Conferencia impartida el 15 de abril de 2026 por el McS. Abel Aguilera Vega en el taller Girón. 65 años de la gran victoria contra el imperialismo. Sala Polivalente La Plata, Centro Fidel Castro Ruz.
La derrota de la invasión mercenaria al sur de la antigua provincia de Las Villas, en abril de 1961, no significó solamente una contundente victoria militar, lo fue también política, diplomática, comunicacional y jurídica; y su impacto en las relaciones de Estados Unidos con el continente y en las relaciones bilaterales con Cuba llega hasta nuestros días.
El juicio contra los cerca de 1 200 mercenarios; que a día de hoy sigue siendo el más grande realizado en el país, atendiendo a la cantidad de acusados; se desarrolló casi un año después de la fracasada invasión mercenaria. Si bien, en su esencia, la dinámica política del país no había variado para entonces, sí hubo importantes transformaciones en el entorno internacional y doméstico que tuvieron influencia en la causa judicial.
Dos días después del fin de las hostilidades militares, el presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, en conferencia de prensa desde el Departamento de Estado, reconocía de manera indirecta la responsabilidad de su gobierno y la suya propia en el adiestramiento y preparación de la brigada mercenaria:
«Hay un viejo dicho que reza: La victoria tiene cien padres y la derrota es huérfana. (…) He dicho todo lo que considero pertinente respecto a los acontecimientos de los últimos días. No pretendo extenderme más, ni entrar en discusiones más detalladas, no para eludir mi responsabilidad —ya que soy el funcionario responsable del Gobierno, algo que resulta evidente—, sino simplemente porque no creo que una discusión de este tipo nos beneficie en la difícil situación actual».(1)
Ese propio día 21 y hasta el 25 de abril, en La Habana fueron llevados ante las cámaras de la televisión varios de los mercenarios, quienes en transmisión en vivo y frente a las preguntas de un panel de periodistas (2) explicaron el proceso de planificación y la ejecución de la fallida invasión, culparon a la Agencia Central de Inteligencia y al gobierno estadounidense de mentirles y abandonarlos en suelo cubano, así como de hacerles creer que el gobierno revolucionario no contaba con respaldo popular y se lograría una rápida victoria. Igualmente, declararon haber recibido un tratamiento correcto y adecuado por parte de sus captores. Estas declaraciones fueron en extremo importantes, pues generaron revuelo internacional, una situación caótica en la administración norteamericana y, a la vez, constituyeron piezas de confesión durante el juicio.
El 24 de abril resultó un día difícil para el gobierno de Kennedy, pues tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes fueron duramente recriminados, cuando el secretario del Interior, Stewart Udall, pretendió culpabilizar a la administración anterior de Eisenhower del fracaso de la invasión. Ese propio día, Kennedy decide zanjar el asunto, y reconocer oficialmente, mediante su vocero Pierre Salinger, la responsabilidad de su gobierno en la agresión y derrota al territorio cubano:
«El presidente Kennedy desde un comienzo ha manifestado que asume plena responsabilidad por los hechos de estos últimos días. Lo ha repetido en todas las ocasiones y lo repite nuevamente ahora, de modo tal que sea bien comprendido por todos. El presidente se opone firmemente a que nadie, dentro o fuera del gobierno, intente hacer trasladar esa responsabilidad».(3)
Estas declaraciones no eran un asunto menor, pues tendrían no solo repercusión política, sino también jurídica sobre los mercenarios que en territorio cubano esperaban ser juzgados. Este reconocimiento no solo validaba las acusaciones de la diplomacia cubana en el seno de las Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos, sino también las del propio Primer Ministro, Fidel Castro, quien denunció en reiteradas ocasiones la intervención norteamericana en la operación militar.
Las confesiones de los mercenarios, los armamentos con las insignias del ejército norteamericano y las declaraciones del presidente Kennedy, entre otras, constituirían piezas de carácter probatorio para el enjuiciamiento por traición a los expedicionarios en la causa 111/61. Nótese la gravedad de la clasificación delictiva, justificada por la permanente y creciente agresividad del imperialismo sobre Cuba y la amenaza real de un nuevo intento de invasión militar, con el empleo de tropas regulares, como denunció el Comandante en Jefe y demostraron años después los documentos desclasificados de la Operación Mangosta.
