Fidel, un lector apasionado

Fidel fue un apasionado de la lectura
Fidel, un lector apasionado

Muchos autores se han referido a la pasión de Fidel por la lectura, se sabe que era un lector voraz, él mismo decía que un buen libro podía quitarle el sueño y que a lo largo de su vida, fue leyendo todas las obras que no pudo leer en su niñez.

Por:
Alba María Orta Pérez
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En las conversaciones recogidas en el libro Fidel Castro Ruz Guerrillero del Tiempo, de la periodista Katiuska Blanco, el Comandante afirma que siempre, desde niño, tuvo gran interés por la lectura, refiere que en su niñez sintió verdadera fascinación por la Historia Sagrada, (el Antiguo Testamento), que se estudiaba en todos los cursos y hablaba de los orígenes del mundo, de la vida, el universo, el hombre. Fidel recordaba pasajes como el Arca de Noé, la historia de Moisés, las narraciones de guerras y combates; todo eso le resultaba fabuloso, extraordinario; sin lugar a duda, existía desde entonces, una fuerte inclinación hacia la literatura y la historia.

Los libros que tenía a su disposición en aquella etapa de su vida, eran los textos escolares, y tanto en el colegio La Salle como en Dolores, la literatura que se impartía no era universal, sino religiosa, predominaban las historias de santos y mártires. Nunca pudo acceder a libros como La Ilíada, La Odisea, Don Quijote de la Mancha u otras obras clásicas de la Literatura Universal. 

Él recordaba con mucha admiración a un empleado de la finca: César Álvarez, el tenedor de libros, un hombre muy culto que dedicaba tiempo a conversar con él y le contaba historias que le resultaban muy interesantes. Le hablaba de Grecia, de Roma, fue la primera persona que le habló de personajes de la literatura.

A la prensa de la época si tuvo acceso, en su infancia pudo seguir los acontecimientos internacionales porque a su casa en Birán, llegaban desde la capital, el Diario de la marina, El Mundo, Información y El País. Y de Santiago de Cuba se recibía El Diario de Cuba. Fidel recordaba que estuvo al tanto, cuando estaba de vacaciones en la casa, de acontecimientos históricos como la guerra de Abisinia, hoy Etiopía y que tendría alrededor de diez años cuando comenzó en 1936, la Guerra Civil Española, acontecimiento que siguió con mucho interés. 

El cocinero de la casa, el español Manuel García, no sabía leer y como estaba muy necesitado de saber lo que sucedía en su país, Fidel pasaba ratos leyéndole las noticias de lo que acontecía en el campo de batalla.

Como a todo niño, le encantaban las tiras cómicas, las historietas; en especial el   clásico argentino El Gorrión y algunas novelas de acción como De tal palo tal astilla, inspirada en las cintas cinematográficas del género Oeste.

También hablaba con pasión de las cartas que enviaba Segundo Llorente, el hermano del padre Llorente, que era misionero en Alaska, donde narraba historias que le resultaban fascinantes. Tiempo después, esos relatos fueron publicados por la editorial El Siglo de las Misiones bajo el título Narraciones de tierras lejanas. 

Al referirse a esta etapa de su vida, a lo aprendido en los colegios, a sus materias preferidas, expresó: «creo que la lectura era mi mayor pasión» 

Muchos autores se han referido a la pasión de Fidel por la lectura, se sabe que era un lector voraz, él mismo decía que un buen libro podía quitarle el sueño y que a lo largo de su vida, fue leyendo todas las obras que no pudo leer en su niñez. Cuando triunfó la Revolución, Fidel tenía una sólida cultura general, había leído las principales obras de la Literatura Cubana y Universal; y muchas de estas las leyó cuando estaba en presidio.

No hay etapa de su vida en que la lectura no estuviera presente, no dejó de leer nunca, ni en la cárcel, ni en el exilio, ni en la Sierra, ni al frente de la Revolución, nunca.

En la entrevista concedida a Tomás Borges, recogida bajo el título Un grano de maíz, Fidel confesó:

«Sufro cuando veo las bibliotecas, sufro cuando reviso una lista de títulos de todas clases, y lamento no tener toda mi vida para leer y estudiar»

En carta a su hermana Lidia desde el presidio, insistía en que no necesitaba nada material, que saldría de allí con su viejo traje. Al referirse a los libros expresó:

Mi mayor lucha ha sido desde que estoy aquí, insistir y no cansarme nunca de insistir que no necesito absolutamente nada; libros solo he necesitado y los libros los tengo considerados como bienes espirituales […]. El deseo de que mis libros estén arreglados y en orden para cuando yo llegue, me conforta, me alegra y me hace más feliz que todas las demás cosas…

Independientemente de su luz natural, los libros influyeron en la formación de Fidel como estadista, como revolucionario, alimentaron su mundo espiritual. En la cárcel, le permitieron evadir la soledad y el aislamiento en que se encontraba, los libros llegaron a constituir su mayor riqueza. 

Entre los libros leídos por Fidel, destacan El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes, Los Miserables de Víctor Hugo, Por quién doblan las Campanas de Ernest Hemingway, Cecilia Valdés de Cirilo Villaverde, Magallanes de Stefan Zweig. La Feria de las vanidades de William M. Thackeray, Crimen y castigo de Fiódor Dostoyevski, Así se templó el acero de Nikolái Ostrovsk, La Guerra y la Paz de León Tolstoi, Manifiesto Comunista de Marx y Engels, Cien años de soledad de Gabriel García Márquez y las Obras Completas de José Martí.

Esta reducida selección demuestra su interés por diferentes temas, a él le interesaba todo, tenía una sed insaciable de conocimientos; en las obras de contenido social, político, científico, encontró siempre la claridad que necesitaba para llevar a cabo su proyecto revolucionario y en la literatura en general, la maravilla, la magia que aflora del arte de la palabra y te permite penetrar de forma amena, en todos los campos del saber.

Entre sus libros preferidos están las biografías de las grandes personalidades de la historia, en este caso, prefería las escritas por Stefan Swey, porque no se limitaban a los hechos relevantes del biografiado de forma fría y en extremo académica, sino que por momentos utilizaba la ficción para llegar al ser humano, a su vida, de forma novelada, mucho más atractiva y agradecible. Su pasión por la lectura lo acompañó durante toda su vida.

En su desempeño al frente de la Revolución Cubana, impulsó desde el inicio la preparación del pueblo con la campaña de alfabetización, que constituyó una revolución cultural dentro de la revolución social que ha tenido un ininterrumpido avance a través del tiempo.

En 1962 fue creada la Imprenta Nacional de Cuba, que cinco años después dio paso al Instituto Cubano del libro. La Revolución dotó a nuestros escritores de instituciones que harían realidad sus sueños de publicar sus obras y al pueblo la posibilidad de acceder a la literatura cubana y universal.

Al decir de Abel Prieto, la cultura no fue jamás para Fidel algo ornamental. La llamó muchas veces escudo y espada de la nación: el escudo que la resguardará frente a las influencias desintegradoras de nuestro núcleo identitario y la espada capaz de llegar muy lejos, así como de transportar y defender la verdad de Cuba en los sitios más remotos del resto del mundo.

 

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