La voladura del barco francés La Coubre el 4 de marzo de 1960 en puerto habanero dejó heridas abiertas en el corazón de una Nación que nunca olvida. A 66 años de ese execrable hecho seguimos denunciando que fue un acto terrorista instrumentado por el gobierno de los Estados Unidos a través de su agencia de inteligencia.
Cuando no cejan las amenazas sobre Cuba y el mundo, hoy testigo de guerras destructoras que matan a poblaciones civiles por el egoísmo y la prepotencia de unos pocos que utilizan la fuerza para coaccionar o someter a poblaciones soberanas, es necesario volver la mirada a la historia. En la era de la posverdad, donde una minoria intenta hacernos olvidar, solo la historia y el análisis de los acontecimientos vividos por el hombre pueden ayudarnos a entender el presente y el futuro de la humanidad.
La voladura del barco francés La Coubre el 4 de marzo de 1960 en puerto habanero dejó heridas abiertas en el corazón de una Nación que nunca olvida. A 66 años de ese execrable hecho seguimos denunciando que fue un acto terrorista instrumentado por el gobierno de los Estados Unidos a través de su agencia de inteligencia con el objetivo de desestabilizar un país que llevaba adelante un proceso social que en muy poco tiempo había despertado una simpatía abrumadora en el mundo, en especial dentro de las filas de movimientos descolonizadores.
Más allá de la narrativa que quisieron imponer sobre el accidente como causa principal del suceso, Fidel demostró que la voladura del barco se trataba de un sabotaje preparado fuera de Cuba para desacreditar a la Revolución.
De igual forma, dejaba al descubierto cual sería el papel del gobierno de los Estados Unidos, a través de las diferentes administraciones, con respecto a Cuba.
Demostró la radicalización y la unión del pueblo en torno a sus principales dirigentes. Una máxima que ha sido la fortaleza más importante de la Revolución Cubana. Mientras más amenazada se encuentra la Patria, mayor unidad del pueblo cubano. Las muestras son incontables. La historia no miente.
Con el mensaje firme de Fidel de ¡Patria o Muerte! se dejaba claro al gobierno de los Estados Unidos que Cuba había cambiado y que existía un pueblo dispuesto a morir antes de entregar los más sagrado que tenía: la Patria; al igual que hicieron los patriotas de las gestas libertadoras del siglo XIX. Un ejemplo de gran simbolismo es justamente el incendio de la ciudad de Bayamo el 12 de enero de 1869 por parte de los pobladores, quienes en acto de sacrificio supremo por la independencia dieron fuego a sus casas y cuando el ejército español entró a la primera ciudad liberada, capital de la República en Armas, solo encontró fuego y ruinas.
Dejó al descubierto la verdadera naturaleza sangrienta del imperialismo estadounidense y su doctrina del uso de la fuerza y el terror como método para coaccionar o doblegar la voluntad de pueblos y gobiernos soberanos.
¿Qué dijo Fidel sobre este hecho? El 5 de marzo de 1960 en su discurso en las honras fúnebres de las víctimas de la explosión lanzó firmes advertencias a los agresores sobre la disposición de un pueblo a llevar adelante la Revolución sin retrodecer, sin miedo.
« Que no les quede duda. En esta tierra llamada Cuba, en medio de este pueblo llamado cubano, habrá que luchar con nosotros mientras nos quede una gota de sangre. Habrá que pelear contra nosotros mientras nos quede un átomo de vida».
« ¡Cuba no se acobardará, Cuba no retrocederá! La Revolución no se detendrá, no retrocederá, seguirá adelante victoriosamente. La Revolución continuará su marcha, inquebrantable ».
« No solo sabremos resistir cualquier agresión, sino que sabremos vencerla. Y nuevamente, no tendremos otra disyuntiva que aquella con la que iniciamos la lucha revolucionaria: libertad o muerte. Solo que ahora, libertad significa algo más: libertad significa patria. Por eso, nuestra disyuntiva será: Patria o Muerte».
Puntualizando
El 4 de marzo de 1960 estalló el barco francés La Coubre en el muelle de La Habana, que había transportado armamento vendido oficialmente por el Reino de Bélgica a la naciente Revolución Cubana. Las dos explosiones se dieron con intervalos de varios minutos.
El sabotaje dejó como saldo final 101 fallecidos, 400 personas lesionadas o incapacitadas de por vida y 82 niños que debieron crecer sin padres. Imposible olvidar.