Para Fidel la concepción de la unidad no fue una mera consigna táctica, sino un eje central de su pensamiento político, fundamentado en un profundo estudio de la historia cubana y en la comprensión de las lecciones dejadas por los fracasos independentistas en los finales del siglo XIX.
La unidad fue un pilar de la estrategia política del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, tanto en la preparación, la lucha insurreccional contra la dictadura batistiana, y en la construcción y defensa del socialismo en Cuba.
Su concepción de la unidad no fue una mera consigna táctica, sino un eje central de su pensamiento político, fundamentado en un profundo estudio de la historia cubana y en la comprensión de las lecciones dejadas por los fracasos independentistas en los finales del siglo XIX. Esta visión no solo fue decisiva para el triunfo del 1º. de enero de 1959, sino que se erigió como un pilar esencial para la supervivencia y desarrollo de la Revolución frente a la agresividad del imperialismo norteamericano. Su legado unitario trasciende las fronteras nacionales, convirtiéndose en un referente para los movimientos de liberación y las fuerzas progresistas de América Latina y el mundo que luchan contra las fuerzas del fascismo y el imperialismo.
Antecedentes históricos
El proceso unitario e independentista de la Revolución Cubana no ha sido lineal, fue complejo y marcado por profundas contradicciones. El propio Fidel situó sus raíces en las guerras de independencia iniciadas en la segunda mitad del siglo XIX. Al conmemorar el centenario del inicio de estas luchas, el 10 de octubre de 1968, expresó con claridad esta continuidad histórica:
«¿Qué significa para nuestro pueblo el 10 de octubre de 1868? ¿Qué significa para los revolucionarios de nuestra patria esta gloriosa fecha? Significa sencillamente el comienzo de cien años de lucha, el comienzo de la revolución en Cuba, porque en Cuba solo ha habido una revolución: la que comenzó Carlos Manuel de Céspedes el 10 de octubre de 1868».
La falta de unidad tuvo influencia directa en todos los sectores de la sociedad y llegó a las organizaciones políticas, obreras, cívicas, culturales y estudiantiles formadas en Cuba desde la colonia hasta la República, una veces por la propia composición ideológica interna y otra por la fuerza externa del enemigo, que actuó de modo permanente e intencionado por dividir y fragmentar cualquier intento de organización que apareciera en la sociedad y, en no pocas ocasiones, por la unión de los dos factores de forma simultánea sobre una u otra organización o movimiento político.
Un ejemplo temprano y dramático fue la destitución de Carlos Manuel de Céspedes por la Cámara de Representantes el 27 de octubre de 1873, hecho que abrió las puertas a la división interna y sentó el precedente, de que la autoridad de ese órgano era meramente teórica, lo que desembocaría años más tarde en sediciones y desacatos para la dirección de la Revolución.
En la Guerra de los Diez Años (1868-1878), la falta de unidad, la indisciplina, las divisiones en las filas mambisas y el regionalismo con su lógica secuela: el caudillismo, así como la incapacidad para subordinar el interés personal al de la Patria condujo a los cubanos a la capitulación del Ejército Libertador cubano. Concluían diez años de contienda y no se lograban los dos objetivos fundamentales: la independencia de Cuba, y la abolición de la esclavitud.
El Mayor General del Ejército Libertador Máximo Gómez, al valorar la crítica situación en el territorio central, anotó en su Diario de Campaña:
«Puede decirse que hace cuatros meses que vivo marchando o contramarchando sin hacer otra cosa que organizar o como vulgarmente se dice luego atajando pollo. [...] todo será inútil, porque los villareños son ingobernables por jefes que no sean de Las Villas... » (1)
La Guerra Chiquita (1879), aunque de corta duración, demostró la vigencia del ideal independentista, y la inquebrantable decisión del pueblo cubano de emanciparse, pero su fracaso reiteró la necesidad de una dirección unificada y una estrategia coherente de lucha. El factor más trascendente en el período de la Guerra Chiquita fue el ascenso de Martí como dirigente del pueblo cubano, los preparativos de la contienda concluida le permitieron ganar en experiencia para organizar la Guerra Necesaria.
