«Soy una convencida de que, aun quienes lo conocimos de cerca, muchos no tenemos todavía, la dimensión exacta, la dimensión extraordinariamente amplia, multidimensional, radical y profunda del hombre y genio político que fue Fidel", asegura Katiuska Blanco Castiñeira en su conferencia magistral sobre el Comandante en Jefe en el espacio Cátedra de Estudios Históricos.
Artículo escrito a partir de la transcripción de la conferencia magistral impartida por la escritora y periodista cubana, Katiuska Blanco Castiñeira, el 14 de enero del 2026 en el espacio Cátedra de Estudios Históricos del Centro Fidel Castro Ruz, que durante todo el 2026 estará recordando la vida y obra del Comandante en Jefe en el año de su Centenario.
Alejandro
Muchísimas gracias por la invitación, por el honor de estar aquí en el Centro Fidel, espacio, para mí sagrado, dedicado al recuerdo y estudio del Comandante, pero también el lugar de mis colegas, de las compañeras y compañeros que aquí laboran. Hoy mismo, el jardinero, cuando le voy a dar un beso, me dice: “Katiuska estoy sucio”, y le respondí: “No, estás lleno de flores, hojas, semillas, naturaleza, estás muy limpio”. Entonces, los quiero a todos.
Hoy, 14 de enero, día previo al arribo a Cuba de los restos mortales de los compañeros que dieron el ejemplo más sublime y el homenaje más extraordinario que se le pueda dar a Fidel en su Centenario: ofrendar la vida en lucha contra el imperialismo, debemos rendirles tributo. Los conocía, especialmente a los del Ministerio del Interior, a casi todos, algunos de ellos cercanos a mí. Les tendremos que estar agradecidos eternamente, por su combate defendiendo a Venezuela el 3 de enero, pero también a Cuba, a nuestra América. A algunos de ellos, también por haber estado muy cerca, durante largos años y cuidando a Fidel. No podía comenzar a hablarles a ustedes sin mencionarlos y recordarlos a ellos, mártires de nuestra patria.
Aunque la conferencia se titula Fidel 1926-1945, voy a empezar por 1945 y les explico por qué, porque en el verano de 1945 Fidel estaba de vacaciones en Santiago de Cuba y, ¿qué noticia lo estremece?, siente que es un acto repudiable y marca su vida desde entonces, en su pensamiento, emociones y conocimiento, en su visión del mundo hasta ese momento, me refiero al lanzamiento el 6 de agosto de 1945 de la bomba atómica contra Hiroshima y poco después, también contra Nagasaki.
Transcurridas varias décadas desde aquel acto abominable, Fidel fue muy crítico de la postura del presidente de Estados Unidos Barack Obama cuando visitó Hiroshima; allí Obama dijo que la muerte había caído del cielo. Ni siquiera una mínima alusión a una disculpa; en su lugar, lo que prevaleció fue una justificación del bombardeo a civiles inocentes en un instante cuando ya la guerra terminaba y el imperio de Japón se encontraba vencido.
Entonces empecemos por la definición de Fidel, lo he reiterado en múltiples ocasiones a varios compañeros, para mí es un genio político revolucionario de dimensión universal, y digo esto porque revolucionarios somos todos nosotros y no tenemos las características del Comandante, y digo esto porque hay muchos políticos que no son revolucionarios y otros son políticos revolucionarios, pero no alcanzan la estatura, el nivel superior de erudición, sagacidad, lucidez táctica y estratégica al que llega en los discernimientos y la práctica, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz a lo largo, no solo de sus primeros años de juventud, sino de toda su vida y no solo de toda su vida, sino de lo que Fidel será. Él es una figura trascendente, se ubica entre los grandes de la historia universal. Él dijo una vez de José Martí -en estos días lo publiqué- que era un árbol que crece. Fidel es un árbol que crece.
Soy una convencida de que, aun quienes lo conocimos de cerca, muchos no tenemos todavía, la dimensión exacta, la dimensión extraordinariamente amplia, multidimensional, radical y profunda del hombre y genio político que fue Fidel. Por cierto, así definía él a Carlos Marx: “además de filósofo, cae en la categoría del genio político y como tal su papel dependió por entero de la época y el escenario en que vivió” (1).
Fidel, a partir de ese momento de 1945, tomando un punto nada más de la historia dentro de su propia vida, pudiéramos definirlo como un antimperialista, como un antibelicista, antifascista, un anticolonialista, como un latinoamericanista y no se nos olvide nunca, además, un resuelto antirracista. Esos posicionamientos: antifascista, antimperialista, anticolonialista, antirracista, latinoamericanista y caribeño, tienen una explicación en todo ese período que va de 1926 a 1945, tan vital en su existencia.
En 1926, todos sabemos que el 13 de agosto, a las dos de la madrugada, nació el niño Fidel Alejandro Castro Ruz. Quiero hacer una aclaración. Se cuestiona que, si le pusieron Fidel Alejandro, si lo inscribieron en 1943 como Fidel Alejandro, ¿podemos decir que nació Fidel Alejandro? Sí, porque en términos jurídicos, la inscripción valedera es la última. En esa época las inscripciones se hacían al paso de los días, a veces de los meses y otras, de los años. En las inscripciones, por ejemplo, en el Acta de Bautismo, cuyo original pude revisar en 1997, junto a Angelita Castro Ruz, la hermana mayor del Comandante, en los archivos parroquiales de la Santa Basílica Metropolitana de Nuestra Señora de la Asunción de la ciudad de Santiago de Cuba, en tal documento aparece con el nombre de Fidel Hipólito. Y en una inscripción posterior como Fidel Casiano, en la del 1938. En las de 1941 y 1943, definitivamente, aparece ya con el nombre de Fidel Alejandro. Incluso, cuando estábamos preparando en el grupo de trabajo para la creación de esta institución, las denominaciones de las salas y espacios del Centro Fidel, alguien habló de ponerle a la editorial Ediciones Alejandro. Y hubo polémica en el grupo de trabajo. Y yo decía, pero ¿cómo va a haber polémica? Si Alejandro fue el nombre que él escogió. Era la denominación apropiada, todos llevamos un nombre que nos escogieron, pero nunca o casi nunca el nombre escogido por nosotros mismos. Pero, además, no hay nada más cercano o relacionado a una editorial y a la literatura que la pasión de Fidel por las grandes obras de la historia y la literatura, entre estas, precisamente Aléxandros, la vida de Alejandro Magno, escrita por Valerio Massimo Manfredi, con quien Fidel pudo conversar una vez, según recuerda el destacado intelectual cubano, profesor Omar González, y en cuya charla Fidel dio muestras de un vasto conocimiento acerca de Alejandro y sus batallas. Desde su adolescencia y juventud, pasados los años, había ya sometido a crítica a tal figura histórica; terminó considerándolo inferior a Napoleón, porque Alejandro “celoso de toda sombra a su gloria personal fraguó la muerte de algunos de sus mejores hombres como Pilotas, jefe de la caballería macedónica y después el [del] padre de éste, Parmenión, su mejor general, a quien debía tantas victorias…” (2).
A Fidel le fascinaban los relatos de antiguos guerreros y la Historia Sagrada, esta última dictada en los colegios religiosos: pasajes bíblicos, vidas de santos, leyendas, mitos, guerras.
Fidel, al referirse al momento cuando está a punto de entrar en la Universidad de La Habana, en 1945, afirma en reiteradas ocasiones que entonces era un analfabeto político. Y yo lo interpreto, fíjense, hago una distinción en esa definición que él mismo se da, para tal fecha lo era en el sentido que él está expresándose, en el del conocimiento y comprensión de las leyes de la historia, de las leyes que rigen la sociedad humana, pero no porque fuera alguien ajeno a los desarrollos de los procesos históricos y políticos en el mundo.
Y la guerra es uno esencial. Fidel, desde los nueve, diez años, está al tanto de los acontecimientos por cuestiones relacionadas con la vida en su casa, la presencia de los españoles amigos de su papá, su padre, don Ángel María Bautista Castro Argiz, nacido en 1875, un 4 de diciembre… siempre reitero ese es un día como de ciclo que se cierra, porque a Fidel lo inhuman en el cementerio de Santiago de Cuba, en Santa Ifigenia, un 4 de diciembre de 2016. Entonces, se trata de destinos de vida, de la historia que, a veces por coincidencia, por casualidades o azares, trae también, como decía Lezama Lima de las palabras, su desgaste. Los hechos traen su confluencia como de las estrellas.
Entonces, Fidel siempre reitera que, en 1945, cuando ingresa al recinto universitario no tenía conocimientos políticos, pero realmente él está desde los nueve, diez años, muy al tanto, por ejemplo, de la guerra chino-japonesa, muy desconocida hoy por el enfoque o visión euro-occidental, euro-centrista, conferido al desarrollo de la historia. Nunca se habla de la guerra chino-japonesa cuando se fecha el comienzo de la Segunda Guerra Mundial en el 1939 y se obvia que ya la guerra andaba en curso en el mundo, desde 1935, con la guerra chino-japonesa, o con la invasión a Abisinia por los italianos -Fidel siguió esa guerra con mucha atención- y en especial con la guerra civil española de 1936 -un nombre eufemístico, por cierto-, de la cual Fidel se aprendió los nombres de las batallas, los acontecimientos, los sucesos, estaba al tanto con, pudiéramos decir, desvelo, porque él simpatizaba con un gallego cocinero de la casa. Hubo una época cuando se decía que el cocinero se llamaba Antonio García, pero Raúl asevera que se llamaba Manuel García, como el “rey de los campos de Cuba”, un proscrito de la ley muy famoso en Cuba en otro tiempo, y a él nunca se le olvida por tal razón que el gallego, cocinero en la casa, se llamaba así: Manuel García. Y entonces, en esa etapa, Fidel, fíjense, muchos años después, en un libro titulado Conversaciones en La Habana, fruto de una entrevista concedida al periodista gallego Alfredo Conde, Fidel explica que en Birán llaman su atención las discusiones en torno a la guerra civil española.
