunta que le hice fue:

- ¿Por qué el Partido Comunista Cubano y el Estado cubano son confesionales? 

- ¿Cómo confesionales?¡Nosotros somos ateos! - respondió. 

- Comandante profesar la fe en Dios o la negación de Dios es mera confesionalidad. Estamos en la modernidad que exige partidos y estados laicos que estén compuestos por creyentes y no creyentes. 
-Tú tienes toda la razón. Nunca había mirado el tema de esa manera. 

Y la segunda pregunta: 

- ¿Cómo la Revolución se relaciona con la iglesia católica? 

Yo conocía la historia porque la iglesia católica de Cuba había sido formada por la iglesia franquista de España. Entonces era una iglesia que era muy contraria a la Revolución, contraria a las iglesias protestantes históricas. Y a pesar de tener origen en Estados Unidos, entonces yo le pregunté a Fidel cómo era la relación con la iglesia católica. Y antes de que usted conteste yo le voy a dar tres hipótesis: la primera es que la Revolución persigue a la iglesia católica y si es así presta un buen servicio al imperialismo y quiere probar la incompatibilidad entre Revolución y religión. La segunda hipótesis es que la Revolución es indiferente a los católicos y si es así hace un favor a la contrarrevolución interna en Cuba porque muchos que quieren salir del país no pueden, pero al asociarse a las sacristías de las iglesias lo consiguen, y la tercera hipótesis es que la Revolución como ente jurídico representa a todo el pueblo cubano, aquellos que están de acuerdo y a aquellos que no están de acuerdo. Dialoga con todas las instituciones cubanas. ¿Cuál es la posición de ustedes? Fidel por segunda vez dijo: 

-Tú tienes toda la razón, estamos equivocados porque hace 16 años que no visito a un obispo católico. Si tú quieres ayudarnos en este acercamiento.

Y, yo le digo: 

- Comandante yo tengo dos problemas: primero para ayudar es necesario que los obispos estén de acuerdo, tengo que hablar con ellos y, el segundo problema es que yo vivo la dictadura de los años 80 en Brasil. Yo voy a correr un riesgo de venir a Cuba a hacer ese trabajo, pero si usted me invita yo voy a hablar con los obispos. 

Vengo a Cuba en 1981, me reuní con los obispos en el Santuario del Cobre en Santiago de Cuba. Ahí estaban todavía las armas de Fidel y Raúl porque su mamá era muy católica y le hizo prometer que si salían vivos de la guerrrilla depositaría las armas en el Santuario del Cobre. Entonces fui a hablar con los obispos. Fue una reunión de mucha tensión con todos los fantasmas anticomunistas en el aire. En un momento el presidente de la Conferencia Episcopal me dijo: 
-Betto vete a fuera que vamos a hablar entre nosotros.

Yo me quedé afuera por más de una hora. Cuando regresé me dijeron que estaban de acuerdo en que yo fuera ese puente. De ahí viene la palabra Pontífice que es el que hace puente, así que yo me hice Pontífice en este país, no en Brasil. Durante 10 años yo hice ese trabajo de puente entre la iglesia católica y la Revolución. Existieron muchos problemas, muchas tensiones de ambos lados. 

La entrevista

Un día tuve la idea de hacer una entrevista para un evento de jóvenes de Brasil sobre Cuba porque para que ustedes tengan una idea Cuba era una palabra tan censurada por la dictadura brasileña que cuando yo estaba en la cárcel nosotros recibíamos libros para leer y estudiar. Yo terminé mi curso de teología dentro de la cárcel. Entonces la visita nos daba la lista de los libros que nos traían y después los carceleros los revisaban y los libros pasaban la censura. Con la lista veíamos qué libros entraban y qué libro no entraba. Un día en la lista faltaba un libro y yo llamé al jefe de la cárcel y le dije: 

- Aquí falta un libro. 

- Este libro no puede entrar- me contestó 

- ¿Por qué no puede entrar? 

-  Porque aquí no entra libro que hable de Cuba. 

El libro se llamaba El cubismo, pero él decía que allí no entraba ningún libro que hablara de Cuba. 

Entonces yo tuve la idea de hacer ese librito y en la casa de Chomi, Fidel por razones de seguridad siempre vivió en La Habana clandestinamente y nadie sabía donde era su casa. Había muchos mitos, muchas leyendas. Fidel recibía a sus amigos en la casa de su asesor más personal que era Chomi Miyar. Entonces estábamos cenando y yo propuse: 

- Comandante yo tengo ganas de hacer una entrevista para hacer un librito para jóvenes. 

