La Historia me absolverá: praxis marxista-leninista

Fidel Castro Ruz
La Historia me absolverá: praxis marxista-leninista

A los 27 años, Fidel Castro Ruz convirtió su defensa ante el tribunal que lo juzgaba por el asalto al Moncada en el programa de la Revolución Cubana. Este artículo demuestra que, sin declararlo explícitamente por razones tácticas, aplicó de manera rigurosa el método del materialismo histórico a la Cuba neocolonial. 

Por:
M.Sc. Karel Antonio Rodríguez Zúñiga y Lic. Teresa González Rodríguez
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El 16 de octubre de 1953, el joven abogado Fidel Castro Ruz pronunció ante el Tribunal de Urgencia de Santiago de Cuba su alegato de autodefensa. Reconstruido luego en la prisión de Isla de Pinos y distribuido bajo el título La Historia me absolverá, aquel documento se convirtió en el programa del movimiento revolucionario que seis años después transformaría la historia de Cuba. Pero ¿desde qué fundamento ideológico fue concebido?

En torno a esta pregunta se ha desplegado un amplio debate historiográfico. Algunos han enfatizado su raíz martiana; otros, su sustrato marxista. Este artículo propone una tesis precisa: La Historia me absolverá es una obra que aplica rigurosamente el método del materialismo histórico a las condiciones concretas de la Cuba neocolonial. Aunque el marxismo-leninismo no se declara explícitamente por razones tácticas —corría el año 1953, en plena Guerra Fría y bajo la dictadura de Batista—, las categorías fundamentales de esa teoría constituyen la columna vertebral lógica del diagnóstico y del programa expuestos en el alegato.

Una concepción materialista de la crisis cubana

El primer indicio de la presencia marxista en el alegato es el método mismo con que Fidel explica la crisis del país. El materialismo histórico sostiene que las relaciones económicas constituyen la base sobre la cual se alza la superestructura jurídica, política e ideológica. Marx lo formuló con precisión en el prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política: «En la producción social de su existencia, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a un determinado grado de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se alza una superestructura jurídica y política» (Marx, 1859/1980, párr. 4)

¿Procede Fidel de este mismo modo? El Capítulo III del alegato enumera los seis problemas fundamentales del país en un orden que el propio autor subraya como no casual: «El problema de la tierra, el problema de la industrialización del país, el problema de la vivienda, el problema del desempleo, el problema de la educación y el problema de la salud del pueblo; he aquí los seis puntos concretos a cuya solución se hubieran encaminado nuestros esfuerzos». (Castro Ruz, 2005, p. 36)

La tierra ocupa el primer lugar, y Fidel explica por qué: «La inmensa mayoría de nuestros campesinos viven en la mayor miseria, trabajando una tierra que no es suya, bajo la explotación de los latifundistas». (Castro Ruz, 2005, p. 40) Añade un dato revelador: «¿Cuántos son los cubanos dueños de las tierras? ¿Cuántos los cubanos dueños de las industrias? ¿Cuántos los cubanos dueños de los bancos? [...] La Cuba que produce azúcar, la Cuba que produce café, la Cuba que produce tabaco, es una Cuba de extranjeros». (Castro Ruz, 2005, p. 24)

El razonamiento es inequívoco: la concentración de la propiedad y la extranjerización de la economía no son un problema entre otros, sino la causa raíz del desempleo, la falta de vivienda, la insalubridad y el analfabetismo. No estamos ante una denuncia moral de la pobreza, sino ante una explicación genética que identifica las condiciones materiales que producen necesariamente esos efectos sociales. Un análisis liberal habría enfatizado la corrupción administrativa o la ausencia de libertades políticas; Fidel, en cambio, sitúa la causa en la estructura de propiedad. Es la economía, y no la política, lo que determina en última instancia la situación del país. Esta es la tesis central del materialismo histórico.