Todo esto lleva a Fidel a ser un antibelicista primero, luego un antimperialista y un antifascista también, porque son los primeros hechos ante los cuales, él registra en su memoria, de alguna manera, una visión del drama, de la tragedia, de lo estremecedor e injusto.
Con el paso de los años, por supuesto, primero no tiene tanta conciencia, luego es que la alcanza, pero cuando la alcanza, hay toda una vida vivida, hay toda una serie de hechos definidos como la palpitante realidad vivida, y los cita o menciona para hablar de la economía cubana, de las injustas relaciones sociales imperantes, en relación con su posición a favor de la paz, y al referirse a su inmediata comprensión cuando leyó por primera vez el Manifiesto Comunista. Fidel dice que lo pudo comprender todo rápidamente por lo vivido, por ejemplo, en Birán, donde las relaciones sociales y el orden económico y político establecidos allí -a imagen y semejanza del prevalente en los campos de todo el país- le permitieron a él tener una rápida y precisa comprensión de muchos de los aspectos explicados en el Manifiesto, o en la literatura política y la teoría marxista y leninista en general.
Durante esa guerra, la de 1936, Fidel expresa en el libro mencionado, Conversaciones en La Habana, que le llama mucho la atención la posición del cocinero. Le decían bruto, le decían así al hombre con menor preparación teórica, y, sin embargo, Fidel apunta su clarividencia, su lucidez, al adoptar la posición política más avanzada. El hombre con menor conocimiento teórico o académico era el más lúcido de todos por la vida vivida. Disponía de una comprensión de los acontecimientos dada su posición de clase.
Fidel lo reitera después, al principio de la Revolución, cuando habla del pueblo de Cuba. Asegura que pasó la mejor escuela, la escuela del sufrimiento, del colonialismo, del neocolonialismo, del hambre, del atropello. Enumera todo el recorrido como asuntos que no se pueden desconocer a la hora de analizar las posiciones políticas de las personas, su radicalidad, participación y protagonismo en los acontecimientos históricos.
En la madrugada del 13 de agosto de 1926 nace Fidel. Una madrugada, en el Palacio de la Revolución, me llama frente a los primeros secretarios del Partido de todos los municipios de la ciudad de La Habana, y me pregunta, “bueno, por fin, que diga la historiadora ahora, ¿cuándo fue que nací yo?” Comienzo a explicar que, en la inscripción de nacimiento, en la original, el cura se confunde y pone las 12 de la mañana. Me dice: “¡Qué va! No fue a esa hora. Yo nací guerrillero, nací a las dos de la mañana”. (3)
No había terminado de explicar que, evidentemente, incluso lingüísticamente, por lo acostumbrado entre nosotros, nunca se dice las doce de la mañana, sino las dos de la mañana o las doce del día, se trataba, evidentemente, de un error del escribano. Todos los testimonios familiares coinciden en la hora del nacimiento durante la madrugada. Por esa razón examino cuantos documentos pueda buscar, desde el punto de vista de la investigación histórica, y luego, también me alejo de ellos.
Siempre apelo a los métodos de investigación, de contrastación de fuentes, de búsqueda de documentos históricos: bautismales, de propiedad, mercantiles, certificaciones de nacimiento y defunción, fotografías, diarios, testimonios, libros de pasajeros y registros archivísticos, monografías y títulos referidos al contexto histórico, a las relaciones también económico-político-sociales, novelas de ficción, así como otras referencias, pudiéramos decir, de carácter antropológico. Sin los cuales no se puede entender la vida de una persona, desde el punto de vista marxista y leninista, del materialismo histórico, que argumenta que los seres humanos son el fruto de su tiempo, de su época, y no se les puede vislumbrar, analizar, interpretar ni comprender aislados. Hay que verlos en medio de la vorágine de los tiempos que los marcan y trascienden, en su “dintorno”, diría Juan Marinello. Ahora bien, los documentos pueden contener errores, por lo cual, el estudio debe ser siempre integral, contrastar fuentes, testimonios, imágenes, remembranzas, escrituras, análisis. Y, además, ni siquiera así, en mi opinión, son suficientes, no agotan la necesidad de conocimiento y comprensión, por ejemplo, en el plano de los sentimientos, las emociones, pensamientos, recuerdos… los papeles no siempre contienen tal valiosa información. Un documento no registra cómo le brillan los ojos a una persona cuando lo firma o si, por el contrario, se siente triste.
No hay que olvidar que Fidel siempre consideró a los héroes o figuras descollantes de la historia como resultado de una época; al responder sobre si Roman Rolland hubiera sido igualmente genio de haber nacido en el siglo XVII hizo una distinción entre el genio literario, filosófico o artístico: “tiene un campo considerablemente más amplio en el tiempo y en la historia que el mundo de la realidad y de la acción, que es el único escenario donde surgen los genios políticos” (4). Todo lo explicó Fidel muy bien en una carta del 27 de enero de 1954, dirigida a la revolucionaria Natalia Revuelta, aparece en un libro inédito de Giangiacomo Feltrinelli titulado Fidel Castro: Diez Años de Guerra y Revolución. En tal misiva precisa:
El pensamiento humano está indefectiblemente condicionado por las circunstancias de la época. Si se trata de un genio político, me atrevo a afirmar que depende exclusivamente de ella. Lenin en época de Catalina, cuando la aristocracia era la clase dominante, habría podido ser un esforzado defensor de la burguesía, que era entonces la clase revolucionaria, o pasar simplemente ignorado por la historia; Martí, de haber vivido cuando la toma de La Habana por los ingleses, hubiera defendido junto a su padre el pabellón de España; Napoleón, Mirabeaux, Danton y Robespierre, ¿qué habrían sido en los tiempos de Carlo Magno sino siervos humildes de la gleba o moradores ignorados de algún castillo feudal? (5)
Él realiza con sus palabras -expresión de lo que medita despaciosamente mientras escribe- un análisis comparado que incluye hechos, procesos y personalidades en uno u otro contexto.
El cruce del Rubicón por Julio César jamás habría tenido lugar en los primeros años de la República antes de que se agudizara la intensa pugna de clases que conmovió a Roma y se desarrollara el gran partido plebeyo cuya situación hizo necesario y posible su acceso al poder. Julio César fue un verdadero revolucionario, como lo fue también Catalina (…). (6)
Al comentar que Amyot, escritor francés del siglo XVI, había traducido del latín las Vidas y Obras Morales de Plutarco, y ello había propiciado que dos siglos más tarde los grandes hombres y las grandes escenas de Grecia y Roma sirvieran de referencia a los protagonistas de la Gran Revolución, asegura:
Eso no fue óbice para que los revolucionarios franceses anatematizaran a César y endiosaran a Bruto que clavó en el corazón de aquel el puñal de la aristocracia. Ellos, que habían abatido la de Francia carecían aún de perspectiva histórica suficiente para comprender que la República en Roma era la Monarquía en Francia; que la plebe luchó contra aquella, igual que luchaba la burguesía contra esta; muy lejos estaban pues de sospechar que un nuevo César [se refiere a Napoleón] estaba a punto de surgir en las Galias y este sí que copió de veras y con razón al Emperador Romano. (7)
Es importante entonces lo definido por Fidel como “tener perspectiva histórica”. Así hay que aproximársele a él, a los acontecimientos de su vida, a sus ideas y realizaciones, de todo lo cual se derivan valiosas enseñanzas. Lo escrito por Fidel al abordar las vidas de seres ilustres, vale también para él. La concepción de que los héroes, los guerreros, las personalidades, los genios políticos de la historia deben su destaque o preminencia a la época, es la misma manera con la cual él interpreta su vida, así reflexiona de sí mismo, lo que constituye base razonada de su natural modestia, de su sencillez. No atribuye para sí el mérito, sino a los tiempos, las circunstancias e incluso, en algunos aspectos, al azar.
Bueno, en el gallego Manuel García, a Fidel lo impresiona su lucidez, y se la explica pensando en lo que aquel hombre humilde ha aprendido de lo vivido. Es la razón por la cual, la etapa de 1926 a 1945 tiene tanto valor en la vida de Fidel. ¿Por qué? Porque buena parte del perfil de Fidel, de los valores, sentimientos e ideas que lo identifican y determinan su vida, tienen su explicación en tal período. En tal época histórica radican la esencia y los orígenes de su existencia, de sus luchas.
Escenario
Si usted lee las escrituras de posesión de tierras y sobre las características del territorio donde nace Fidel el 13 de agosto de 1926, pronto harán 100 años -aparecen en el capítulo “Escenario” en el libro Todo el tiempo de los Cedros-, salta a la vista la presencia de numerosas empresas y posesiones extranjeras en nuestro territorio, la dependencia neocolonial, el carácter monoproductor, monoexportador y atrasado tecnológicamente de la agricultura o la inexistencia de una estructura de protección o desarrollo social de la población cubana, por ejemplo. En Alto Cedro se encuentra el paradero de la Cuban Rail Road Company, por allí sale Fidel al mundo, digo yo, de aquella estación parte en viaje a la capital para ir a estudiar al Colegio de Belén, en 1942. En esa zona opera la Altamira Sugar Company, propietaria de la única institución de salud medianamente próxima a Birán, y de centrales azucareros en Alto Cedro y Marcané. La Nipe Bay Company tiene ferrocarril particular en el territorio. La Spanish American Iron posee minas sin explotar en La Juliana, Cedro, Guaro y Nipe, montes vírgenes y en menor medida caballerías de tierra cultivadas. La United Fruit Company controla latifundios cañeros e inmensos terrenos ociosos. Con la Warner Sugar Corporation, sociedad anónima constituida y domiciliada en New Jersey, Estados Unidos de América, el padre de Fidel, don Ángel Castro Argiz, establece, por un período de 20 años o zafras -comenzando por la de 1924-1925 y culminando por la de 1944-1945-, un convenio o contrato de servidumbre de paso, molienda de caña, refacción agrícola y otros que regulan los vínculos con el central Miranda para el cual, don Ángel tiraba cañas, es decir, mantenía el suministro de cañas. Así les puedo mencionar varias empresas norteamericanas y también entidades financieras como el Banco Español de la Isla o The Royal Bank off Canadá, a través de los cuales, su padre Ángel realizaba transacciones, solicitudes de créditos y depósitos. Por otra parte, las únicas y más importantes instituciones docentes -distantes, por supuesto, del natal Birán y ubicadas en las ciudades- eran colegios religiosos dependientes de órdenes francesas, españolas o procedentes de Estados Unidos.