Yo había hablado antes con su asesora de prensa y me dijo: 

- Betto quita esa idea de tu cabeza. Hay una cola de tres mil pedidos de entrevistas y Fidel prioriza los periodistas y escritores de Estados Unidos por razones obvias. 

Tengo un principio de que hay que intentar lo imposible. Hay que intentar. Yo hablé con Fidel, y Fidel habló con Chomi y le preguntó cuando podía dar una entrevista a Frei Betto. Y Chomi dijo bueno en mayo tenemos una agenda más tranquila que él venga para la entrevista. Entonces me dije, bueno no voy a hacer una pequeña entrevista para un libro voy a hacer una gran entrevista sobre el tema que yo domino y sé que es parte de su historia personal, familiar que es la religión. Eso sucedió en febrero de 1985.

Yo preparé 64 preguntas y cuando llegué aquí en mayo del 85, él me llamó y me me dijo: 

- Betto, lamentablemente no vamos a poder hacer la entrevista porque acaban de inaugurar en Miami la Radio José Martí y no vamos a poder hacer la entrevista hoy. Tenemos que marcar otra fecha. 

Yo me sentí como el personaje Santiago del libro de Hemingway El viejo y el mar y me dije: o trato de pescar este tiburón ahora o se me escapa para siempre. Y yo empecé a insistir con Fidel para hacer la entrevista y hasta un momento en que él me preguntó:

-Y, ¿qué cosa quieres preguntarme? 

Empecé a leer las 5 primeras preguntas. Fidel dijo: 

-Puede parar, mañana empezamos. 

Fidel era un hombre cordial, que reacciona con el corazón. Fidel tenía mucho de emoción, de sentimiento, de empatía. A pesar de tener un cerebro privilegiado que parecía una computadora, sobre todo en Matemáticas, tenía una empatía muy fuerte con las personas. Tanto que podía hacer un discurso en la plaza de tres o cuatro horas y la gente no se iba. Como yo hacía preguntas muy familiares como, por ejemplo: ¿Cómo ha sido la educación religiosa que tu mamá dio en la familia? ¿Cómo ha sido tu formación en las escuelas católicas?, él se interesó por ese tipo de preguntas y durante 23 horas en cuatro sesiones distintas preparamos esa entrevista. 

El libro se publicó en 30 países del mundo en 23 idiomas. Aquí en Cuba se ha vendido más de un millón de ejemplares y fuera de Cuba más de dos millones. En total de 3 a 4 millones de ejemplares.

Anécdotas

Terminada la entrevista hubo unos hechos interesantes. Primero un día Fidel me llama por teléfono, la entrevista habia sido grabada en mayo del '85 y salió aquí en La Habana en noviembre del '85, y habiamos acordado que cada uno revisara su parte. Una cosa es la grabación y otra es preparar el texto. 

Él me llama y me dijo:

- ¿Usted puede venir a La Habana? porque es sobre nuestro libro. Yo tengo dos problemas que necesito conversar con usted. Primero yo sometí mi texto al Buró Político, pensaba que Fidel era el rey de Cuba y que Fidel no tenía que consultar a nadie sus ideas, y no. 

Bueno Fidel me dice: 

- Ellos hicieron muchas críticas, pero defendí nuestras ideas. Hay una crítica que ellos no aprobaron. Hay una frase mía que ellos no aprobaron. 

- ¿Cuál frase Comandante? 

- Cuando usted me pregunta: ¿Usted afirma que un cristiano puede ser comunista sin dejar de ser cristiano? Y, ¿si un comunista puede ser creyente sin dejar de ser comunista? Yo digo que estoy de acuerdo, pero el Buró Político no acepta esa segunda parte de mi respuesta y tenemos que quitar eso del texto. Eso es una decisión tuya y no tengo nada que decir sobre eso. 

Otro día los obispos me dijeron:

- Betto usted que tiene confianza con el Comandante y con el gobierno, nosotros no tenemos biblias nuevas. Las biblias de aquí son muy viejas, son ediciones muy antiguas. Entonces, ¿usted nos conseguiría unas biblias nuevas? 