Sería José Martí, con la fundación del Partido Revolucionario Cubano (PRC) el 10 de abril de 1892, quien comprendería y aplicaría esta lección de manera magistral. El PRC aglutinó a los veteranos de las guerras pasadas con las nuevas generaciones de patriotas, con el propósito explícito de evitar los problemas de división y caudillismo que habían malogrado los esfuerzos anteriores. El Manifiesto de Montecristi (1895), suscrito por Martí y Máximo Gómez, es la expresión programática de este empeño unitario.
Sin embargo, la intervención estadounidense en 1898 frustró el sueño de una independencia plena y dio paso al primer Gobierno de ocupación estadounidense en Cuba que se extendería desde el 1º. de enero de 1899 hasta el 20 de mayo de 1902 cuando se estableció la República Neocolonial (1902-1958).
Fueron años decisivos, se radicalizó la lucha estudiantil; Mella fundó en 1923 la Liga Antimperialista y el 16 de agosto de 1925, junto a Baliño y otros revolucionarios, el primer Partido Comunista de Cuba; por otra parte, el desarrollo ideológico y organizativo del proletariado, influenciado por la Revolución de Octubre en Rusia, se materializaría en la constitución de una central obrera nacional en 1925. La intelectualidad cubana, heredera de una cultura y una conciencia nacional forjada en el siglo pasado, desplegó una gran labor en la literatura y en la prensa para expresar el sentir de aquel momento.
En este nuevo contexto, surgieron destacados revolucionarios como Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena, Raúl Roa García, Rafael Trejo, Antonio Guiteras Holmes, entre otros, quienes, aunque realizaron aportes significativos, también enfrentaron los desafíos de la fragmentación política.
Fidel Castro Ruz realizó un riguroso análisis de la historia de Cuba. Su pensamiento unitario se nutrió del ejemplo y las ideas de José Martí, del ardiente patriotismo de los próceres del 68 y del 95, y de los aportes del marxismo-leninismo. Comprendió que la unidad no era una aspiración abstracta, sino una condición indispensable para la victoria. Como señaló la intelectual chilena Marta Harnecker en su artículo “Los grandes aportes de Fidel al tema de la unidad”:
«Nadie como tú luchó por la unidad de las fuerzas revolucionarias y del pueblo, transformando esta unidad en el pilar de tu estrategia política antes y después de la victoria. [...] preferiste evitar las discusiones teóricas para centrar tu energía en la aplicación de una estrategia correcta porque estabas convencido de que, en ese contexto, sería la práctica la que lograría resolver con menos desgaste interno las diferencias ideológicas y políticas de los distintos grupos».
De «La Historia me Absolverá» al triunfo del 1.o de enero de 1959
El golpe de Estado del 10 de marzo de 1952 marcó el inicio de una nueva etapa de lucha, irrumpe en el país una vanguardia joven llamada Generación del Centenario que, encabezada por Fidel, asumiría el liderazgo de la lucha armada contra la dictadura como accionar estratégico y que proclama abiertamente los objetivos revolucionarios de su actuar.
Desde un primer momento, para Fidel estuvo claro, que el objetivo final no podría ser derribar a Batista sino llevar adelante una revolución social. Esta visión estratégica requería una base de apoyo masiva y una unidad de acción entre todas las fuerzas opuestas a la dictadura.
El asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, aunque un revés militar, se convirtió en una victoria política. El alegato de Fidel en su defensa, conocido como la historia me absolverá, no solo fue un programa de la Revolución futura, sino también un llamado explícito a la unidad nacional. Desde ese momento, desplegó una paciente y maestra labor para forjar esa unidad en torno a cada propósito inmediato, con una flexibilidad táctica que nunca puso en riesgo la estrategia y los principios.