De todo ello, le viene a Fidel el conocimiento de lo que acontece en Cuba y de lo profundo del alma cubana, de lo que la presencia de las compañías foráneas, la mayoría norteamericanas, implicaba para nuestro país en términos estructurales de supeditación económica y política. El 10 de octubre de 1968, describió con datos precisos la apropiación de nuestros recursos y tierras por compañías extranjeras, muchas de las cuales, formaban parte del entorno de su infancia.
Pero el hecho fue que los yanquis se apoderaron de nuestra economía. Y si en 1898 poseían inversiones en Cuba por valor de 50 millones, en 1906 eran unos 160 millones en inversiones, y 1 450 millones de pesos en inversiones en 1927.
No creo que haya otro país donde se haya producido en forma tan increíblemente rápida semejante penetración económica, que condujo a que los imperialistas se apoderaran de nuestras mejores tierras, de todas nuestras minas, nuestros recursos naturales; que explotaran los servicios públicos, se apoderaran de la mayor parte de la industria azucarera, de las industrias más eficientes, de la industria eléctrica, de los teléfonos, de los ferrocarriles, de los negocios más importantes, y también de los bancos.
Al apoderarse de los bancos, prácticamente podían empezar a comprar el país con dinero de los cubanos, porque en los bancos se deposita el dinero de los que tienen algún dinero y lo guardan, poco o mucho. Y los dueños de los bancos manejaban aquel dinero.
De esta forma, en 1927, cuando no habían transcurrido 30 años, las inversiones imperialistas en Cuba se habían elevado a 1 450 millones de pesos. Se habían apoderado de todo con el apoyo de los anexionistas o neo-anexionistas, de los autonomistas, de los que combatieron la independencia de Cuba. Con el apoyo de los gobiernos interventores se hicieron concesiones increíbles.
Un tal Preston compró 75 000 hectáreas de tierra en 1901, en la zona de la bahía de Nipe por 400 000 dólares, es decir, a menos de seis dólares la hectárea de esas tierras. Y los bosques que cubrían todas esas hectáreas de maderas preciosas, que fueron consumidas en las calderas de los centrales, valían muchas veces, incomparables veces esa suma de dinero.
Vinieron con sus bolsillos rebosantes a un pueblo empobrecido por 30 años de lucha, a comprar de las mejores tierras de este país a menos de seis dólares la hectárea.
Y un tal McCan compró 32 000 hectáreas ese mismo año al sur de Pinar del Río. Y un tal James —si mal no recuerdo— ese mismo año compró en Puerto Padre 27 000 hectáreas de tierra.
Es decir que en un solo año adquirieron mucho más de 10 000 caballerías de las mejores tierras de este país, con sus bolsillos repletos de billetes, a un pueblo que padecía la miseria de 30 años de lucha. Y así, sin derramar sangre y gastando un mínimo de sus riquezas, se fueron apoderando de este país. (8)
En el libro Guerrillero del Tiempo, si ustedes lo buscan lo van a encontrar, hay un pasaje donde Fidel hace un análisis antropológico del batey de Marcané, de cómo existe allí un área a donde solo acceden y donde viven en excelentes condiciones los más elevados empleados de la compañía norteamericana, un área exclusiva y por fuera, desde lejos, miran los excluidos ¿Qué sufrimiento implica todo ello para los obreros del central, para los campesinos cubanos pobres contratados como macheteros y que no poseen ni siquiera un pedazo de tierra, para los braceros antillanos que laboran de sol a sol en las plantaciones?
En 1913 se autorizó la entrada a Cuba de los haitianos y jamaicanos, aunque realmente ya hacía mucho tiempo de manera velada -ilegal y clandestinamente-, tal explotación estaba teniendo lugar en la economía de Cuba; en 1913 un decreto presidencial autoriza a la Nipe Bay Company a contratar mano de obra antillana, mil trabajadores con destino al central Preston. Copia del original aparece en Documentos para la Historia de Cuba de la siempre reverenciada e insigne para mí, maestra Hortensia Pichardo Viñals (9). Son cinco tomos, unos libros de análisis y presentación de documentos de la historia de Cuba que considero debieran publicarse otra vez, porque contienen la reproducción de originales de esta historia que va quedando como atrás en el tiempo y que muchas personas ya no recuerdan, incluidas ilustraciones y caricatura política extraordinarias, expresivas de lo que implicó en términos de usurpación y humillación, la presencia de los Estados Unidos en Cuba desde los comienzos del siglo XX. Y quiero decirles que esa presencia tiene mucho que ver en la vida de Fidel por la expansión azucarera norteamericana de centro a oriente del país, -los grandes centrales azucareros en época colonial no estaban hacia la zona donde vamos aproximándonos al Oriente de Cuba, estaban sobre todo en la zona occidental-. La expansión azucarera, inversión de capitales norteamericanos, a inicios a fines del siglo XIX y, sobre todo, a principios del XX. Fidel vive en el contexto a que ha dado lugar esa expansión en la región de Oriente, conoce esa historia por su papá que se convirtió en contratista de la United Fruit para la construcción de ferrovías de los centrales azucareros, conoce lo que ello significa -además de la explotación de cubanos y antillanos- en términos de supeditación de intereses del país a los extranjeros, lo que representa, por ejemplo, como impacto negativo en la naturaleza, para los bosques de Cuba.
Bosques
Ha hablado en múltiples ocasiones Fidel, de cómo los bosques fueron desmontados y las maderas preciosas de Cuba se utilizaron como leña en las calderas de vapor en los nuevos y más modernos ingenios azucareros de entonces. En 2016, se refirió al tema con la excelencia literaria propia de él, porque era un gran escritor. Empleaba magistralmente cuanto recurso literario es bien ponderado. Fidel Castro escribía con calado conceptual y belleza. No solo empleaba recursos de la narrativa, sino también de la poesía.
En una crónica titulada “El cumpleaños”, Fidel habló de los árboles de la zona de Pinares de Mayarí. Él los vio: pinos, cedros, de más de 400 años. En una ocasión, cuando tenía ocho o nueve años, acompañó a su papá, un arrendatario de tierras allí. Siempre recordaba a su papá usualmente callado en casa y, sin embargo, muy conversador en aquellos trayectos a los campamentos forestales de La Bahamas, como se denominaba la empresa explotadora y transportadora de madera desde los Pinares. El 26 de septiembre de 1966, en un discurso pronunciado allí, evocó los bosques muy nítidamente:
En un principio, durante cientos de años, naturalmente, quién sabe desde cuándo, miles de años, la naturaleza lo que produjo aquí fue casi exclusivamente pinos, de manera que antes de que se comenzara a explotar, esta meseta era un inmenso bosque, diría que un inmenso y maravilloso bosque. Es difícil hacerse una idea de lo que era esto, que yo llegué a ver una parte cuando todavía no habían cortado los árboles aquí; pinos inmensos, había también muchas aves, por ejemplo, los caos —que ustedes deben haber oído algunos por ahí—, pericos, aves de todas clases por aquí, y le daban a esta región un colorido muy especial, aparte de aquel bosque de pinos que era realmente precioso. (10)
Luego, Fidel, a lo largo de su vida, hizo numerosas exploraciones a la meseta La Mensura, en el centro mismo de los Pinares de Mayarí. Algunos de los árboles de aquellos bosques, databan de cuando Colón llegó a Cuba. Siempre se dice que Colón nos descubrió sin mencionar a los pobladores originarios, algunos de ellos habitaron el Archipiélago aproximadamente cinco mil años atrás. Los más remotos procedían de Yucatán, y más tarde, por el Oriente, descendientes de los de la selva amazónica navegaron el Caribe rumbo a las islas del arco de Las Antillas, de una en otra hasta llegar aquí. En el relato publicado el 13 de agosto de 2016, el mismo día que cumplía 90 años de edad, Fidel transita de la interpretación de lo observado en su niñez a los grandes desafíos actuales de la humanidad.
Fidel es un hombre a quien numerosas personas y estudiosos definen como un humanista al estilo del Renacimiento, por su sabiduría integral y porque es antropocéntrico en el sentido de que encuentra como referencia de todas las cosas al ser humano, eso es verdad. Y yo agrego: no sólo como referencia, sino como objeto, como fin; los seres humanos como referencia y destino de todo cuanto se pueda hacer en el mundo. Pero Fidel incluso supera esa filosofía porque no se detiene en la contemplación. Su humanismo es transformador, radical, revolucionario; define su práctica a partir de la justicia y, además, supera al antropocentrismo tradicional, porque al mismo tiempo, pondera la trascendencia del planeta y la naturaleza como hábitat de la especie, de la humanidad. Es partidario de una relación armónica entre los seres humanos y la naturaleza.
Fidel se apertrecha a lo largo de los años de los instrumentos de lucha, de las ideas más avanzadas, de las doctrinas más radicales, de las más, pudiéramos decir, subversivas, en función del humanismo socialista, del amor a los seres y en ello radica precisamente además, el profundo carácter subversivo de sus luchas, estas se desarrollan, incluso con las armas en la mano, pero también con visión crítica de la realidad siempre, de la consecución de las luchas y de la propia obra transformadora, con sentido de humanidad y sentido de clase, en favor de los pobres de la tierra como diría José Martí; de los proletarios y campesinos, en la visión marxista y leninista; de los condenados de la tierra como lo definiría Franz Fanon.