El análisis de clase aplicado a la sociedad cubana

Un segundo pilar marxista es el análisis de clase. En la teoría marxista, las clases sociales se definen por la posición que ocupan los individuos en el proceso de producción, y la lucha entre ellas constituye el motor de la historia. El Manifiesto Comunista lo condensa en una frase célebre: «La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases.» (Marx & Engels, 1848/1998, Capítulo I, párr. 1)

En La Historia me absolverá, la sociedad cubana se presenta como un campo dividido por intereses económicos antagónicos. Fidel identifica a la minoría propietaria con precisión terminológica: habla de «latifundistas», «grandes intereses» y «los que lo acaparan todo». No emplea eufemismos; utiliza categorías que denotan una relación de explotación, categoría central de la crítica marxista de la economía política que designa la relación por la cual una clase se apropia del fruto del trabajo de otra en virtud de su control sobre los medios de producción.

A partir de este análisis, Fidel construye una definición de «pueblo» que es una alianza de clases subordinadas: «Entendemos por pueblo, cuando hablamos de lucha, a los seiscientos mil cubanos que están sin trabajo, a los quinientos mil obreros del campo que habitan en los bohíos miserables y trabajan cuatro meses al año… a los cien mil pequeños agricultores que viven y mueren trabajando una tierra que no es suya… a los treinta mil maestros y profesores… a los veinte mil pequeños comerciantes agobiados por las deudas… a los diez mil profesionales jóvenes… Esa es la inmensa mayoría del pueblo, los que lo sufren todo y no reciben nada.» (Castro Ruz, 2005, pp. 43-44)

Esta definición es de naturaleza socioeconómica. Lo que unifica a estos sectores es una posición común en las relaciones de producción: todos ellos sufren el sistema de explotación. La exclusión de la burguesía y la oligarquía de la categoría «pueblo» es igualmente significativa. Para el liberalismo clásico, el pueblo equivale a la totalidad de los ciudadanos; en La Historia me absolverá, el concepto se redefine mediante un criterio de clase.

El Estado como instrumento de dominación y la violencia revolucionaria

Fidel escribe que el golpe militar de Batista no fue producto de una simple ambición personal, sino que respondió a los intereses de la oligarquía y el imperialismo. La dictadura es presentada como la forma política que garantiza una estructura de dominio económico. Esta concepción coincide con la teoría marxista del Estado, que Engels sintetizó así: «El Estado no es de ningún modo un poder impuesto desde fuera a la sociedad [...]. Es más bien un producto de la sociedad cuando llega a un grado de desarrollo determinado; es la confesión de que esa sociedad se ha enredado en una contradicción insoluble consigo misma y está dividida por antagonismos irreconciliables.» (Engels, 1884/2006, Capítulo IX, párr. 1)

Si el Estado es la maquinaria que garantiza la dominación de clase, la vía para transformar la sociedad no puede ser su reforma, sino su destrucción. Fidel no cita a Lenin ante el tribunal, pero formula la misma tesis que Lenin defendió en El Estado y la revolución: «Nosotros no tuvimos otro camino que la rebelión.» (Castro Ruz, 2005, p. 89) Lenin había escrito: «La revolución debe consistir no en que una nueva clase mande y gobierne con ayuda de la vieja máquina estatal, sino en que destruya esa máquina y mande y gobierne con ayuda de una nueva.» (Lenin, 1917/1975, Capítulo III, párr. 34) El asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes fue precisamente eso: un intento de destruir la máquina estatal opresora para sustituirla por un poder revolucionario.

El sujeto revolucionario como alianza de clases

Para el marxismo, la transformación social no es obra de individuos aislados, sino de una clase —o alianza de clases— cuyos intereses materiales coinciden con la emancipación de la sociedad entera. Marx lo expresó en la Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel: «Una clase con cadenas radicales [...], una esfera que tiene un carácter universal por sus sufrimientos universales». (Marx, 1844/1982, párr. 28)

En la Cuba de 1953, con una economía dependiente, agraria y de bajo nivel industrial, el sujeto revolucionario no podía ser idéntico al proletariado europeo. Fidel, aplicando el método marxista de forma creadora, identificó qué sectores ocupaban la posición de «los que lo sufren todo y no reciben nada». En su definición de pueblo, los obreros agrícolas y los campesinos pobres ocupan el primer lugar; son la mayoría de la población y los más afectados por la estructura latifundista. Los pequeños comerciantes y los profesionales jóvenes aparecen como aliados. Esta jerarquía es congruente con la tesis leninista sobre la revolución en países atrasados, expuesta en las Tesis sobre la cuestión nacional y colonial: «La Internacional Comunista debe apoyar los movimientos democrático-burgueses de liberación nacional en las colonias y países atrasados solo a condición de que los elementos de los futuros partidos proletarios [...] se agrupen y sean educados en la conciencia de su tarea especial». (Lenin, 1920/1977, Tesis VI)