Para el momento de iniciarse la primera vista oral del juicio, el 29 de marzo de 1962, el panorama político no era exactamente igual al de hacía un año. En enero, el presidente de Guatemala, José Miguel Ydígoras Fuentes, le reclamaba al gobierno de Estados Unidos que cumpliera la promesa realizada por la CIA de entregarle el territorio de Belice –disputa legal y territorial que sostiene con el vecino país desde el siglo XIX– como pago compensatorio por los servicios de facilitar el territorio como base para la brigada mercenaria.(4)
El 18 de enero, el general de brigada Edward Lansdale presentaba a las más altas autoridades del Gobierno de Estados Unidos y al Grupo Especial Ampliado del Consejo de Seguridad Nacional el documento conocido como "Proyecto Cuba", un plan de guerra encubierta con 32 tareas que debían ser ejecutadas por los departamentos y agencias participantes en la llamada Operación Mangosta. Como resultado de ello, entre enero y marzo se intensificaron los incendios de cañaverales, los asesinatos de campesinos, las acciones terroristas y las agresiones desde la base naval en la bahía de Guantánamo. Esto provocó que el 17 de marzo la cancillería cubana se pronunciara con una nota de protesta hacia el gobierno norteamericano, en la que de manera detallada evidenciaba las provocaciones realizadas desde la base de Caimanera:
«Esta política de provocación desde la base militar de Guantánamo se ha venido acentuando con ritmo creciente, durante las últimas semanas, y es obvio que forma parte del plan de deliberado hostigamiento, tensión y desarrollo de incidentes con propósitos que no pueden augurar nada tranquilizador a la seguridad y a la paz de nuestro pueblo». (5)
En la última semana de enero sesionó la VIII Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, en Punta del Este, Uruguay, la que bajo presión de Estados Unidos logró la «exclusión del actual gobierno de Cuba» (6) del organismo, con el objetivo de aislar a la Isla en el escenario internacional. La respuesta no se hizo esperar, horas después, desde Washington, Kennedy declaraba:
«(…) deseo expresar mi satisfacción, y creo que la de todos los estadounidenses, por la decisión tomada por la Organización de los Estados Americanos en la conferencia de Punta del Este. Seis resoluciones, que representan un programa de seis puntos, fueron aprobadas por la conferencia esta madrugada. Ningún país se unió a Cuba para votar en contra de estas resoluciones».(7)
Y tres días después, el 3 de febrero, Kennedy firmaba la Orden Ejecutiva 3447, sustentada en la aplicación de la Ley de Comercio con el Enemigo de 1917. Respaldada con la Resolución Federal No. 1085, aprobada el 6 de febrero, entró en vigor al día siguiente. De esta manera comenzaba el extenso y escabroso andamiaje jurídico del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos contra Cuba, que llega mucho más reforzado hasta nuestros días.
Por su parte, el gobierno revolucionario respondía con una movilización millonaria frente a la Plaza de la Revolución el 4 de febrero, para respaldar la Segunda Declaración de La Habana; una posición de principios de no desviar el rumbo socialista y soberano iniciado por el país, y de denuncia ante las agresiones imperialistas y los gobiernos aliados.
No menos importante resulta, hacia el interior del país, la declaración del triunfo sobre el analfabetismo el 22 de diciembre de 1961, problemática enquistada en la nación y desatendida por los gobiernos de la República. El fin de la Reforma Universitaria, el 10 de febrero de 1962, daba una nueva vida a la enseñanza superior, la actualizaba a los nuevos tiempos, a las necesidades del país y democratizaba su acceso. Se sucedieron, asimismo, la reestructuración de ministerios, el impulso a los planes agrícolas y ganaderos; y la ampliación de las relaciones diplomáticas con varios países del Tercer Mundo. Todo ello evidencia que la política estratégica de la Revolución estuvo orientada a no detener sus planes de desarrollo nacional; lo cual, sin dudas, constituyó una fortaleza ante la estrategia del imperialismo de retrasar precisamente el avance de la misma. Un ejemplo de ello es que durante el transcurso de los juicios se desarrolló el Primer Congreso de la Asociación de Jóvenes Rebeldes, que pasó a denominarse, en lo adelante, Unión de Jóvenes Comunistas.
Especial mención, en esta coyuntura previa al inicio de los juicios, merece la denuncia por parte del Comandante en Jefe al sectarismo, en su discurso del 26 de marzo en la Universidad de La Habana, fenómeno que había ganado espacio dentro de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI) y estaba socavando la unidad del proceso revolucionario en tan complejo escenario.