En la ciudad pesquera de Tomé, Concepción, en el sur chileno, el 18 de noviembre de 1971, Fidel afirmó:
Los caminos son diferentes. Las aspiraciones son las mismas. El propósito es el mismo: luchar por la independencia del país, por consolidarla; luchar por la economía del país; luchar por la justicia; luchar por el bienestar del pueblo; luchar por poner fin a la explotación de la patria por los monopolios extranjeros; y luchar por poner fin a los privilegios y a las injusticias sociales (APLAUSOS); luchar por el futuro del país; luchar por los niños, por las mujeres, por los ancianos; luchar por las escuelas, por la educación; luchar por la salud pública. En fin: ¡luchar por el pueblo!
El objetivo de nuestra lucha es el hombre, es el pueblo. El objetivo de nuestra lucha no son intereses extranjeros, no son intereses particulares, no son intereses de minorías. El objetivo de nuestras luchas es el pueblo. Y no se puede luchar por una causa más justa, no se puede luchar por una causa más noble. Y en aras de esa causa, todos debemos estar dispuestos a dar nuestra energía, nuestro tiempo, nuestro sudor, y si es necesario también nuestras vidas (APLAUSOS). (11)
El amor a la Revolución tiene ese fundamento, el amor a los seres humanos y la aspiración de hacer justicia, de tornar plenas sus vidas, de emanciparlos de la dominación del sistema opresor que sea, en el caso de Cuba serían el neocolonialismo y el capitalismo. Fernando Martínez Heredia, intelectual revolucionario preclaro lo definió con exactitud en 2017:
Las revoluciones que amamos y por las que estamos dispuestos a todo son las iniciativas más audaces y arriesgadas de los seres humanos, que pretenden transformaciones prodigiosas, liberadoras de las personas y de las relaciones sociales, a tal grado que nunca más quieran ni puedan volver a vivir su vida en sociedades de dominación y violencia […].(12)
Siempre debemos distinguir entre las motivaciones, las causas y los instrumentos, los métodos, las herramientas, los caminos de lucha y la interpretación del momento histórico, de las propias luchas.
Entonces una cosa no excluye la otra, es como si uno, al hablar del amor y el humanismo y de su sensibilidad, estuviera quitándole a Fidel su carácter combativo, es todo lo contrario. Es una razón esencial la que mueve a Fidel a luchar y lo expresé, lo escribí el otro día en un trabajo, Fidel se preocupaba por el drama humano. Lo he reiterado en otras oportunidades aquí, hablando sobre Los miserables, un día me pregunto “¿qué parte de Los miserables te gustó?” Y yo le respondí: “¡Ay! Comandante…” -era una jovencita de 25, 26 años, no tenía experiencia, ni remotamente podía comprender en toda su dimensión lo que él me estaba diciendo, y además toda la vida he sido muy romántica- y le comenté: “A mí me dolió mucho cuando Cosette, con tal de irse tras un amor, prácticamente se olvida de Jean Valjean, quien la había cuidado como un padre por largos años. Y entonces lloré mucho”, y él me dijo: “A mí la parte que más me impresionó fue la descripción de la batalla de Waterloo”. De pronto, se quedó así… pensando y exclamó: “¡Mira eso!, yo estaba en las grandes batallas de la historia y tú estabas en el drama humano” (13)
Les confieso, no tenía madurez para comprenderlo. Muchos años después entendí hasta qué punto elevó mi sentimiento sencillo de muchacha jovencita romántica a una cuestión conceptual elevada. Porque el drama humano era lo que movía a Fidel en todas sus luchas, como causa justa contra la explotación, la dominación, la supeditación, el egoísmo y el individualismo generados por la sociedad capitalista.
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El drama colectivo: el de los pueblos, de los trabajadores, de los que producen la riqueza y son despojados del decoro en su vida material y espiritual, pero también el drama individual. Fidel deseaba que cada uno de nosotros fuéramos felices sobre la faz de la tierra en el escaso tiempo de existir en la historia del tiempo. Por eso su afán de que la educación fuera integral y que la vida en la Tierra fuera la suma de los valores positivos de todas las civilizaciones y la globalización de la educación para la solidaridad, todo ello desde una crítica al carácter capitalogénico del hambre, las guerras -convencional, nuclear, económica, cognitiva, multidimensional, entre otras definiciones-; el cambio climático y del posible colapso climático, todos los problemas que actualmente significan un verdadero peligro para la sobrevivencia de la humanidad en nuestro planeta.
La historia del tiempo, ¿qué es? Ya sabemos sobre los universos infinitos del tiempo, pero no solo, y eso lo aprendí con Fidel a partir del libro que me obsequió de Stephen Hawking: Breve historia del tiempo, del Big Bang a los agujeros negros, lo infinito en el espacio, la inmensidad y la infinitud del universo radican también en lo mínimo, en las partículas, las antipartículas, el bosón de Higgs, en un punto diminuto e interminable.
Orígenes
Fidel era un hombre fruto del amor entre seres humanos extraordinarios como su papá y su mamá, gente sencilla, gente trabajadora; el 30 de julio de 2003, le pregunté a Raúl, ¿cómo usted recuerda a su papá, a su mamá? Rotundo me respondió: “Como gente de trabajo”. (14)
Se levantaban al amanecer y se acostaban al oscurecer. Prácticamente después de las partidas de dominó en Birán, donde siempre la pareja de Ángel era Lina. Ahí jugaban los gallegos, algunos republicanos, otros a favor de Franco.
El papá de Fidel, a mí nunca se me olvida que, en el libro del periodista español Ignacio Ramonet, este se impresiona ante la sinceridad de Fidel, porque Fidel le dice: “no, no, mi papá, de los franquistas”, porque el papá de Fidel era conservador, claro, jamás habría sido un fascista con los sentimientos que tenía, al punto que un guajiro de allí, de Birán, aseguró que Ángel era un capitalista sentimental. Y yo digo, bueno, eso parece una paradoja, ¿no? Pero sí, la historia tiene capitalistas sentimentales como aquel señor Peter Cooper de quien nos hablaba José Martí y a quien Nueva York quería “como Grecia quiso en un tiempo a sus ancianos” (15)… son la excepción, pero existen.
Fidel, a lo largo de todos estos años, 1926-1945, vive acontecimientos relacionados con las guerras, que lo ubican en el bando a favor de quienes luchan por las causas de los pueblos.
Y se identifica, él lo explica, señala que tenía tanta simpatía por el gallego cocinero en su casa, que deseaba los acontecimientos fueran a favor de los republicanos. Y entonces, cuando las noticias de la guerra civil eran malas, porque beneficiaban a los rebeldes, tal como denominaban a los franquistas, él edulcoraba los reportes para que el gallego no sufriera. Fíjense hasta qué punto le importaba que las personas no sufrieran.
Pertenencia
Latinoamericanista y caribeño, imagínense ustedes. Para los santiagueros, no sé si aquí habrá alguien de Oriente, ¿aquí hay alguien de Oriente? Tienen más cerca a Puerto Príncipe que a la Habana; mucho más cerca a Haití, a Santo Domingo, y en esa época en que Fidel nació y creció, tenían más cerca a Veracruz, a Maracaibo, a La Guaira, porque las goletas que pasaban por Santiago de Cuba comunicaban a Oriente con lugares del Caribe y de Sudamérica. Incluso García Márquez ubica en el Caribe a Nuevo Orleans y a Recife, en Bahía, allá en Brasil, él lo concibe así desde una dimensión geocultural, geoidentitaria, incluso geoecónomica, relaciona al espacio Caribe con el cultivo de plantaciones cañeras, bananeras, algodoneras, cafetaleras.
Y como nos referimos a los comienzos, está lo vivido, lo cercano como punto de partida. Para Fidel, esa identidad es desde la pasión y del cariño, la pertenencia, no olvidemos nunca que su padrino, cónsul, cuando a Fidel lo mandan a Santiago de Cuba a estudiar -que al principio no estudió nada, lo tenían en una habitación, repasando las tablas de multiplicar y operaciones de suma y resta que aparecían en la parte de atrás de unas libretas, y él dice que fue una pérdida de tiempo, que no considero tal, porque allí escuchó de Belén, la hermana de la maestra de Birán, la interpretación al piano de la música de Chopin, en especial La Polonesa, que después, a lo largo de los años, le gustaba tanto. Fue ahí donde la escuchó, aprendió palabras en francés, que después le permitieron en Argelia entender prácticamente lo que se publicaba en los periódicos, porque tenía conocimientos básicos de francés, algo bastante desconocido. Raúl también tiene esos conocimientos desde pequeño. Hay quienes ubican en la Sierra Maestra las primeras lecciones de francés que recibe Raúl. No, es algo anterior. En los fondos de los Archivos de la Oficina de Asuntos Históricos se conservan cuadernos de Raúl de cuando estudiaba en la Academia Abel Santamaría, en el mal llamado Presidio Modelo de la entonces Isla de Pinos, hoy Isla de la Juventud. Una de las libretas registra anotaciones de Raúl dedicadas al estudio del idioma francés. Pero incluso, las nociones acerca de tal lengua son anteriores, de cuando estudiaba junto a Fidel y Ramón, en el colegio religioso de los franceses Hermanos de La Salle.