Desde prisión Fidel dedica todas sus energías a la preparación del núcleo de jóvenes condenados por los sucesos del Moncada para la lucha futura, escribe y hace salir fuera de la cárcel La historia me absolverá. Indica imprimir y distribuir por lo menos 100 mil ejemplares en un plazo de 4 meses. En una carta dirigida a Haydee Santamaría y Melba Hernández el 18 de junio de 1954, subrayaba la importancia del documento programático:
«De más está decirte que no considero que en la prisión se pierde inútilmente el tiempo. Por el contrario, aquí estamos preparando ideológicamente e intelectualmente a la vanguardia y a los jefes de nuestro Movimiento [...] Solo nosotros con sangre, sudor, sacrificio, desinterés e idealismo, hemos ido abriendo una brecha de esperanza y de fe en el corazón desilusionado de la nación...»
El 15 de mayo de 1955 los moncadistas fueron liberados y el 12 de junio de ese mismo año se conformó la Dirección Nacional del Movimiento 26 de julio, el cual se estructuró con una estrategia definida de lucha armada, apoyada en la movilización general del pueblo contra la tiranía como vía para alcanzar la victoria.
La situación imperante no les permitió continuar la lucha en el país por lo que se vieron obligados a partir hacia el exilio. En México dedicó la mayor parte del tiempo a preparar y entrenar a los compañeros que lo acompañarían en la expedición del Granma.
En relación con las demás fuerzas revolucionarias que combatían al régimen mantuvo el respeto a sus acciones y la línea siempre fue buscar la coordinación de estás, manteniendo la independencia y el programa del Movimiento. El PSP mantuvo como línea la lucha de masas y el Directorio Revolucionario la de la lucha armada, y la concepción que animaba hasta inicios de 1958 era desarrollar sus principales acciones en La Habana y la idea que lo orientaba era «Golpear arriba», en base a ello se llevaron a cabo las acciones del 13 de marzo de 1957.
El 30 de agosto de 1956, se firmó el Pacto de México con el DR, donde se estableció:
«...Que ambas organizaciones han decidido unir sólidamente su esfuerzo en el propósito de derrocar la tiranía y llevar a cabo la Revolución cubana. [...] la revolución llegará al poder libre de compromisos e intereses, para servir a Cuba, en un programa de justicia social, de libertad y democracia...»
Una vez iniciada y establecida la lucha guerrillera en la Sierra Maestra, Fidel comprendió que la unidad y coordinación en torno a un programa mínimo aceleraría la caída de la dictadura. El 12 de julio de 1957, firmó con Felipe Pazos y Raúl Chibás el Manifiesto de la Sierra, un llamado a formar un Frente Cívico Revolucionario. En él, argumentaba con lucidez:
«Nuestra mayor debilidad ha sido la división, y la tiranía, consciente de ello, la ha promovido por todos los medios en todos los aspectos. [...] Unir es lo único patriótico en esta hora. Unir en lo que tienen de común todos los sectores políticos, revolucionarios y sociales que combaten la dictadura».
Se propuso a todos los partidos políticos de la oposición, las instituciones cívicas y los sectores revolucionarios 8 medidas, entre las que se destacan: La formación de un Frente Cívico Revolucionario con una estrategia común de lucha. Éste no invocaría ni aceptaría la mediación o intervención alguna de otra nación en los asuntos internos de Cuba; se designaría desde ahora una figura llamada a presidir el gobierno provisional, cuya elección estuviese a cargo del conjunto de instituciones cívicas; declarar al país que dada la gravedad de los acontecimientos no hay otra solución posible que la renuncia del dictador y entrega del poder a la figura que cuente con la confianza y el respaldo mayoritario de la nación.