Este proceso, que se ventiló públicamente, nos deja algunas lecciones históricas que a la luz de hoy resultan interesantes. La Revolución demostraba ser un proyecto político capaz de mirarse a sí misma, y reflexionar sobre sus propios pasos; no se estaba construyendo un proyecto político electoralista –lo cual haría imposible tal denuncia– sino un proyecto político de democracia popular, que transgredía de facto las bases de la democracia burguesa iniciadas con la República; era un proyecto capaz de exponer públicamente sus fisuras, particularmente en un escenario de abierta hostilidad y ante la amenaza de una nueva invasión. Esto, contrario a las valoraciones realizadas por la CIA en la fecha, demuestra las fortalezas de la Revolución, capacitada para iniciar tal proceso; y la consolidación del liderazgo del Comandante en Jefe, no ya como hombre de armas, sino como estadista capaz de conducir los destinos de la nación.
Es en este contexto histórico en el que se produce el inicio del juicio contra los mercenarios de Playa Girón.
La victoria judicial del pueblo cubano
El inicio de las vistas orales, casi un año después de la invasión, tiene una relación directa con el enfriamiento durante meses de las conversaciones entre el Comité de Familiares y el Gobierno Revolucionario, encabezadas personalmente por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, como resultado de una estrategia deliberada del gobierno de Estados Unidos para eludir el pago por indemnización y las consecuencias políticas de este acto.
El 22 de enero de 1962, el Comandante en Jefe tuvo que salir al paso y dejar clara la posición oficial de Cuba ante las manipulaciones de los medios extranjeros sobre una probable liberación de los presos sin proceso judicial. Ese día declaraba que:
Los mercenarios esos no salen de ahí hasta que no paguen la indemnización que tienen que pagar por los daños que han hecho, y que cada año que pase tendrá que ser mayor.
Así que no se hagan ilusiones de ninguna clase las agencias cablegráficas, ni intriguen con eso, que eso no le ha pasado por la mente a nadie, ni le pasará.(8)
Si bien la prensa nacional publicó íntegramente su intervención al día siguiente, estas declaraciones no constituyeron titular en ninguno de los principales medios. Pero, cuando el 20 de marzo el Departamento Jurídico de las Fuerzas Armadas Revolucionarias anunció el inicio de los juicios para el jueves 29 de marzo, la reacción en Estados Unidos fue inmediata. Álvaro Sánchez, presidente de la Comisión Familiar, escribió desde Nueva York al Comandante en Jefe, solicitándole la suspensión del juicio, tras alegar «que ya se han logrado los medios necesarios para consumar la operación que usted sugirió el pasado año».(9)
Al día siguiente, durante una conferencia de prensa en Washington, el presidente Kennedy no pudo responder con objetividad qué podía hacer su gobierno para hallar una solución a la situación de los mercenarios. El presidente norteamericano se encontraba en una encrucijada, en la cual el gobierno cubano llevaba la iniciativa.
«Señor Presidente, ¿cuál es su reacción ante la noticia de que los 1 200 prisioneros de Bahía de Cochinos serán juzgados como criminales de guerra en Cuba? En concreto, ¿cree que este Gobierno puede hacer algo por ellos?
Como saben, la Cruz Roja ha estado intentando conseguir una entrada a Cuba para gestionar la alimentación de los prisioneros. Por supuesto, es una situación de gran angustia tanto a nivel nacional como personal». (10)
Dos días después, el periódico Revolución amanecía con la noticia: «Cesó el plazo de la indemnización»(11) y el 26 de marzo, el Comandante en Jefe le respondía la carta a Álvaro Sánchez: «La falta de interés por parte de los responsables principales de la agresión a nuestra patria, ante el generoso ofrecimiento del Gobierno Revolucionario, eludiendo de forma indefinida la aceptación de la misma, justifica, por sí sola, esta decisión. Transcurrido tanto tiempo, ni siquiera Cuba necesitaría ya los equipos propuestos, por cuanto han sido adquiridos y recibidos en cantidades más que suficientes»(12). Evidentemente, se trataba de una estrategia del líder cubano para presionar a sus contrapartes y obligar al imperialismo al reconocimiento legal de su paternidad en la invasión de Playa Girón, pues la sentencia del tribunal emitida días después estipulaba como cumplimiento de la sanción «pago de una indemnización». (13)
El jueves 29 de marzo, día de inicio del juicio, desde Washington, la OEA aprobaba un exhortación a los gobiernos del área en favor de los mercenarios, en la que de antemano se pretendía deslegitimar el juicio ante el «supuesto desdén por los procedimientos legales y los derechos humanos». (14)
Ese día, a las 9 de la mañana, se iniciaba en el capitalino Castillo del Príncipe, la primera vista oral de la causa sumarísima 111/61. El tribunal revolucionario estuvo conformado por los comandantes Augusto Martínez Sánchez, como presidente; y Juan Almeida Bosque, Sergio del Valle Jiménez, Guillermo García Frías y Manuel Piñeiro Losada, como vocales; como secretario actuó el capitán Narciso Fernández Suárez; como fiscal el Dr. Santiago Cuba Fernández, del Tribunal Supremo, y como abogado de la defensa de oficio el Dr. Antonio Cejas Sánchez, profesor de la Universidad de La Habana.
