En los documentos y discursos de Fidel se hallan importantes reflexiones sobre la ciencia y la responsabilidad ética que les corresponde a los científicos, tanto en la producción de conocimientos como en el manejo de los efectos sociales que estos provocan. En su pensamiento se aprecia la total comprensión de que la ciencia y la innovación tecnológicas tienen una gran importancia.
La importancia de la ciencia y la tecnología aumenta en la medida en que el mundo se adentra en la sociedad del conocimiento, un espacio que crece constantemente. La ciencia, como sistema de proposiciones y teorías, es necesaria para las investigaciones del universo y para el análisis de las teorías disponibles. Más allá de ser un sistema de conocimientos que modifica la visión del mundo real, su estructura y desarrollo se encuentran estrechamente vinculados con la economía, la política, los fenómenos culturales y, sobre todo, con las necesidades y posibilidades de la sociedad. Es, por tanto, una forma específica de actividad social dirigida a la aplicación en los procesos productivos mediante métodos investigativos.
Por su parte, la técnica está asociada al conjunto de procedimientos operativos destinados a fines prácticos. La tecnología, sin embargo, no es neutral ni siempre inofensiva; sus relaciones con la sociedad son muy complejas, ya que a menudo es utilizada según intereses sociales particulares. De ahí que sea fundamental tener en cuenta que la ciencia y la tecnología deben ser un medio para solucionar problemas sociales, pues se originan, existen y deben servir al hombre. Tanto la ciencia como la técnica son procesos de enriquecimiento y renovación que conducen al mejoramiento humano, y resulta imprescindible destacar la voluntad política necesaria para que tales conocimientos se reviertan en beneficio del pueblo.
Un ejemplo clave de esa voluntad política se encuentra en el pensamiento ético de Fidel Castro Ruz. En sus documentos y discursos se hallan importantes reflexiones sobre la ciencia y la responsabilidad ética que les corresponde a los científicos, tanto en la producción de conocimientos como en el manejo de los efectos sociales que estos provocan.
En su pensamiento se aprecia la total comprensión de que la ciencia y la innovación tecnológicas tienen una gran importancia para la dominación política y económica de los países desarrollados hacia los más pobres del mundo.
¿Qué condiciones histórico-sociales determinaron en Fidel la conformación de un pensamiento ético que lo convierten en paradigma para Cuba y el mundo en su visión sobre la ciencia y la técnica? La riqueza de su proyección ética manifiesta no solo su inteligencia y conocimientos científicos y tecnológicos, sino también su elevada moral y humanismo, en correspondencia con una realidad social orientada a una vida humana plena. Fidel reconoció que los procesos científicos y tecnológicos no se pueden separar de las relaciones económicas imperantes en la sociedad, ni tampoco de la política que lleva a cabo la clase dominante.
Esta relación entre política y ciencia quedó explícita en una de sus valoraciones:
"(...) la política puede estar al servicio del bien o el mal. Si está al servicio del bien es una política revolucionaria, como la ciencia puede estar también al servicio del bien o del mal. Si está al servicio del bien puede decirse que es una ciencia humana, noble, revolucionaria, como la ciencia también se pone -como se ha puesto muchas veces- al servicio del mal, de la guerra, de la destrucción; habrá que llamar a esa ciencia, ciencia al servicio de la política, y de la peor política, ciencia al servicio del crimen".
Ante la evidencia de que el desarrollo científico-técnico podía conducir a resultados positivos o negativos, fundamentó la idea de que este desarrollo debe tener como objetivo principal la transformación de las condiciones de vida de los pueblos subdesarrollados, partiendo de una concepción humanista. Los problemas generados en el mundo por este desarrollo han sido objeto de análisis cada vez más profundos, a tono con los cambios en la realidad capitalista mundial.