Y yo le respondí que lo iba a intentar porque en Brasil no había biblias en español. Hablé con curas amigos de España que enviaron para acá cerca de 1000 biblias de una edición que considero my buena. Llegué a La Habana meses después. Yo había dicho que cuando llegaran las biblias que se las entregaran a los obispos. Fui a ver al responsable que atendía religión en el Comité Central y me confirmaron que las biblias habían llegado pero que se habían puesto todas las biblias en el sótano del Comité Central esperando a que yo llegase para saber que iban a hacer con ellas. Yo le dije que había que entregar inmediatamente a los obispos y me dijo que no era posible ¿Cómo no es posible? 

Y me responde.

- Los compañeros y compañeras del Partido ya se llevaron todas las biblias. Uno venía y decía mira yo necesito una biblia porque mi abuela es muy creyente y quiere una biblia. Otro decía mi hijo en la escuela está haciendo un análisis de un discurso donde Fidel utiliza una imagen biblica sobre la lucha de David contra Goliat y quiere saber donde está esa imagen en el texto biblico y se llevó otro ejemplar y así terminaron todos los ejemplares. 
Bueno que hacer, intentaré buscar más biblias para la iglesia católica. Al menos me consolé que mejor los comunistas que los creyentes. 

Por la tarde estaba en una casa y Fidel llegó de sorpresa como a las tres de la tarde. Fidel era muy preguntador, una cosa curiosa. No era que preguntara ¿qué piensa del neoliberalismo? sino ¿qué tú has comido hoy en el almuerzo?, y así ese tipo de preguntas ¿Cómo es su vida en el convento donde vive? ¿Cuántos frailes son? Fidel preguntaba muchísimas cosas. Su capacidad de tener mucha información era la capacidad de sacar información en los diálogos. Y me preguntó: 
- ¿Qué hiciste por la mañana? 

Y yo le conté y él me dijo: 

- ¿Se terminaron todas las biblias? 

-Si. 

- Y, ¿no quedó ninguna para mí? 

Yo le digo.

- Comandante siempre que vengo aquí traigo mi ejemplar en español. No sobró ninguna y le voy a dar mi ejemplar. Y la dedicatoria que puse fue: “a Fidel en quien Dios tiene mucha fe”. 

Es muy curioso que después que Fidel salió del gobierno cada vez que yo venía aquí él me invitaba a su casa. Hubo una situación muy curiosa un día en que estaba en Casa de las Américas en una actividad y recibo un mensaje de Dalia, la esposa de Fidel, porque el Comandante quería hablar conmigo. Quería que fuera a su casa. Yo siempre decía que no sabía donde vivía Fidel por temas de seguridad. Los cubanos que estaban conmigo me dijeron que ellos no sabían. Entonces le dije pues yo sí sé. Fuimos en el carro y le iba indicando por donde doblar. 

En una de nuestras conversaciones le comenté que mucha gente me preguntaba si después de la entrevista había vuelto a ser creyente. Y él me dijo:

- ¿Qué tú contestas? 

- Yo digo que no, que usted no es creyente pero tampoco es ateo. Es agnóstico. 

Él puso la mano en mi hombre y me dijo: 

- Muy bien, muy bien.     

Yo siempre digo que Fidel era mi amigo. Muchas personas querían ser amigos de Fidel. Yo tuve esa oportunidad. Una de las cosas que más me llama la atención es, y muy pocas personas se percata de este detalle, que Fidel a pesar de las apariencias, de su historia heroica, es un hombre humilde. Esa palabra proviene del latín humilitas que significa pegado a la tierra. Humilde no significa que es una persona que se pone por debajo de los demás. Humilde es una persona que actúa con los pies en la tierra y en la realidad. O como dijo Santa Teresa de Ávila: «la persona humilde no se considera ni menor ni mayor que nadie porque conoce su propio tamaño». Y yo descubrí esa humildad de Fidel en muchos momentos en que le pedí permiso para hacerle alguna crítica. 

Una vez aquí en este lugar, en el Palacio de Convenciones, en un discurso para más de mil personas, él cometió una equivocación y al final en la parte de atrás donde estaba con un grupo después que terminó el acto yo llegó y le digo: 
- Usted se equivocó. 

Y él me aseguró:

- Usted no solo tiene el derecho de rectificarme sino el deber. 

La gente del Buró Político se pone nerviosa cuando yo digo que Fidel es un hombre de muchas virtudes, pero tiene un gran defecto. El defecto de Fidel es no haber nacido en Brasil. 

 

Haga su comentario

Este sitio se reserva el derecho de publicación de los comentarios. Aquellos comentarios denigrantes, ofensivos, difamatorios, no serán publicados.