Se desarrollaron en total cuatro vistas orales en las que fueron presentados a juicio 1 181 mercenarios de los 1 205 (15) capturados en la Ciénaga de Zapata, los cuales fueron procesados por el delito de traición, como estipulaba el artículo 128 del Código de Defensa Social y el artículo 5 de la Ley No. 425 del 7 de julio de 1959.
La primera sesión, desarrollada el jueves 29 de marzo, estuvo dedicada a la lectura por parte del tribunal del acta de acusación, a las pruebas de confesión y a la prueba testifical del capitán Manuel Quiñónez Clavelo, jefe de Información del Estado Mayor General de las FAR y oficial investigador, conocido por los mercenarios con su seudónimo de Pedro Luis Rodríguez, y quien permaneció varios meses como responsable de la custodia de los mercenarios.
Durante esta sesión, Pedro Luis Rodríguez dio lectura de una carta dirigida por José Pérez San Román, jefe de la brigada mercenaria, al Comandante en Jefe el 11 de mayo de 1961, así como la escrita a su esposa en la que culpaba al gobierno de Estados Unidos como organizador e instigador de la invasión, en estos documentos evidenciaba además el trato adecuado dado por el gobierno cubano y mostraba su arrepentimiento por participar en la misma.
La segunda sesión se desarrolló el viernes 30 de marzo, en la que comparecieron un total de 11 mercenarios, entre ellos el sacerdote Fermín Asla Polo, los que brindaron amplios detalles de la planificación, organización, entrenamientos, traslado hacia Cuba, y objetivos militares y políticos de la invasión. Por ejemplo, el acusado Ulises Carbó Yaniz declaró ante el tribunal: «Oí decir que los objetivos debían sostenerse durante tres o cuatro días hasta que el supuesto apoyo interno de una rebelión los consolidara (…) y denuncio: Al gobierno de Washington, por haber inventado una farsa sin precedente, por haber planeado el asesinato en masa de los cubanos en una invasión marrullera para después justificar o tratar de justificar una invasión de tropas yanquis» (16), declaración que de por sí desnudaba la estrategia política del gobierno imperialista y de la OEA de presentarlo como un conflicto interno entre cubanos.
Por su parte, el acusado Jorge Alonso Pujol Bermúdez declaró: «En cuanto a la participación del gobierno americano en los hechos de Playa Girón, es evidente por las propias declaraciones del Presidente de los Estados Unidos, en las cuales se hizo responsable de los actos de Girón y de los hombres de la brigada 2506». (17)
La tercera sesión se desarrolló el lunes 2 de abril, en la que fueron llamados a declarar cinco mercenarios y nueve oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias como testigos de la fiscalía, entre ellos el comandante José Ramón Fernández Álvarez, quien dirigió el rechazo militar del enemigo bajo las órdenes directas del Comandante en Jefe. Al igual que en las sesiones previas, varios de los testigos denunciaron al imperialismo norteamericano.
La cuarta y última sesión se realizó el martes 3 de abril. En su apertura, tanto la fiscalía como la defensa renunciaron a desarrollar nuevas pruebas testificales, por lo que se pasó a la lectura de los informes conclusivos de ambas partes.