Entonces, con esto les digo que después, con el paso de los años, una cosa que empieza por una vivencia personal de identificación con los haitianos del batey de Birán, pero también con todos los haitianos y los antillanos después, cuando se aplica la ley de la nacionalización del trabajo auspiciada por Guiteras con el objetivo de evitar la discriminación de los cubanos, en el acceso al empleo, frente a los hijos o parientes de los españoles que venían de España, sobre todo a trabajar en los comercios. Esa ley, a la hora de su aplicación, se aplica por el lado más débil, desgraciadamente, y Luis Alcides Hibbert, el cónsul haitiano en Santiago de Cuba, matrimoniado con Belén, la hermana de la maestra de Birán, Eufrasia Feliú, lleva consigo a Fidel a la Alameda, adonde acude a despedir a los haitianos que están siendo extraditados forzosamente de Cuba. Les digo: una cosa que empieza así, termina siendo luego, en el espíritu y las ideas de Fidel, cuando estudia los procesos históricos y autores prominentes, una admiración profunda y una adhesión solidaria perenne.
En su memoria permanecerá vivo el recuerdo de la larga fila de haitianos que esperaban en la Alameda para ser repatriados forzosamente, quienes a su vez le hicieron pensar entonces en sus amigos, los trabajadores de Birán, a quienes vivían más allá de la valla de gallos, en unos bohíos muy pobres. En esa experiencia hay un componente que hace a Fidel identificarse a lo largo de su vida con los seres humanos sin distinguir origen étnico ni color de la piel.
En la Universidad de La Habana lee mucho a Bolívar y a José Martí, sus campañas liberadoras, y comienza a admirar a los próceres de Nuestra América. Y entre las primeras naciones admiradas y entrañablemente cercanas y queridas, figura para siempre, de manera muy especial: Haití, escenario de la primera revolución social en nuestra región, la de los esclavos contra sus amos, líderes como Toussaint Louverture, y la República solidaria con la causa independentista de nuestros pueblos, apoyo imprescindible para Simón Bolívar, y al paso de los siglos, país brutalmente empobrecido por los colonialistas franceses y los imperialistas norteamericanos. Él se define como alguien antirracista, anticolonialista, antimperialista. Y ya en la Universidad entre sus primeras simpatías figuran también los espacios próximos de Puerto Rico y Santo Domingo [República Dominicana] -no olvidemos su participación en la expedición de Cayo Confites para luchar contra la dictadura de Rafael LeónidasTrujillo-.
Entonces, de todo ello, hay después lecturas también, bueno, en Birán, las relaciones con los campesinos del lugar, casi todos veteranos de las guerras de independencia. Gente que él comprobó que habían luchado por muchos años y que después de la guerra no tenían nada, desde el punto de vista material, y sufrían, trabajaban de forma agotadora y vivían en unas condiciones paupérrimas.
En aquella zona, en esa época, muchos niños morían de gastroenteritis. Ellos, en el campo, lo denominaban acidosis.
Fidel también vivió de cerca el atropello de la Guardia Rural y las compañías norteamericanas, a los antillanos, a los caribeños, a los jamaicanos, a los dominicanos, sobre todo a los haitianos. Hay reportes en la prensa de que en las compañías se asesinaba y después los reclamos judiciales nunca llegaban a nada, simplemente se archivaban. Como decía, las audiencias no daban crédito y todo el abuso y la explotación se pasaban por alto.
Todo eso lo vivió Fidel en su infancia. Y cuando llega el momento de que, pudiéramos decir, ocupe a lo largo de su vida una posición de clase, hablando ya de marxismo, Fidel asume la de quienes no tienen nada. Y él lo explica mucho en el libro Fidel y la religión de Frei Betto -una verdadera maravilla-, en el libro Guerrillero del Tiempo, en Cien horas con Fidel de Ramonet y en tantos otros.
Aproximaciones
Siempre me preguntan, ¿cuál es el libro que hay que leer? Yo les sugiero: “A quien hay que leer en primer lugar es al propio Fidel”. Porque en todos los discursos, recuentos, crónicas, cartas, manifiestos y reflexiones, Fidel da señales y explica el recorrido de su vida, los fundamentos, las causas y el carácter justo y noble de sus luchas. Pero también hay que leer los libros de otros autores.
Si alguien quiere conocer bien a Fidel, tiene que leer todo lo anterior, y además leer a filósofos como Fernando Martínez Heredia y Armando Hart, a biógrafos como Reginaldo Ustariz Arze, George Galloway, Claudia Furiatti, Sebastian Balfour, Roniwalter Jatobá,Tad Szulc, Volker Skierka, Nestor Kohan y Lionel Martin; a historiadores y periodistas como Arturo Alape, Heberto Norman y Pedro Álvarez Tabío, a Marta Rojas, Mario Mencía, Luis Báez, Aldo Isidrón, Ciro Bianchi, Luis M. Busch, Reinaldo Suárez y Manuel Pevida Pupo, por solo mencionar algunos; leer o ver las entrevistas concedidas por Fidel a cineastas y realizadores de televisión o reporteros de prensa, a Lee Jonathan Lockwood y Saúl Landau, o al egipcio Simon Malley, a Dan Rather, Barbara Walters, María Shriver, Jacobo Sabludovsky y tantos otros. En fin, a numerosos autores de biografías, relatos históricos y entrevistas, de una lista extensísima. Conversaciones en La Habana, de Alfredo Conde, es un título poco mencionado y para mí constituye una verdadera joya literaria.
Tesoro
Entonces, como les decía ¿por qué Fidel lo hace? Fidel dice que en su casa había acumulada una determinada cantidad de riqueza. No era tanta como la gente se imagina. El viejo tuvo muchas deudas y pasó por momentos difíciles realmente.
Una vez me preguntaron en Birán, ¿cuál era el tesoro que don Ángel tenía allí? Algunos lo afirmaban. Y les respondí: sí, tenía un tesoro: sus hijos, los cedros humanos que plantó, que -amalgamados con el pueblo, es decir, como parte de él- le cambiaron el curso a la historia del país que a su vez Ángel creía iba a cambiar su destino. Ese es también un círculo que se cierra en la historia.
Hambre física
Entonces, por ejemplo, cuando Fidel va para Santiago de Cuba, a la casa de las maestras, además de todo lo que les mencioné, Fidel recibe algo, la experiencia de vida quizás más definitoria para colocarlo al lado de los humildes; allí pasó hambre física. Yo digo: no es solo hambre emocional. El techo de la casa donde fueron a vivir en El Tivolí, estaba en muy malas condiciones, y goteaba en días de lluvia, en tal sentido, la casa padecía desolación. Él no era consciente ni del hambre física, ni de la tristeza que lo invadía.
Él percibía que anteriormente, estando en Birán, nunca sentía deseos de comer, ni apetito. Siempre andaba comiéndo maíz asado y harina con azúcar en los bohíos de los haitianos. O en su casa, dulces en almíbar enlatados. Su mamá le peleaba a él y a sus hermanos, porque después no almorzaban. Pero en Santiago, a él la comida se le convirtió en algo prodigioso y en una especie de obsesión. No dejaba de pensar todo el tiempo en esta. Y era porque estaba pasando hambre. Estuvo en el lugar de los que no tienen un bocado para alimentarse. Pinchaba -se lo contó a Frei Betto-, el último granito de arroz en el plato.
Eso coloca a Fidel al lado de los pobres, de manera, pudiéramos decir, de hecho, de experiencia vívida. Pero por otra parte y antes de todo esto, en su casa de Birán, a pesar de que su papá había acumulado cierta cantidad de riqueza y cierta posición como hacendado, en su casa no existía una cultura excluyente. No había una cultura aristocrática.
Él decía, reivindico mi carácter de nieto de labriegos, campesinos. Y además como el lugar era tan aislado, tampoco existió la oportunidad de crear en la familia y en ellos como sus hijos, una posición en la cual, compartieran con hacendados y sus familias de un mismo nivel económico, lo cual habría llevado, eso lo explica él en Conversaciones en La Habana, habría llevado a que ellos tuvieran un ámbito que los alejara de la gente común, de los vaqueros, de los trabajadores, del lechero, del que ha ordeñado las vacas en los bajos de la casa. No ocurrió así. Él se percataba de que sus amigos en Birán siempre tenían apetito y les escaseaba la ropa, pero aún no podía comprender por qué sucedía eso, lo cierto es que siendo hijo del hacendado nunca lo separaron o alejaron de ellos.
En su casa nunca existió ese tipo de relacionamiento excluyente. Algo esencial que define la vida de Fidel al lado de los que no tienen nada. Luego -y eso también lo explica él mismo- va a la escuelita rural -de formación patriótica-, los colegios religiosos, ustedes saben que primero va al de los hermanos franceses de La Salle, donde mejora también su francés, y luego a Dolores, de los jesuitas españoles, que tienen un rol determinante en la forja del carácter y la preparación de Fidel, ya incluso científica, porque acordémonos que quienes disponían de observatorios meteorológicos en Cuba, eran precisamente los hermanos jesuitas en Santiago y en La Habana. Sin embargo, en tales instituciones, a las que asisten hijos de las clases privilegiadas, percibe y vive con más nitidez las diferencias sociales, pero no a su favor, sino por el contrario.
