El 20 de julio el mundo celebra el Día Internacional del Ajedrez. La fecha conmemora la fundación de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE). Este día nos invita a rememorar a través de un conjunto de sellos patrimoniales pertenecientes a la colección numismática del Centro Fidel Castro Ruz, un inolvidable evento internacional de la disciplina celebrado en Cuba en el año 1966.
El 20 de julio el mundo celebra el Día Internacional del Ajedrez. La fecha conmemora la fundación de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE). Este día nos invita a rememorar a través de un conjunto de sellos patrimoniales pertenecientes a la colección numismática del Centro Fidel Castro Ruz, un inolvidable evento internacional de ajedrez celebrado en Cuba en el año 1966. Cada pieza es una ventana a la historia viva de este deporte.
La sede de la Olimpiada tuvo lugar en el emblemático Hotel Habana Libre de la capital cubana. Su desarrollo contó con la presencia de Fidel Castro Ruz, quien desde su papel como jugador le dio gran impulso al evento deportivo.
Con un récord de 52 países participantes fue celebrado entre el 23 de octubre y el 20 de noviembre de 1966 y quedaron en primer lugar la Unión Soviética (URSS) con el liderazgo del campeón mundial Tigran Petrosian, quien ganaba su octava medalla de oro consecutiva, Estados Unidos obtuvo el segundo lugar y Hungría el tercero.
El evento dejó como legado un conjunto de 4 sellos que inmortaliza el espíritu de una olimpiada que demandó una compleja organización a la altura de lo que requiere una gesta deportiva con cobertura internacional. Cada sello de excepcional valor documental, incluye emisiones específicas para la Prensa a cargo de transmitir la cobertura internacional, el Comité Organizador, el cual estuvo en función de la planificación y logística del evento, y resalta una pieza personalizada del Comité de Honor que porta el nombre del líder de la Revolución Cubana: Fidel Castro Ruz como símbolo del respaldo institucional y protocolar del evento.
La interpretación patrimonial de las piezas permite adentrarnos en la historia del encuentro deportivo. En sus diseños, desde la pequeñez de sus formatos, se ofrece una imagen clara de la organización, la comunicación y la celebración de un juego que marcó un hito deportivo que logró captar la atención del mundo. Resaltan en el centro de las rectangulares figuras, con esmalte en colores negro, blanco y azul, el símbolo del evento deportivo; dos piezas claves dentro del tablero de ajedrez: el caballo y la torre en el medio de un globo terráqueo cuyo significado indica el evento mundial de ajedrez.
La acuñación es muy reveladora, encabezan las piezas el nombre de la Olimpiada Mundial con su respectivo número: XVII Olimpiada y en la parte inferior aparece las siglas FIDE el máximo organismo rector de ajedrez a nivel mundial, sus siglas en francés FÉDÉRATION INTERNATIONALE DES ÉCHECS que en español significa Federación Internacional de Ajedrez.
Según el sitio web chess.com la presencia de este organismo en un evento indica que el torneo se rige por sus estándares oficiales. La FIDE es importante por diversas razones: se encarga de supervisar el Campeonato del Mundo de Ajedrez y el ciclo de clasificación. A continuación, en el diseño de las piezas, el grabado indica el espacio y fecha en que fue celebrado el evento deportivo: Habana 1966. El patrón se repite para las 4 piezas variando el esmalte plateado y dorado según la jerarquía que representan.
El momento más mediático del torneo fue la jugada que protagonizó Fidel Castro Ruz contra el mexicano Filiberto Terrazas en el Salón de los Embajadores del hotel. Durante la partida sucedió algo inesperado para todos y fue cuando los asistentes se acercaron a dar consejos. De esa forma, el campeón del mundo Tigran Petrosian empezó a asesorar a Fidel conduciendo las piezas blancas y el joven estadounidense Bobby Fischer hizo lo mismo con el mexicano jugando con las piezas negras. El juego concluyó con la victoria de las piezas blancas. Según medios de prensa oficiales, Fidel rápidamente coloca de nuevo las piezas y le dice a Terrazas: «Ahora vamos a jugar tú y yo solos». Al finalizar la partida con la victoria de Fidel, la prensa preguntó a Terrazas si recuerdaba las movidas de memoria. Este las dictó al norteamericano Robert Byrne para el diario The New York Time.
Días después, el 20 de noviembre, tuvo lugar otra partida de ajedrez entre Fidel y el mexicano Joaquín Camarena. Fidel jugó con las piezas negras y Camarena con las blancas. El espacio se tornó de gran entusiasmo porque el público estaba ansioso ante la partida de ajedrez de ambos jugadores. Se dice que fue la mejor jugada de Fidel en la Olimpiada.
Los medios de prensa describieron «el país entero era un tablero de ajedrez», haciendo alusión a la gran emoción que provocó el juego en la nación cubana. Los especialistas lo declararon «como una de las tres Olimpiadas mejor organizadas de la historia» junto a las de Niza 1974 y Dubai 1986. Para este evento se mandaron a hacer mesas especiales con tableros de mármol y piezas oficiales tipo Staunton.
La serie de piezas numismáticas que hoy se exponen, adquieren una gran importancia para Cuba al ser símbolo de consagración nacional como sede mundial en el ámbito deportivo. Encierran momentos inolvidables donde se dieron cita leyendas del ajedrez como Tigran Petrosian, Boris Spassky, Mijaíl Tal y Víktor Korchnoi del equipo soviético y el destacado estadounidense Bobby Fischer. Celebrada en plena Guerra Fría, la Olimpiada de 1966 fue un catalizador entre bloques políticos con marcadas diferencias ideológicas. El evento fue un éxito y elevó el prestigio de Cuba a escala internacional; a la vez que transformó para la posterioridad la relación de la nación con la práctica del ajedrez.