El extenso informe presentado por la fiscal resulta un texto bien argumentado y esclarecedor del delito cometido por los «autores directos», en referencia a los mercenarios; sobre el papel del imperialismo, al que considera el «otro autor» expresó que «el imperialismo norteamericano, y su presidente Kennedy, que admitió ante el mundo el gran crimen y proclamó su responsabilidad, claro que no van a ser juzgados en este acto. (…) tendrán que responder de su crimen ante el Tribunal de los Pueblos del Mundo, que los sancionará con todo rigor que sus crímenes merecen» .(18)
Resulta llamativo en la estrategia del fiscal que, si bien en su informe considera que los acusados «deben ser sancionados con las más severas penas», no se pronuncia con una petición fiscal específica ni en años, ni contra autores: «Esta representación no ha de interesar ante el Tribunal sanciones concretas para este o aquel acusado. Nosotros imputamos a la totalidad de la brigada los delitos que anteriormente habíamos referidos». (19)
Por su parte, la defensa, si bien entiende que sus clientes son culpables y requieren una sentencia «merecida», presenta como su estrategia principal victimizar a sus defendidos ante lo que considera «el principal culpable: el imperialismo». Para sus defendidos solicita «una sentencia justa y honesta», y que exprese «el verdadero contenido de la Revolución». Contrario a lo presentado por el fiscal, Antonio Cejas solicita una «sentencia que, fundamentalmente responsabilice al imperialismo como culpable de esta invasión y haga con los acusados lo que se requiera para que todos ellos no sean objetos de una sentencia que, (…) el pueblo de Cuba tal vez considera más justo que no fuera impuesta, puesto que no es necesaria».(20)
Después de concluida la lectura de los informes, el tribunal declaró el juicio listo para sentencia, la cual se dictó el sábado 7 de abril de 1962. En el informe, donde se explica en detalles lo ocurrido entre los días 17 y 19 de abril de 1961 en Playa Girón y sus inmediaciones, se destaca como una pieza probatoria en contra de los mercenarios las declaraciones del presidente estadounidense John Kennedy: «la responsabilidad total de los hechos clasificados fue expresamente aceptada por el Gobierno de una potencia extranjera, sin prejuicio de la responsabilidad individual que por su participación plenamente probada tiene cada uno de los acusados» (21).
Con respecto a la indemnización, el tribunal puso sobre la mesa nuevamente el tema en las consideraciones de su informe, argumentando que en la sentencia se tendrá «en cuenta que el Gobierno Revolucionario declaró su disposición de aceptar una indemnización que repare los daños materiales (…) y en concordancia con ello disponer la excarcelación de los prisioneros» (22).
Como sentencia por el delito de traición, el tribunal falló con una sanción de pérdida de la ciudadanía de todos los que la tenían y a prisión subsidiaria con un máximo de 30 años a trabajo físico obligatorio para la totalidad de los mercenarios, hasta tanto no quedara satisfecha la indemnización, que varió de cuantía en dependencia de los niveles de participación en la invasión. En total, el gobierno imperialista debía pagar por los mercenarios una indemnización de 62,3 millones de dólares o su equivalente en bienes materiales. Los tres principales acusados José Pérez San Román, Erneido Oliva González y Manuel Artime Buesa debían pagar cada uno 500 mil dólares, 100 mil dólares otros 223 acusados, 50 mil dólares 585 de los mercenarios y 25 mil dólares 370 acusados.
Durante todo el proceso comparecieron un total de 15 mercenarios y como testigos de la fiscalía nueve oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias que participaron en las acciones militares. Es importante resaltar que el juicio contó con amplia cobertura de la prensa nacional, escrita, radial y televisiva, como reflejo de la transparencia procesal y política del caso.
Al amanecer del 8 de abril, el anuncio de la sentencia por traición y la denuncia contra el gobierno norteamericano por su participación en la fracasada invasión fue el titular de los medios de prensa en la Isla y de los principales medios del continente. La noticia del juicio y de la sentencia, lógicamente, no tardó en encontrar eco en Washington.
El 5 de abril, al día siguiente de concluida la última sesión del juicio, el director de la CIA, John McCone, reportaba sobre la más reciente reunión –que había presidido– del grupo especial encargado de la Operación Mangosta; en su informe exponía la presión a la que estaba sometido el gobierno estadounidense en caso de que la sanción incluyera la pena de muerte contra los mercenarios: «(…) si uno o doscientos prisioneros fueran fusilados, probablemente tendríamos serios problemas con los 100 000 refugiados cubanos en Florida»(23).