Un momento cumbre de sus intervenciones en el plano internacional fue el discurso pronunciado en Río de Janeiro el 12 de junio de 1992, en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, donde expresó:
"...si se quiere salvar la humanidad de esa autodestrucción, hay que distribuir mejor las riquezas y las tecnologías disponibles en el planeta. Un desarrollo sostenible sin contaminación... Mañana será demasiado tarde para hacer lo que debimos haber hecho hace mucho tiempo".
Su intervención fue una denuncia en torno al uso de la ciencia y la tecnología con fines bélicos por parte de los países desarrollados y la relación del fenómeno de la guerra con el deterioro del medio ambiente. El ejemplo del uso en Vietnam del "agente naranja", con desastrosas consecuencias sobre el medio físico y la salud humana, es evidente. Abogó por la premura con que los países subdesarrollados deben acceder al saber y al desarrollo científico-técnico para solucionar sus múltiples problemas económicos, sociales y ecológicos, sobre todo porque en las actuales condiciones del capitalismo, el conocimiento científico tiene un papel fundamental en la acumulación de capitales. Se encuentra así, en su pensamiento, la idea persistente de lo inevitable del deterioro medioambiental ante tanta irracionalidad, una barbarie que podría conducir a la desaparición del propio hombre.
En las reflexiones de Fidel se reconoce un conocimiento incalculable e indispensable sobre la ciencia, que debe ser tenido en cuenta por las futuras generaciones. Constituyen una fuente obligada de consulta y un reconocimiento de la profundidad de su pensamiento en relación con lo catastrófico que puede ser el futuro si el hombre y el sistema capitalista continúan su intensa avalancha. La madurez de su pensamiento y acción se expresa en ofrecer una táctica y estrategia revolucionarias, acordes con las circunstancias, que contemplan propuestas viables para frenar la catástrofe ecológica inminente.
Para Fidel siempre estuvo clara la relación entre pobreza, ciencia y técnica. Esta proporcionalidad la tuvo persistentemente presente en su concepción del desarrollo como proceso integral, desde las primeras etapas de la construcción del país tras el triunfo de la Revolución cubana. Entre sus primeras preocupaciones estuvo la creación de las condiciones para el desarrollo de la ciencia y la tecnología, así como la educación de los científicos en principios éticos que permitieran colocar los conocimientos al servicio de la sociedad.
Sobre la política de la dirección de la Revolución con respecto al quehacer científico en Cuba planteó: "El científico, como el artista, tiene hoy el escenario ideal donde su inteligencia y su talento pueden encontrar el desarrollo pleno en busca de la verdad y del bien porque ha entrado la patria (...)”.
Este ideal se materializó en hitos institucionales. En 1962 se instauró la Comisión Nacional que tendría a su cargo la fundación de la Academia de Ciencias de Cuba, cuyo primer presidente fuera Antonio Núñez Jiménez. En 1974 se estableció el Consejo Nacional de Ciencia y Técnica. Estos órganos fueron los encargados, en esa primera etapa, de rectorar la actividad científica del país.
En 1977 se desarrolló la etapa conocida como "El modelo de dirección centralizada ", donde la introducción de los resultados científicos en la práctica con la mayor urgencia posible era uno de los objetivos fundamentales. En ese período se impulsó y desarrolló el Movimiento Nacional de Innovadores y Racionalizadores (ANIR), el Foro de Piezas de Repuesto y las Brigadas Técnicas Juveniles (BTJ). Estas últimas para alentar a las nuevas generaciones en la búsqueda e información científico-técnica y dar soluciones en el entorno laboral con la innovación y la invención. Las BTJ participan activamente en los Forum de Ciencia y Técnica.
Con las BTJ se fortaleció la actividad de fabricación y recuperación de piezas de repuesto. en las que el líder de la Revolución jugó un papel importante, incluyendo su impulso al desarrollo de la producción agrícola. También se constituyó el Frente Biológico, aplicando conceptos de trabajo planteados por Fidel como la cooperación, la integración y la generalización para impulsar el desarrollo de los procesos biológicos.