Esta visita constituyó la antesala del Pacto de Miami (Acuerdo de la Junta de Liberación), maniobra política para mediatizar la lucha revolucionaria. Fue proclamado en noviembre de 1957 por un grupo de fuerzas políticas opuestas a Batista, se incluían representaciones burguesas. A Fidel como máximo líder del M-26-7 correspondió dar cumplimiento a los acuerdos tomados en la reunión con los miembros de la Dirección Nacional, en carta del 14 de diciembre de 1957, dejó clara la posición del Movimiento: la unidad no podía sustentarse en la traición a los principios ni en la aceptación de intervenciones extranjeras. Informó acerca de la propuesta del presidente provisional en la figura de Manuel Urrutia, magistrado de la Audiencia de Santiago de Cuba.
A finales de abril de 1958 la situación política en el país era muy tensa, con el fracaso de la Huelga General, el movimiento clandestino en la ciudad sufrió un duro golpe que lo obligaba a reorganizar sus fuerzas con premura. Además, las contradicciones con la guerrilla en la Sierra Maestra se agudizaron. La reunión de Altos de Mompié (3 y 4 de mayo de 1958) fue un punto de inflexión, se analizaron los errores que llevaron al fracaso de la Huelga y las responsabilidades de los miembros de la dirección nacional implicados directamente en la preparación. Allí se reafirmó el liderazgo único de Fidel Castro Ruz, y se acordó que la guerra sería conducida militar y políticamente por Fidel Castro Ruz en su doble cargo de Comandante en Jefe de todas las fuerzas, incluidas las Milicias y secretario general del Movimiento 26 de Julio; se seguiría la línea de la Sierra, de lucha armada directa sin relegar la táctica de huelga general revolucionaria en las ciudades. Se reorganizó la Dirección Nacional y se unificaron las estructuras militares bajo el nombre de Ejército Rebelde. Este encuentro fue crucial en el desarrollo posterior de la lucha insurreccional.
La firma del "Pacto de Caracas" el 20 de julio de 1958 por 11 partidos y organizaciones políticas significó, un reconocimiento real del papel dirigente del Ejército Rebelde comandado por Fidel Castro Ruz en la lucha de liberación. Amplió el frente de las fuerzas que estaban en contra de la dictadura y abrió por primera vez, las puertas a los comunistas para su entrada formal en él.
Poco después, la derrota de la Ofensiva de Verano lanzada por la tiranía por el Ejército Rebelde demostró la solidez de la estrategia de lucha armada, la importancia de la unidad para lograr los objetivos trazados y sentó las bases para el inicio de la contraofensiva final. En poco menos de seis meses se extendió el control del Ejército Rebelde de la zona oriental, lo cual se complementaría con la marcha de las columnas del Che y Camilo hacia el centro del país.
El 1º. de diciembre fue firmado por el Movimiento 26 de julio y el Directorio Revolucionario el documento conocido como «Pacto de El Pedrero», fruto de la ingente labor desplegada por el Che en función de la unidad desde su arribo a la Sierra del Escambray. Este Pacto propinaba un fuerte golpe a los planes divisionistas o sectarios de algunos elementos al recibir el apoyo de las restantes fuerzas que operaban en Las Villas, excepto las del Segundo Frente Nacional del Escambray.
La derrota enemiga en «El Pedrero» significó el inicio de un plan estratégico que concluyó con la toma de Santa Clara, las tropas rebeldes continuaron su avance a la capital y tomaron los campamentos militares de Columbia y La Cabaña. En Oriente todas las ciudades fueron liberadas, el Ejército Rebelde está vez entró a Santiago y desde allí su Comandante en Jefe convocó a la Huelga General Revolucionaria, bien preparada y coordinada, consolidándose así el triunfo revolucionario.
Defensa y consolidación de la Revolución
Con el triunfo del 1º. de enero de 1959 se iniciaba una nueva etapa de consolidación y defensa del proceso unitario; la actividad de Fidel adquirió nuevas dimensiones, su objetivo fundamental radicaba en alcanzar la unidad de las fuerzas política y la creación de una organización de vanguardia para dirigir el proceso revolucionario y los destinos de la nación.