El 11 de abril, durante una rueda de prensa, el presidente Kennedy fue abordado sobre el tema, e intentó deslegitimar la sentencia de tribunal y negarse al pago de la indemnización: «Creo que el señor Castro sabe que el Gobierno de Estados Unidos no puede entablar una negociación de ese tipo, y sabe muy bien que las familias no pueden reunir esos millones de dólares.» (24) No obstante, otra era la realidad, la Casa Blanca actuaba bajo presión y estaba dispuesta a ceder ante la postura firme del Gobierno Revolucionario. En un memorándum enviado el 18 de abril por el Secretario de Estado, Dean Rusk, al presidente Kennedy, este le informaba de su entrevista con Ernesto Freyre, uno de los cuatro miembros del Comité de Familias que había viajado a La Habana para negociar directamente con el Comandante en Jefe los términos de la liberación de los prisioneros: «Le ofrecieron a Castro alimentos por un valor aproximado de 26 millones de dólares a cambio de todos los prisioneros; una oferta que rechazó por considerarla contraria a la decisión del tribunal. El único punto de negociación que aceptaría eran las sentencias dictadas por el tribunal».(25)
La sentencia del Tribunal Revolucionario y su repercusión internacional constituyó también una contundente victoria legal, política y diplomática de la Revolución, y ejerció gran presión sobre la Casa Blanca a partir de las denuncias de los propios mercenarios y las pruebas recabadas durante el proceso de investigación, lo que evidenció la injustificada intromisión del gobierno imperialista en Cuba. Los resultados de este proceso judicial fortalecieron la posición negociadora de Cuba y allanaron el camino para desarrollar otra importante batalla: la de la indemnización.
El domingo 23 de diciembre de 1962, alrededor de las 14:30 horas atracó en la bahía de La Habana el buque African Pilot de bandera estadounidense y de unas 10 mil toneladas de desplazamiento; aproximadamente a la misma hora, doce aviones de líneas norteamericana aterrizaban en la Isla. Esto correspondía a la entrega de la primera parte de la indemnización reclamada en la sentencia por el Tribunal Revolucionario.
Ese propio día en la tarde y al siguiente, 24 de diciembre, abandonaron el país 1113 (26) mercenarios en varios vuelos realizados entre La Habana y Miami. En la tarde del 26 de diciembre lo hicieron 1 015 de sus familiares (27), a bordo del African Pilot como resultado de las facilidades ofrecidas por el Gobierno Revolucionario.
La posición asumida por la Revolución y su principal líder demuestra que Playa Girón significó un contundente triunfo para el pueblo cubano en múltiples frentes, consolidó el proceso revolucionario, la decisión del rumbo socialista y la unidad del pueblo en torno a su dirigencia; fue una victoria popular que exacerbó el heroísmo popular y el orgullo nacional, así como el liderazgo del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Pero la más importante lección histórica que nos deja Playa Girón es la decisión del pueblo cubano de defender su soberanía hasta las últimas consecuencias.
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Referencias
(1) Kennedy, John (21 de abril de 1961). The President's News Conference. The American Presidency Project. Consultado el 3 de abril de 2026 de: https://www.presidency.ucsb.edu/documents/the-presidents-news-conference-213
(2) El panel estuvo moderado por Luis Gómez Wangüemert, director de El Mundo, e integrado por Carlos Franqui, (Revolución), Guillermo Jiménez (Combate), Mario Kuchilán (Prensa Libre), Enrique de la Osa (Bohemia), Gregorio Ortega (CMQ), Carlos Rafael Rodríguez (Noticias de Hoy), Raúl Valdés Vivó (Venceremos), Jorge Ricardo Masetti y Sidroc Ramos.
(3) Sin autor (25 de abril de 1961). Admite Kennedy ser el mayor responsable de la agresión mercenaria contra Cuba. Noticias de Hoy, pág. 1.
(4) Jiménez González, Ángel: La CIA en Girón: ir por lana y salir trasquilada, Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, La Habana, Año 107, No. 1, 2016.
(5) Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba: La protesta cubana contra las provocaciones yanquis en la Base Naval de Guantánamo, Bohemia, La Habana, Año 54, No. 12, 23 de marzo de 1962, pág. 51.