Entre 1984 y 1986, se dio inicio a la política de rectificación de errores y tendencias negativas, creando las condiciones para una nueva etapa en la política de ciencia y tecnología a partir de 1989. Se crearon los polos científicos productivos y se transformó la concepción lineal en el programa de ciclo completo, que abarca desde la investigación hasta la utilización de los resultados. Se crearon nuevas estructuras para los proyectos y programas científico-técnicos, y se analizó la influencia ecológica sobre la política científica. En ese momento difícil para Cuba, se comenzó a llevar las cuestiones de ciencia y tecnología hasta la base comunitaria.
Como reflejo de esta voluntad, en 1994 se creó el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) como órgano rector del sistema de Ciencia e Innovación Tecnológica, y en 1992 se había constituido el Sindicato Nacional de Trabajadores de Ciencia. Ya en 1997, el máximo líder enfatizó la necesidad de utilizar racionalmente los recursos que el país destinaba al desarrollo científico-técnico, partiendo de una clara visión de la importancia del desarrollo tecnológico dentro de la concepción del desarrollo sostenible.
Los resultados alcanzados por la ciencia y la tecnología en Cuba son expresión directa de las ideas de Fidel Castro. Entre las tareas más complejas durante la etapa del Período Especial están la creación de los programas de trabajadores sociales, maestros emergentes e integrales; el arreglo y equipamiento de todas las escuelas, incluidas las de zonas rurales; el establecimiento de canales educacionales; la elaboración de material didáctico en soporte electrónico, radial o televisivo; la creación de la Universidad para Todos; la municipalización de la enseñanza universitaria; la institución de escuelas de superación para jóvenes que no estudian ni trabajan (Tarea Álvaro Reinoso); la Universidad del Adulto Mayor; la revitalización de las Escuelas de Instructores de Arte; y el establecimiento de cursos para preparar profesores de computación en todos los niveles educacionales, así como la creación de la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI) para formar profesionales en esta tecnología de punta. Todo este conocimiento estaba basado en la ciencia.
En el año 2002, con la madurez de su pensamiento y su reconocimiento como líder y estadista mundial, Fidel Castro afianzó los planteamientos de La Historia me Absolverá en la obra científica de la Revolución. Era necesario elevar la cultura para comprender y transformar el complejo mundo donde vivimos, colocando la ciencia al servicio de la sociedad. Con su vastísimo universo del saber, valoró la esencia del desarrollo científico-técnico; reconoció que esta esencia debe tener como fin supremo la transformación de las condiciones de vida de los pueblos subdesarrollados y de las masas oprimidas del planeta, a partir de una concepción racional y humanista, y no con fines belicistas, mercantilistas o de dominio.
Se considera un momento histórico de la política de la Revolución cubana aquel 15 de enero de 1960, cuando en el paraninfo de la Academia de Ciencias de Cuba, con motivo del XX Aniversario de la Sociedad Espeleológica, Fidel expresó la histórica frase: "El futuro de nuestra patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia, tiene que ser un futuro de hombres de pensamiento" . Este futuro al que se refirió lo vemos hoy cuando un ingeniero cubano diseña un respirador o un científico crea sueros y vacunas para combatir enfermedades; es el científico que no olvida al pueblo. En esa frase quedó claro que la ética es fundamental en la ciencia y la técnica.
Fidel no solo concibió la ciencia como una herramienta para el desarrollo económico, sino como un pilar ético de la dignidad nacional. En un mundo donde el conocimiento se convierte cada vez más en una mercancía y un instrumento de poder, su legado nos recuerda que el verdadero valor de la ciencia se mide por su capacidad para aliviar el sufrimiento humano y ensanchar los caminos de la justicia social. Aquella frase pronunciada en 1960 dejó de ser parte de un discurso para convertirse en el pulso mismo de la Revolución cubana. Fidel supo alertar, y su obra lo confirma, que la Patria solo puede recibirse con la tinta definitiva del conocimiento, pero también con la certeza de que ese conocimiento debe estar siempre, como él dijo, al servicio del bien.