Los primeros años de la Revolución estuvieron marcados por la necesidad de integrar a las distintas fuerzas que habían combatido a Batista –el M-26-7, el Directorio Revolucionario 13 de Marzo y el Partido Socialista Popular– en un solo proyecto político. El gobierno inicial era una coalición heterogénea que incluía desde revolucionarios radicales hasta elementos conservadores. Las campañas de descrédito impulsadas por Estados Unidos, explotando el «fantasma del comunismo», buscaban sembrar la división en un pueblo que aún no tenía la sólida cultura política que forjaría después.
Fidel desplegó una intensa labor pedagógica, mediante un intercambio directo y permanente con las masas, explicando cada medida y convocando a la participación popular. Leyes de profundo beneficio social, como la Reforma Agraria y la Campaña de Alfabetización, no solo transformaron la realidad del país, sino que fueron instrumentos poderosos para consolidar la unidad en torno al proyecto revolucionario. La creación de un poderoso sistema de organizaciones de masas, sociales y estudiantiles (campesinos, mujeres, estudiantes, CDR) ejercieron una determinante influencia en la unidad político-ideológica del pueblo cubano, alcanzándose altos niveles de organización, movilización e información.
Un momento crucial en la política cultural fue en 1961. Fidel dedicó dos jornadas a escuchar e intercambiar con los escritores y artistas, y en un tercer momento del diálogo, el 30 de junio, pronunció sus históricas Palabras a los Intelectuales:
«...La Revolución no puede renunciar a que todos los hombres y mujeres honestos, sean o no escritores o artistas, marchen junto a ella; la Revolución debe aspirar a que todo el que tenga dudas se convierta en revolucionario; la Revolución debe tratar de ganar para sus ideas a la mayor parte del pueblo [...] Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada. Contra la Revolución nada, porque la Revolución tiene también sus derechos; y el primer derecho de la Revolución es el derecho a existir ».(2)
En este proceso Fidel ratificó las amplias posibilidades y libertades para la creación artística y literaria, llamó a la unidad y la participación de todos los artistas y escritores en las profundas transformaciones del país y en el crecimiento cultural y espiritual del pueblo. Así se fundó el 22 de agosto de 1961 la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.
Sin embargo, el camino unitario no estuvo exento de obstáculos. En 1962, Fidel debió enfrentar y denunciar enérgicamente el sectarismo promovido por Aníbal Escalante dentro de las recién creadas Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), que privilegiaba a los «viejos militantes marxistas» del PSP en detrimento de otros revolucionarios. Fidel insiste, en ese momento, en que era necesario combatir tanto el sectarismo «de la Sierra» como el sectarismo «de los viejos militantes comunistas marxistas». Y al respecto sostiene.
«Pero, señores, ¿qué es la Revolución? La Revolución está por encima de todo lo que habíamos hecho cada uno de nosotros: está por encima y es más importante que cada una de las organizaciones que había aquí, Veintiséis, Partido Socialista Popular, Directorio, todo. La revolución en sí misma es mucho más importante que todo eso. ¿Qué es la revolución? La revolución es un gran tronco que tiene sus raíces. [...] El tronco es todo lo que hemos hecho juntos ya, desde que nos juntamos; el tronco que crece es lo que nos falta por hacer y seguiremos haciendo juntos».
Fidel, desde el mismo primer año de la Revolución se dio a la tarea de crear un órgano político que fuese capaz de reunir en él, a todas las organizaciones revolucionarias, a todos los que deseaban luchar por la Revolución, sin exclusión alguna.
En un primer momento las tres principales organizaciones revolucionarias que habían luchado contra la tiranía batistiana: el Movimiento Revolucionario 26 de Julio, el Directorio Revolucionario 13 de Marzo y el Partido Socialista Popular se unieron en las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI). En marzo de 1962, acordaron disolverse para dar paso a una sola, con la integración de todas; así se constituyó del Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC).