Huracanes
Conversaba hace unos días con el profesor Luis Enrique Ramos, historiador de la Meteorología en Cuba… de toda la teoría de los huracanes en nuestro archipiélago y el Caribe, el primero que la enuncia, que los denomina, es un padre jesuita español Benito Carlos José Viñes Martorell del siglo XIX y de quien le hablaban a Fidel en el Colegio Belén. Fidel recibe por esa vía otra vertiente de lo que él mismo es, en el sentido integral de su personalidad. Y lo que hace que Fidel supere la visión antropocéntrica tradicional tiene que ver con su amor y conocimiento de la naturaleza, porque Fidel es un ser que se preocupa no sólo por la humanidad, sino por la naturaleza que nos circunda y analiza como imprescindible una relación armónica entre humanidad y naturaleza. Fidel se encuentra en la vanguardia de quienes, a nivel internacional, responsabilizan al sistema capitalista del cambio climático y del probable colapso climático. Fíjense que distingo, son fenómenos y procesos interrelacionados pero diferentes. Un investigador mexicano, catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de México, John Saxe Fernández, describe muy bien la postura de Fidel, en un libro titulado Yo soy Fidel que agrupa artículos sobre el Comandante de intelectuales de toda nuestra América, pero en especial que está prologado por el compañero Roberto Fernández Retamar, el gran, el ilustre, intelectual, con quien Fidel tuvo también una relación muy especial. Un día, me acuerdo que estando en la Asamblea Nacional, Fidel polemizó sobre unos versos, creo que eran de Gustavo Adolfo Becker, con Retamar. Y bueno, mandaron a preguntar a las secretarias que se encontraban en sus oficinas en el propio Palacio de las Convenciones. Siempre estábamos allí, veíamos las sesiones por televisores y mandaron a preguntar. Quien tenía razón era Retamar. Y entonces, le llevan a Fidel la noticia públicamente y Fidel expresa: “nada más se me ocurre a mí polemizar con un poeta”. Nunca olvido ese pasaje, ambos se tenían un gran respeto. Entonces, bueno, para no desviarnos, aunque la poética, esa es otra vertiente, se dice que Fidel, en el discurso de 1992, en la Cumbre de la Tierra, en Río de Janeiro, al expresar sus ideas, se coloca está en la vanguardia de los que atribuyen al sistema capitalista todo lo que le ocurre a la humanidad, los peligros, los desafíos que estamos viviendo.
Y, por supuesto, lo estamos viviendo ahora mismo también en la forma brutal a la que ha llevado, no ya el capitalismo, sino el neoliberalismo, que es liberalismo extremo, brutal en exceso. La brutalidad es parte de toda la historia imperialista, incluso después de finalizada la Segunda Guerra Mundial y creada la Organización de las Naciones Unidas. Fue brutal el ataque del 3 de enero, eslabón más reciente de hechos precedentes: asesinato de Patricio Lumumba en el Congo, invasión a Vietnam, Girón, Crisis de Octubre, invasión a República Dominicana, patrocinio de dictaduras en Sudamérica, guerra en Centroamérica, invasiones a Granada, Panamá, Iraq, Afganistán y más recientemente a Yugoslavia, como actos brutales. Fidel lo señaló en 1999, que la agresión a Yugoslavia barría el derecho internacional y creaba un nefasto precedente en nuestro tiempo.
Ese mismo año, en una cumbre Unión Europea, América Latina, Fidel emplaza a los europeos diciendo, bueno, qué ocurriría si ese mismo conflicto tiene lugar en nuestra América, cuál es la posición de los países de Europa, de la OTAN. Estamos viendo la situación en Palestina, el genocidio en Palestina, la absoluta impunidad de Estados Unidos e Israel y la absoluta inoperancia de la ONU. Y, por último, lo acontecido en Venezuela. Además de amenazas a México, Panamá, Canadá, Groenlandia.
Es decir, que incluso cuando hablamos del quiebre de todo el sistema de las Naciones Unidas, siempre hay antecedentes que señalan que no había realmente tanto orden ni tanta legalidad en este mundo en el cual vivimos. Que siempre que el capitalismo o el imperialismo lo necesitó, barrió, así como con una escoba, con todas las formas, con todas las instituciones, con todas las leyes, con todo lo que no respondiera a sus intereses y eso lo hace el fascismo. Eso es lo que hace el fascismo. Se guardan en un bolsillo todas las llamadas instituciones democráticas burguesas. Eso lo dijo Fidel en sus discursos mientras visitaba Chile. Y si ustedes estudian esos discursos, ya desde entonces Fidel hace un análisis del fascismo, de lo que implica el fascismo.
Entonces, para volver a 1926-1945, Fidel pasa por las enseñanzas, además de manera muy, pudiéramos decir que es muy importante, muy trascendente, las enseñanzas de los colegios religiosos. En este período las lecturas son trascendentes, pero solo para abordar esa arista sería necesaria otra extensa conferencia. En todas las religiones hay valores, independientemente de que en algún momento de la historia hayan tenido pasajes oscuros, por ejemplo, como la Inquisición en la Iglesia Católica.
Fidel coincidía con la doctrina social de la iglesia, con la preocupación por los pobres, con hacer del reino de este al mundo un reino de los cielos anticipado. Era crítico de la escolástica de la religión, era crítico de la enseñanza que pondera el castigo o asume un destino trágico para el que peca. Sometía a crítica la misma visión de qué significaba pecar o sobre lo que se consideraba como pecado.
Por su amplísima erudición, Fidel Castro es una opinión de peso. Fidel es un anti dogmático por excelencia. En el encuentro Diálogo de Civilizaciones que tuvo lugar en Cuba, en mayo del 2005 consideró que todas las civilizaciones aportan valores y también que hay en el desarrollo de las civilizaciones antivalores que deben ser sometidos a crítica, que deben ser abordados y denunciados. Estoy parafraseando, por supuesto. Sobre la enseñanza en los colegios religiosos tiene críticas referidas, por ejemplo, a la denominada por él, pedagogía de la separación que obligaba a separar a los muchachos y muchachas, pero al mismo tiempo reconoce en la carta escrita desde el Presido, el 12 de febrero de 1954: “…sí voy a decir que la disciplina era buena, el crear hábitos de disciplina, de estudiar. Y, sobre todo, no estoy en contra del tipo de vida, con cierto sentido espartano, que tiene la enseñanza que yo recibí como interno de los jesuitas”. (16)
Ese sentido de vida espartano es el de su propia existencia, el que puso en práctica desde el principio como luchador, con una convicción imperturbable, sin el más mínimo devaneo para permitirse frivolidades o vanidad.
Él es, en síntesis, un vivísimo ejemplo de que los jesuitas formaban gente de carácter.
Por eso es importante el pensamiento crítico. Entonces, la formación religiosa tiene un peso en Fidel. La formación de la casa de no mentir, no abusar, no robar, no atropellar, rebelarse contra la injusticia. Toda la estructura moral básica para ser solidario, rebelde, justiciero, la aprende en casa primero, en el seno del hogar y luego la desarrolla en la academia, quiero decir en los colegios religiosos primero, y luego, en la universidad.
Todos esos valores, sentimientos, esencias del ser, las aprende en la casa. Pero después, los religiosos subliman todas las enseñanzas y en el caso de los jesuitas, hacen con Fidel algo muy propio de la orden de San Ignacio de Loyola, que es propiciar la forja del carácter. Favorecer su disposición resuelta a realizar pruebas difíciles, exploraciones a las colinas, no cejar en los empeños, enfrentar el cansancio, la adversidad, lo difícil y finalmente, vencer.
Un día estuve en un conversatorio con Ravelo, compañero que perteneció a su escolta, compañero de nosotros aquí, y Ravelo decía algo muy importante. Para ser miembro de la escolta lo enviaron primero a cumplir misión internacionalista en Angola, donde se probaba el espíritu resuelto de las cubanas y cubanos. ¿Saben por qué? Y con esto voy a terminar.
Fidel, al final de la guerra, reconoció un cierto momento de nostalgia. Al final de la guerra en la Sierra Maestra. Y hay personas que no han interpretado, por falta de información quizás, correctamente lo que Fidel dijo. Y han aseverado que Fidel era un hombre cuyo medio natural era la guerra. No, no, no, compañeros. Es cierto que de niño se apasionaba con los relatos y creaba juegos en su imaginación donde enfrentaba ejércitos de bolitas de papel, pero al crecer, Fidel fue un decidido antibelicista, estaba en favor de la paz justa, con desarrollo y derechos para todos. Cuestionaba el gasto de recursos en armas y conflictos, en lugar de ser empleados en el desarrollo, la sanidad, la alimentación de los pueblos. En un momento dado, Fidel se percató de que, si no se asumía frente a la dictadura batistiana, el método de la lucha insurreccional, no iba a ser posible vencerla y mucho menos cambiar el statu quo político y económico de la nación. Y eso lo dice en una carta que escribe en 1954, refiriéndose a su visita a Birán. Y, al final de la guerra, comprende que es una escuela donde se prueba el temple de los seres humanos, pero, para él, la guerra no era un fin, era el medio que permitía cambiar de manera radical el orden establecido y realizar las profundas transformaciones que necesitaba Cuba en todas las esferas.
Birán es clave porque ahí están las raíces. A mí el compañero Guillermo Cabrera Álvarez una vez me sugirió, cuenta tu aldea y contarás el mundo. Creo que es un viejo proverbio indio. Y parafraseó y me dijo: “Cuenta Birán y contarás a Fidel”. Y tenía razón, fue cuando me propuso escribir un libro sobre Fidel en Birán.
Y argumentó que era la única manera también de que Fidel aceptara el recuento, teniendo en cuenta su modestia y habitual conducta pudorosa en asuntos personales. Fue como una especie de “vamos a hacerle un homenaje a los padres, la familia, los vecinos, los amigos de la infancia, a todos los que incidieron en su formación y luego también, se sumaron a sus luchas”. Así fue como se lo presenté y fue lo que me permitió acceder a sus papeles, como decía él.
Un homenaje a todos en el pequeño poblado. A la familia, a los vecinos. A los que después se convirtieron en escopeteros y apoyaron a Raúl en el Segundo Frente, a quienes por el día eran campesinos y por la noche eran escopeteros de Ramón Castro.
Entonces, con eso les concluyo diciéndoles que no puedo en pocos minutos hacer el recuento de la existencia de Fidel entre 1926 y 1945. Hay que estudiar mucho. Hay que leer mucho.
A veces yo digo, pero cómo... Bueno, una vez me preguntó Fidel: “Katiuska, pero ¿de dónde tú sacaste tanta información?” Y les voy a responder. Él me lo estaba diciendo, porque yo había contado en Todo el tiempo de los cedros una historia de amor a una muchacha en la que él se fijó en una boda en Sao Corona, y él sabía que era cierta. Y entonces yo le digo: “Comandante, es que yo pude conversar con Clara”. ¿Clara vive? Bueno, no sé si está viva todavía en New Jersey.