La táctica política como componente de la praxis revolucionaria

¿Por qué Fidel Castro, si ya razonaba con categorías marxistas, no se declaró abiertamente marxista-leninista durante el juicio? La respuesta es táctica. En la Cuba de 1953, bajo la dictadura batistiana y en el clima represivo de la Guerra Fría, una declaración explícita habría significado una condena segura y el aislamiento del movimiento frente a sectores que, siendo anticomunistas, sufrían igualmente la opresión. La estrategia de Fidel fue una síntesis práctica de lo que Lenin planteó en Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática: «El proletariado debe llevar hasta el fin la revolución democrática, atrayendo a sí a las masas campesinas, para aplastar por la fuerza la resistencia de la autocracia y paralizar la inestabilidad de la burguesía». (Lenin, 1905/1976, Capítulo VI, párr. 15).

No declarar el marxismo-leninismo no significaba renunciar a él, sino aplicarlo también en la táctica política, dosificando las definiciones ideológicas según las condiciones objetivas y la correlación de fuerzas. La Historia me absolverá es, en este sentido, una obra de profundo contenido marxista-leninista, escrita en correspondencia con las condiciones concretas del país.

Conclusiones

El análisis de La Historia me absolverá permite identificar cuatro pilares del materialismo histórico que estructuran su diagnóstico y su programa:

1. Una explicación materialista de la crisis cubana, que sitúa en la estructura de propiedad de la tierra y en la dependencia económica externa la causa fundamental de los problemas sociales.

2. Un análisis de clase que divide la sociedad en dos polos antagónicos y emplea la categoría de «explotación» para caracterizar la relación entre ambos.

3. Una teoría del Estado que concibe la dictadura como forma política de la dominación de clase y justifica la violencia revolucionaria cuando los cauces legales han sido clausurados.

4. Una definición del sujeto revolucionario como bloque de clases oprimidas, con los obreros agrícolas y campesinos pobres en la posición dirigente, en congruencia con la teoría leninista de la revolución en países dependientes.

Estos elementos constituyen la columna vertebral lógica del documento. Sin ellos, el Programa del Moncada carecería de fundamento analítico; con ellos, el alegato se revela como un texto que, bajo el lenguaje de la tradición independentista cubana, aplica rigurosamente el método del materialismo histórico a las condiciones concretas de la Cuba neocolonial. Aquel joven de 27 años no era simplemente un patriota heredero de Martí, sino un revolucionario que había hecho del marxismo-leninismo un instrumento de análisis y transformación de la realidad. Esa síntesis entre la ética martiana y la praxis marxista es la clave para entender por qué la historia lo absolvió.

Referencias

Castro Ruz, F. (2005). La Historia me absolverá (2.ª ed.). Editorial de Ciencias Sociales. http://www.fidelcastro.cu/es/libros/la-historia-me-absolvera
Engels, F. (2006). El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. Fundación Federico Engels. https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/origen/index.htm
Lenin, V. I. (1975). El Estado y la revolución. Progreso. https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/estyrev/index.htm
Lenin, V. I. (1976). Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática. Progreso. https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1905/1905-dostacticas/index.htm
Lenin, V. I. (1977). Tesis sobre la cuestión nacional y colonial. En La cuestión nacional y la liberación de los pueblos. Progreso. https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1920/ic/index.htm
Marx, K. (1980). Contribución a la crítica de la economía política. Siglo XXI. https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/criteconpol.htm
Marx, K. (1982). Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel. En Escritos de juventud. Fondo de Cultura Económica. https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/critica.htm
Marx, K. (2000). El capital: crítica de la economía política (Vol. 1). Siglo XXI. https://www.marxists.org/espanol/m-e/1860s/elcapital1/index.htm
Marx, K., & Engels, F. (1998). Manifiesto del Partido Comunista. Crítica. https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm

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