Ese proceso unitario tuvo un punto culminante el día 3 de octubre de 1965, cuando el PURSC adoptó el nombre de Partido Comunista de Cuba y eligió a su primer Comité Central, encabezado por Fidel Castro y Raúl Castro como Primer y Segundo Secretarios. Se creó el Buró Político y se fundó el periódico Granma. Fidel afirmó entonces:
«Y este paso significa mucho, significa uno de los pasos más trascendentales en la historia de nuestro país, significa el momento histórico en que las fuerzas unificadoras fueron superiores a las fuerzas que dispersaban y dividían».
El proceso de unidad tuvo que vencer otros intentos divisionistas como fueron el «caso Marquitos» en 1964 y el rebrote de sectarismo en los años 1967 y 1968 conocido como la «microfacción» (1967-68). En esta defensa Fidel ejerció su liderazgo. Siempre alertó contra lo que llamó la «Ley de Saturno», según la cual las revoluciones devoran a sus propios hijos, insistiendo en que la unidad era el antídoto contra tal destino.
Fidel es también el padre fundador de esa creación heroica de contar con un solo partido, que ha constituido una garantía para la salvaguarda de la unidad y la sobrevivencia misma de la Revolución. En el discurso pronunciado el 27 de diciembre de 1991, ante la Asamblea Nacional del Poder Popular expresó:
«Hay otra convicción íntima que albergo con relación a nuestros países y a nuestro país en especial. La convicción íntima es la altísima conveniencia del partido único; es una convicción íntima…. [...]. De modo que tengo la más profunda convicción de que la existencia de un partido es y debe ser, en muy largo período histórico que nadie puede predecir hasta cuándo, la forma de organización política de nuestra sociedad».
Fidel, el autor de la unidad nacional
La estrategia unitaria de Fidel demostró que era imprescindible el conocimiento de la historia de nuestro proceso revolucionario, sin lo cual no habría sido posible comprender que la falta de unidad era la causa principal de los fracasos independentistas y revolucionarios anteriores. De igual manera entendió, que esta no era un fenómeno espontáneo sino era necesario trabajarla con paciencia, persistencia, con un diálogo permanente con las masas, explicando, convenciendo y persuadiendo, con un lenguaje claro y adaptado a cada contexto histórico.
Por tal motivo en los diferentes momentos de nuestro proceso fue capaz de identificar y promover las metas comunes, insistiendo siempre en los aspectos que unen por encima de aquellos que pudieran dividir y con apego irrenunciable a los principios éticos y revolucionarios.
La creación del Partido Comunista de Cuba, como partido único de vanguardia, junto a la institucionalidad revolucionaria del Poder Popular, constituye el aporte más valioso y duradero de Fidel a la unidad nacional, garantizando la continuidad del proyecto socialista.
Para finalizar, las palabras del Historiador de La Habana, Eusebio Leal Spengler, en la Sesión de la Asamblea Nacional de Poder Popular el 27 de diciembre de 2016 donde se aprobó La Ley 123 «Sobre el uso del nombre y la figura del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz»:
«Tenía confianza absoluta en el triunfo de las ideas y creyó que ellas eran el mejor legado. Tenía una convicción profunda en la unidad y en el concepto magistralmente expresado en el momento quizás más maduro de su pensamiento político; estaban, detrás de ese concepto, las experiencias que hicieron de él, de Fidel, el autor de la unidad nacional: no podemos olvidarlo».
_______________________________________
Referencias
(1) Elvis Raúl Rodríguez Rodríguez. “Fidel Castro Ruz y la unidad de las fuerzas revolucionarias. Pensamiento y Actividad”, en Rafael Hidalgo Fernández (compilador): El pensamiento Estratégico de Fidel Castro Ruz: Valor y Vigencia. EH Editora Historia, La Habana, 2021, p. 91-107.
(2) Ramírez Cañedo, Elier. «Luchar por todo lo que nos una, dentro y fuera». Fidel y la unidad. https://www.centrofidel.cu/luchar-por-todo-lo-que-nos-una-dentro-y-fuera-fidel-y-la-unidad/, consultado el 15 de julio de 2025.