(6) Organización de Estados Americanos (31 de enero de 1962). Octava reunión de consultas de ministros de Relaciones Exteriores. Acta Final. Consultado el 2 de abril de 2026 de:
http://www.oas.org/consejo/sp/rc/actas/acta%208.pdf
(7) Kennedy, John (31 de enero de 1962). The President's News Conference. The American Presidency Project. Consultado el 3 de abril de 2026 de: https://www.presidency.ucsb.edu/documents/the-presidents-news-conference-183
(8) Castro Ruz, Fidel (23 de enero de 1962). La Segunda Declaración de La Habana será un mensaje a los pueblos y una respuesta a los imperialistas, Noticias de Hoy, pág. 4-5.
(9) Suarez Pérez, Eugenio y Acela A. Caner Román. Batalla por la indemnización. La segunda victoria de Girón, Casa Editora Verde Olivo, La Habana, 2016, pág. 156.
(10) Kennedy, John (21 de marzo de 1962). The President's News Conference. The American Presidency Project. Consultado el 3 de abril de 2026 de: https://www.presidency.ucsb.edu/documents/the-presidents-news-conference-202
(11) Suarez Pérez, Eugenio y Acela A. Caner Román. Ob. Cit, pág. 156.
(12) Ibidem, pág. 157.
(13) Tribunal Revolucionario (8 de abril de 1962). Culpables del delito de traición en contubernio con los EE.UU. Noticias de Hoy, pág. 1.
(14) Suarez Pérez, Eugenio y Acela A. Caner Román. Ob. Cit, pág. 159.
(15) De los 1 205 prisioneros capturados, 14 fueron separados del proceso y enjuiciados en la causa 833/61 por crímenes cometidos con antelación a la invasión, 9 fallecieron producto de un accidente durante el traslado hacia La Habana y 1 logró evadirse.
(16) Sin autor (31 de marzo de 1962). Acusó Ulises Carbó al gobierno imperialista de EE.UU, Noticias de Hoy, pág. 6.
(17) Sin autor (31 de marzo de 1962). Nuevos testimonios de la participación del imperialismo en la invasión de Playa Girón, Noticias de Hoy, pág. 9.
(18) Cuba Fernández, Santiago (4 de abril de 1962). El tribunal de los pueblos del mundo condenará con todo rigor al imperialismo yanqui por sus crímenes, Noticias de Hoy, pág. 6.
(19) Ídem.
(20) Cejas Sánchez, Antonio (4 de abril de 1962). La sentencia debe ser generosa, como fue la victoria de Girón.- Cejas, Noticias de Hoy, pág. 7.
(21) Tribunal Revolucionario (8 de abril de 1962). Culpables del delito de traición en contubernio con los EE.UU, Noticias de Hoy, pág. 1.
(22) Ídem.
(23) McCone, John A. (5 de abril de 1962). Memorandum for the Record, Office of the Historian Departament of State. Consultado el 4 de abril de 2026 de: https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1961-63v10/d319
(24) Kennedy, John (11 de abril de 1962). The President's News Conference. The American Presidency Project. Consultado el 4 de abril de 2026 de: https://www.presidency.ucsb.edu/documents/the-presidents-news-conference-194
(25) Rusk, Dean (18 de abril de 1962). Memorandum From Secretary of State Rusk to President Kennedy, Office of the Historian Departament of State. Consultado el 4 de abril de 2026 de: https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1961-63v10/d327
(26) Del total de 1 181 mercenarios juzgados, 68 había sido liberado para diciembre de 1962: a 60 se les permitió retornar a Estados Unidos el 14 de abril de 1962 por razones humanitarias, 8 pagaron su indemnización.
(27) Sin autor (26 de diciembre de 1962). Descargaron los obreros el African Pilot en tiempo record, Noticias de Hoy, pág. 1.
Bibliografía
Colectivo de autores. Playa Girón. Más allá de la batalla, Casa Editora Verde Olivo, La Habana, 1991.
Playa Girón: derrota del imperialismo, Ediciones R, cuarto tomo, La Habana, 1962.
Suarez Pérez, Eugenio y Acela A. Caner Román. Batalla por la indemnización. La segunda victoria de Girón, Casa Editora Verde Olivo, La Habana, 2016.
Wyden, Peter. Bahía de Cochinos. La historia no contada, Centro de Información para la Defensa del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, La Habana, 2006.
Fuentes periódicas
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Jiménez González, Ángel: La CIA en Girón: ir por lana y salir trasquilada, Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, La Habana, Año 107, No. 1, 2016.
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Sin autor (25 de abril de 1961). Admite Kennedy ser el mayor responsable de la agresión mercenaria contra Cuba. Noticias de Hoy, pág. 1.
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Fuentes de archivos
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