Él no se imaginaba que yo había podido hablar con su prima Clara, y que ella me había contado aquella historia de Fidel enamorado. Clara era la muchacha que se estaba casando aquel día en Sao Corona. Ella vivía en la casa de Birán junto a ellos; había llegado cuando su mamá Antonia Ruz, hermana de Lina, murió de fiebres puerperales al dar a luz a una niña. Antonia murió por las cosas de ese tiempo en el campo, no había luz en Birán, no había médicos, ni siquiera había iglesia, apenas en alguna temporada la radio, una planta en determinados momentos, porque hay etapas diferentes, ¿me entienden? En ese largo periodo hay cosas distintas que se viven. Entonces, por eso es que es difícil abarcar un tiempo tan amplio. Clara recordaba bien que aquel día de su boda, su primo Fidel había quedado prendado de una muchacha invitada a la celebración del matrimonio.
El contenido moral del socialismo
Espero haberles introducido en el tema. Les recomiendo estudiar y leer a Fidel, porque no solo se aprende, se vuelve uno como con José Martí, una persona mejor, una persona más pura, una persona que se sensibiliza por los demás, que posee innumerables virtudes. Son, en definitiva, las enseñanzas de Fidel. En la ciudad de Tomé, en el frío sur chileno de la región de Bío Bío, el 18 de noviembre de 1971, Fidel definió el contenido moral y humano del socialismo. Entonces señaló:
Claro está que las circunstancias son diferentes. Los caminos son diferentes. Las aspiraciones son las mismas. El propósito es el mismo: luchar por la independencia del país, por consolidarla; luchar por la economía del país; luchar por la justicia; luchar por el bienestar del pueblo; luchar por poner fin a la explotación de la patria por los monopolios extranjeros; y luchar por poner fin a los privilegios y a las injusticias sociales (APLAUSOS); luchar por el futuro del país; luchar por los niños, por las mujeres, por los ancianos; luchar por las escuelas, por la educación; luchar por la salud pública. En fin: ¡luchar por el pueblo!
El objetivo de nuestra lucha es el hombre (17), es el pueblo. El objetivo de nuestra lucha no son intereses extranjeros, no son intereses particulares, no son intereses de minorías. El objetivo de nuestras luchas es el pueblo. Y no se puede luchar por una causa más justa, no se puede luchar por una causa más noble. Y en aras de esa causa, todos debemos estar dispuestos a dar nuestra energía, nuestro tiempo, nuestro sudor, y si es necesario también nuestras vidas (APLAUSOS).
Y concluyó en otra parte de su discurso:
Hoy ustedes no trabajan en esas industrias en beneficio de nadie. Hoy ustedes, al igual que los obreros de Lota y Coronel, y al igual que los obreros de Huachipato, trabajan para Chile, trabajan para el pueblo, trabajan para ustedes.
Y ese es en esencia el contenido moral del socialismo: trabajar para el pueblo, trabajar para la patria, trabajar para el hombre y, sobre todo, trabajar para el mañana. (18)
Pero también les voy a confesar que se disfruta, se disfruta muchísimo, porque él es maravilloso en su narrar, en su historia, en su manera de aproximarse a los tiempos. Es, pudiéramos decir, holístico, cuando, por ejemplo, analiza el batey de Marcané, no se refiere solo a las relaciones económicas, sino también a las relaciones sociales injustas establecidas casi como si se tratara de algo natural, aborda los sentimientos, la vestimenta, los ademanes de las personas, sus costumbres, tradiciones, temores… Es como cuando empieza a narrar la batalla -la primera de Las Mercedes-, el primer enfrentamiento que detiene en seco a la ofensiva de Batista, cuando Fidel escribe el parte de guerra para Radio Rebelde, se refiere a múltiples aspectos, incluso, a qué se dedicaban económicamente los pobladores de Las Mercedes, ¿entienden? Entonces, es importante tener esa visión multidimensional para analizar. Y, por supuesto, cuando hablamos, lo hacemos del Fidel que está en la vanguardia de la lucha contra el sistema capitalista hoy, que sigue siendo, que sigue estando en la vanguardia. Fidel va a adquirir dimensiones aún mayores con el paso de los años. Va a ocurrir como con José Martí, es un árbol que crece. Su estatura se agiganta perennemente.
¿Y cómo no iba a comprender la interrelación humanidad-naturaleza, si además de la experiencia vívida, desde los años 60 había leído, por ejemplo, el bestseller Primavera silenciosa, de Rachel Carson; al experto en cultivos de caña de azúcar Roger P. Humbert, quien había realizado sus estudios en sembradíos de la gramínea en Hawái; al italiano Telesforo Bonadonna, profesor de Veterinaria y Zootecnia de la Universidad de Milán con quien sostuvo un diálogo en la rectoría de la Universidad de La Habana, y al profesor André Voisin, quien llegó invitado a Cuba a comienzos de diciembre de 1964 para dictar un ciclo de conferencias sobre la influencia del suelo en el animal a través de las plantas. Fidel era un hombre de ciencia en el sentido de la acuciosidad, búsqueda, análisis, examen profundo de los temas de interés por desarrollar. Y entonces, también habría que estudiarlo desde esa perspectiva y desde otras: Fidel abogado, periodista, historiador, orador, escritor...
Todo está en la raíz, en esos primeros años de vida cuando tuvo contacto desde lo profundo o remoto de Cuba con el alma misma de Cuba, desde el ámbito humano, económico, geográfico, demográfico, cultural, étnico, natural. Por eso, por todo eso, es el hombre de vanguardia y nos va a guiar, como José Martí, a lo largo de los años por venir. Es la dimensión de futuro de Fidel, él respondió muchas preguntas aún no formuladas por nosotros mismos.
Por ejemplo, en El diálogo de las civilizaciones habla de la manipulación de las células. Y se pregunta en función de qué intereses estarán tales avances de la ciencia y las nuevas tecnologías. Y ya vivimos en función de qué perversos intereses estuvieron estos avances en los acontecimientos del reciente 3 de enero de este año, que se inicia convulso, estremecido para los pueblos y sus justas causas.
¿En función de qué ideales tenemos que luchar en el año del Centenario de Fidel? Con esto termino. En favor de las causas populares y las resistencias. Luchar, a brazo partido contra el imperialismo, el neocolonialismo, la barbarie, la incivilización, el fascismo.
Moderadora: Gracias. Ha sido de verdad un lujo tenerla aquí con nosotros esta mañana. Yo lo he disfrutado mucho, yo creo que ustedes también lo han disfrutado.
Realmente, y hemos aprendido muchísimo más, ¿por qué no? Porque muchas nos hemos leído sus libros, pero tenerla aquí realmente con nosotros es un gran privilegio. Es para nosotros un honor, un gusto inmenso tenerla aquí, poderla oír. Y yo quisiera preguntarle, antes de comenzar el debate, antes de preguntarle a los compañeros aquí presentes, quisiera preguntarle, ¿qué cualidad usted resaltaría más? Porque yo tengo mi criterio también.
¿Qué cualidad usted resaltaría más en esta etapa? Fíjese, en esta etapa que hemos visto de 1926 a 1945, ¿qué cualidad resaltaría más en él? Para mí es el que fue un gran autodidacta desde pequeño. Él aprendió matemáticas por él mismo.
Katiuska Blanco Castiñeira: Fidel tiene una posibilidad de la cual no disponen los niños del barrio de Birán y que él agradece. Muchos años después de haber vivido allí en Birán, el 23 de septiembre de 2003, cuando presentamos el libro Todo el tiempo de los cedros, para homenajear a Lina Ruz en su Centenario, él agradeció a sus padres la posibilidad que no tuvieron otros niños del barrio de Birán de ir a estudiar. Incluso allí revela un sentir conmovedor, expresa: “Yo, mientras las cosas son más del corazón, más las guardo”.
Entonces, por un lado, pienso que la sensibilidad, el sentimiento solidario, recibido como aprendizaje en su casa de Birán, fundamento de su humanismo revolucionario. Para mí la casa de Birán es prodigiosa, es una casa grande de verdad, porque no solo dio lugar a una personalidad inmensa de la historia, sino a dos, porque dio también lugar al crecimiento y desarrollo de Raúl con unas convicciones, con unos valores extraordinarios. Y luego llega la academia, llega el conocimiento. Fidel lo dijo en la clausura del Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba.
Se preguntó a sí mismo en numerosas oportunidades, por qué caminos había llegado a la lucha revolucionaria siendo hijo de un hacendado. Y la descripción que hace define las claves: por los caminos del conocimiento, de la historia y de la sensibilidad. Entonces, tú puedes ser un gran estratega, tú puedes ser un hombre que acumula conocimientos y ponerlos en función de las peores causas. O puedes ser un hombre que se conmueve con el otro, que es algo que viene de la formación de la casa, de los colegios religiosos, pero en especial de la doctrina revolucionaria, porque las revoluciones se hacen por amor a los seres humanos. En una carta escrita desde el Presidio el 12 de febrero de 1954, Fidel anotó: “Evidentemente nací con una vocación de político, con una vocación de revolucionario”. (19) Cuando estuvo en Francia, allí se rompieron las vitrinas en la Unesco porque llegaba Fidel, en una conferencia de prensa, dijo -yo lo he comentado aquí con otros compañeros- en qué país le habría gustado nacer en segundo lugar, si no hubiera nacido en Cuba. Cuba en primer lugar, cubano 100%. Si no hubiera nacido en Cuba, ¿en qué lugar? Y respondió: en Francia. Las personas se quedan asombradas cuando cuento la historia. ¿Por qué? Porque ubicamos a Fidel, bueno, queriendo nacer en Venezuela por Bolívar y sus luchas, o en México, o queriendo nacer en Haití, o queriendo nacer, no sé, en otro país de nuestra América.
Sin embargo, él asegura que en Francia. ¿Por qué? Porque Francia es el país de las revoluciones, de los que inspiraron, con la Revolución Francesa y la Comuna de París, a Marx, Engels y Lenin. Entonces, es el país de los revolucionarios.
Por tal razón afirma que Francia es el segundo país donde le habría gustado nacer. No olvidemos nunca, y ahí ya no quiero abordar el tema de analizar los hechos e influencias a partir de 1945, porque seguramente este espacio tendrá para ello a otro ilustre invitado. Fidel empieza a subirse a los bancos de la Plaza Cadenas de la Universidad de La Habana y a discursar como Marat, o como Robespierre, o como Danton. Y fíjense, debemos hacer de manera sistemática un distanciamiento de la Wikipedia, eludirla permanentemente.
Una vez escuché decir a alguien que Robespierre era un terrorista, un criterio tomado de la Wikipedia. ¿Saben lo que pensaba Fidel de Robespierre? Fidel dijo que hacían falta muchos Robespierre. Y, además, que hacían falta unos meses de terror para acabar con un terror de siglos. Entonces, búsquenlo, porque eso está en varios libros, aparece mencionada esa frase. Entonces, hay que estudiar. “Estudiar es luchar” (20), apuntó en una misiva desde Presidio, el 24 de noviembre de 1953.
No podemos creer que conocemos a Fidel. Paso la vida estudiándolo y siempre encuentro enseñanzas nuevas. Por mucho que yo quiera abarcarlo todo, nunca lo consigo. Él es inabarcable, lo dije una vez, parada frente al Océano Pacífico, en la desembocadura del río, sobre el puente que lleva a la Alameda, como narra la canción La flor de la canela, de Chabuca Granda.
Allí, cerquita de ese lugar, miré al Pacífico y dije, por mucho que mi vista pueda llegar al horizonte, no podría nunca llegar a lo profundo, a lo hondo del Océano Pacífico. Así es Fidel. En otra oportunidad lo comparé con un Tule, un árbol que unas cincuenta personas no consiguen abrazar con los brazos extendidos. El poeta chileno Gonzalo Rojas lo definió de forma magistral en Casa de las Américas:
Fidel puso a Cuba en la historia y eso lo saben las estrellas. Yo estaba en Roma aquella vez leyendo el diario esa mañana del uno del 59 del otro siglo cuando le dije al Rodrigo, primogénito mío de 15 años que iba conmigo por el mundo: - “A ver, muchacho, de las dos noticias ¿cuál?, ¿la terrestre de Fidel entrando en La Habana o la otra con el razzo [cohete] en la Luna?
-La de Fidel, me dijo, esa no va a pasar nunca.
Dio en el clavo. Nunca iría a pasar. Esa sí que era “nueva” diría Apollinaire hablando de lo nuevo, esa sí que era nueva de novedad heroica. (21)
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(1) Feltrinelli, Giangiacomo. Fidel Castro: Diez años de Guerra y Revolución. Editorial Feltrinelli, Milano, Italia, 1964, p.28. (Copia de la maqueta original inédita en Fondos de la Oficina de Asuntos Históricos de la Presidencia de la República de Cuba).
(2) Feltrinelli, Giangiacomo. Fidel Castro: Diez años de Guerra y Revolución. Carta escrita el 24 de marzo, 1954. Editorial Feltrinelli, Milano, Italia, 1964, p.60. (Copia de la maqueta original inédita en Fondos de la Oficina de Asuntos Históricos de la Presidencia de la República de Cuba).
(3) Tal conversación tuvo lugar en el Palacio de la Revolución, durante la noche del 12 de agosto de 2002, víspera del cumpleaños 76 del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.
(4) Feltrinelli, Giangiacomo. Fidel Castro: Diez años de Guerra y Revolución. Carta escrita el 27 de enero, 1954. Editorial Feltrinelli, Milano, Italia, 1964, p.29. (Copia de la maqueta original inédita en Fondos de la Oficina de Asuntos Históricos de la Presidencia de la República de Cuba).
(5) Feltrinelli, Giangiacomo. Fidel Castro: Diez años de Guerra y Revolución. Carta escrita el 27 de enero, 1954. Editorial Feltrinelli, Milano, Italia, 1964, p.27. (Copia de la maqueta original inédita en Fondos de la Oficina de Asuntos Históricos de la Presidencia de la República de Cuba).
(6) Feltrinelli, Giangiacomo. Fidel Castro: Diez años de Guerra y Revolución. Carta escrita el 27 de enero, 1954. Editorial Feltrinelli, Milano, Italia, 1964, pp. 27 y 28. (Copia de la maqueta original inédita en Fondos de la Oficina de Asuntos Históricos de la Presidencia de la República de Cuba).
(7) Feltrinelli, Giangiacomo. Fidel Castro: Diez años de Guerra y Revolución. Carta escrita el 27 de enero, 1954. Editorial Feltrinelli, Milano, Italia, 1964, p.29 (Copia de la maqueta original inédita en Fondos de la Oficina de Asuntos Históricos de la Presidencia de la República de Cuba).
(8) Castro Ruz, Fidel. Discurso pronunciado por el Comandante Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, en el resumen de la Velada Conmemorativa de los Cien Años de Lucha, efectuada en La Demajagua, Monumento Nacional, Manzanillo, Oriente, el 10 de Octubre de 1968, “Año del Guerrillero Heroico”. Carpeta digitalizada del original del Departamento de Versiones Taquigráficas del Gobierno Revolucionario.
(9) Pichardo Viñals, Hortensia. En Documentos para la historia de Cuba. Bajo el acápite “Para abaratar la producción azucarera a beneficio de las empresas norteamericanas, autorización para introducir braceros antillanos” aparece lo relativo al tema mencionado. También pueden leerse otras referencias al respecto en Blanco Castiñeira, Katiuska, Todo el tiempo de los cedros, Segunda Edición Cubana, Casa Editora Abril, 2009, pp.756 y 757.
(10) Castro Ruz, Fidel. Discurso pronunciado por el Comandante Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, al encontrarse con los integrantes de la marcha al Segundo Frente “Frank País”, en los Pinares de Mayarí, el 26 de septiembre de 1966, “Año de la Solidaridad”. Carpeta digital del original del Departamento de Versiones Taquigráficas del Gobierno Revolucionario.
(11) Castro Ruz, Fidel. Discurso pronunciado por el Comandante Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, en la ciudad de Tomé, Concepción, Chile, 18 de noviembre de 1971, “Año de la Productividad”. Copia digitalizada del original de Versiones Taquigráficas, Palacio de la Revolución.
(12) Martínez Heredia, Fernando. En la conferencia titulada “Las claves del imperialismo y el anticapitalismo hoy, las visiones de Fidel Castro en los nuevos escenarios de lucha”, dictada en el 12 Taller Internacional sobre Paradigmas Emancipatorios Berta Cáceres Vive, 11 de enero de 2017. Reporte publicado por Dianet Doimeadios Guerrero en la edición de Cubadebate al día siguiente.
(13) Se refiere a la conversación que tuvo lugar durante el primer encuentro de la autora con el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, en el despacho del Palacio de la Revolución, el 14 de enero de 1994.
(14) Blanco Castiñeira, Katiuska. Entrevista concedida a la autora por el General de Ejército y líder al frente de la Revolución cubana, Raúl Castro Ruz, en su despacho del Ministerio de las Fuerzas Armadas, 30 de julio de 2003 (inédita).
(15) Martí Pérez, José. “Peter Cooper”. En La Ofrenda de Oro, Nueva York, mayo de 1883. Tomado de José Martí: Obras Completas. Edición Crítica, La Habana, Centro de Estudios Martianos, 2010, t.17, pp.101-104.
(16) Feltrinelli, Giangiacomo. Fidel Castro: Diez años de Guerra y Revolución. Editorial Feltrinelli, Milano, Italia, 1964, p.47. (Copia de la maqueta original inédita en Fondos de la Oficina de Asuntos Históricos de la Presidencia de la República de Cuba).
(17) En 1971, en Cuba teníamos la visión martiana de hombre como sinónimo de humanidad. Con una mirada profundamente antirracista y radical para su tiempo, José Martí escribió en el artículo “Mi raza” publicado en el periódico Patria, en 1893: “Hombre es más que blanco, más que mulato, más que negro. En los campos de batalla murieron por Cuba, han subido juntas por los aires las almas (…)”. El enfoque de género en el lenguaje, entre nosotros, es mucho más reciente, pudiéramos decir. Con premisa y visión de humanidad, incluida la diversidad de género e identidades provenientes de cualquier estirpe o linaje, es que Fidel emplea el concepto hombre.
(18) Castro Ruz, Fidel. Discurso pronunciado por el Comandante Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba y Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, en la ciudad de Tomé, Concepción, Chile, 18 de noviembre de 1971, “Año de la Productividad”. Copia digital del original del Departamento de Versiones Taquigráficas del Gobierno Revolucionario.
(19) Feltrinelli, Giangiacomo. Fidel Castro: Diez años de Guerra y Revolución. Editorial Feltrinelli, Milano, Italia, 1964, p.30. (Copia de la maqueta original inédita en Fondos de la Oficina de Asuntos Históricos de la Presidencia de la República de Cuba).
(20) Feltrinelli, Giangiacomo. Fidel Castro: Diez años de Guerra y Revolución. Editorial Feltrinelli, Milano, Italia, 1964, p.16.Carta a Natalia Revuelta, noviembre 24 de 1953. (Copia de la maqueta original inédita en Fondos de la Oficina de Asuntos Históricos de la Presidencia de la República de Cuba).
(21) Discurso del poeta Gonzalo Rojas. Letras de Chile. https://letrasdechile.cl/2008/01/24/discurso-del-poeta-gonzalo-rojas/. En la sala Che Guevara de la Casa de las Américas, La Habana, lunes 21 de enero de 2008, durante la inauguración de la 49 edición del Premio Literario Casa de las Américas.