Fidel comprendió la necesidad de contrarrestar las calumnias de los medios de prensa enemigos. Fue así que concibió la Operación Verdad, para explicarle al mundo la importancia de aplicar la justicia revolucionaria una vez derrocada la tiranía de Fulgencio Batista.
En los primeros días de enero de 1959 el Gobierno Provisional Revolucionario recién conformado tuvo que llevar adelante una tarea compleja y necesaria: enjuiciar a los asesinos y torturadores de la dictadura de Fulgencio Batista que cobraron la vida de 20 mil cubanos.
La revista Bohemia, en los números de la Edición Especial de la Libertad entre enero y febrero, publicó los testimonios y fotos de los crímenes y torturas que cometieron los esbirros durante la dictadura batistiana.
En el período comprendido de enero a julio de 1959, los Tribunales Revolucionarios, integrados por miembros del Ejército Rebelde, juzgaron a los más connotados criminales en el marco de un procedimiento judicial rodeado de toda clase de garantías de acuerdo con la Ley Penal del Ejército Rebelde de 1958.
Las sanciones impuestas por los Tribunales Revolucionarios a los asesinos y torturadores de la tiranía de Fulgencio Batista ocasionaron que los principales medios de prensa de Estados Unidos al servicio del capital y también de las compañías capitalistas con intereses en Cuba desplegaran una campaña difamatoria con el objetivo de desprestigiar a la naciente Revolución y crear una matriz de opinión negativa a nivel mundial.
El aparato propagandístico de Estados Unidos, principalmente a través de sus agencias cablegráficas Associated Press (AP) y United Press International (UPI), revistas como Life, Newsweek, US News and World Report y sus principales periódicos, se destacaron por su propaganda anticubana en torno a los juicios. En Cuba, el Diario de La Marina se hacía eco de la campaña difamatoria publicando los cables de Agencias de Prensa como AP y UPI.
El historiador Pedro Álvarez-Tabío refiere en «Las primeras leyes revolucionarias y la reacción yanqui» publicado en Memorias de la Revolución, que el 15 de enero un grupo de congresistas norteamericanos reclamó la intervención de Estados Unidos. El representante por el partido demócrata Wayne Hays declaraba que debía considerarse el envío de tropas a Cuba, además de la aplicación de sanciones económicas como la rebaja de la cuota azucarera y el embargo comercial.
Fidel comprendió la necesidad de contrarrestar las calumnias de los medios de prensa enemigos. Fue así que concibió la Operación Verdad, para explicarle al mundo la importancia de aplicar la justicia revolucionaria una vez derrocada la tiranía de Fulgencio Batista.
La historiografía y numerosos artículos periodísticos consideran el discurso del 21 de enero frente al Palacio Presidencial y a la Conferencia de Prensa con 380 periodistas extranjeros en el Hotel Riviera al día siguiente como la Operación Verdad.
Sin embargo, un análisis más profundo de los discursos de Fidel en el período comprendido entre mediados de enero y principios de mayo de 1959, refleja que el líder cubano denunció la campaña desatada por los medios de prensa y le explicó al pueblo cubano y al mundo la necesidad de juzgar a los criminales de guerra en el menor tiempo posible y apegados a la ley.
El periódico Revolución resaltaba en una de sus editoriales del 14 de enero, el discurso que ofreciera Fidel Castro en el Club de Leones. Allí denunció la campaña de los medios de prensa en torno a los juicios. Aclaró que los criminales que estaban esperando juicio en las cárceles no recibieron ninguna vejación, a pesar de que asesinaron a cientos de compatriotas.
Mientras que en el Club Rotario de La Habana, Fidel expuso la necesidad de los procesos judiciales, y el castigo a los criminales para evitar el resurgimiento del gansterismo. Que la Revolución no tenía otra alternativa que hacer lo que estaba haciendo. Por esos días en Pinar del Río y Artemisa el líder revolucionario abordó el tema de la campaña desatada alrededor de los juicios y fusilamientos.
El 21 de enero acudieron cerca de un millón de personas frente al Palacio Presidencial en lo que constituyó uno de los momentos más transcendentales de la Operación Verdad. Fidel denunció la campaña contra Cuba ante el pueblo congregado allí, el cuerpo diplomático y los centenares de periodistas extranjeros, cuando lanzó la interrogante «¿por qué se ha lanzado contra Cuba la campaña más infame, más criminal y más injusta que se ha lanzado contra ningún pueblo?». Al pueblo le preguntó si estaba de acuerdo con la aplicación de la justicia revolucionaria y unánimemente las personas levantaron sus brazos para apoyar el justo deseo de que no queden sin castigo los torturadores y los criminales.
El 22 de enero 380 periodistas del mundo entero se reunieron en una Conferencia de Prensa que fue convocada por Fidel en el hotel Habana Riviera, para exponer la verdad de Cuba ante las calumnias divulgadas. Allí aseveró «que si a Batista le hubieran hecho durante un mes la campaña que hacen contra Cuba, se cae Batista». Recordó a los periodistas extranjeros la constante política del Ejército Rebelde hacia los prisioneros, siempre tratados con generosidad y respeto.
En la memorable cita Fidel lamentó de que la Revolución Cubana no tuviera una agencia internacional de prensa y lanzó por primera vez la idea de que América Latina debía contar con medios propios en el ámbito de la información internacional.
El 23 de enero el líder cubano se trasladó a Venezuela, en lo que sería su primer viaje al extranjero tras el triunfo de la Revolución. El propio 23 en memorable discurso de dos horas, ante cerca de 300 mil personas en la Plaza Aérea del Silencio de Caracas, explicó que el pueblo cubano en el momento que estaba viviendo, necesitaba del respaldo moral de su homólogo de Venezuela. Allí denunció la campaña de descrédito contra la Revolución Cubana, y por qué eran necesario los juicios y las sanciones a los esbirros de la tiranía batistiana.
En el acto de toma de posesión de Primer Ministro el 16 de febrero, Fidel expresaba al pueblo la importancia de aplicar la justicia revolucionaria en el menor tiempo posible para concentrarse en la tarea de hacer la Revolución. En este discurso medular, explica exhaustivamente la marcha de los juicios y lo necesario de las justas sanciones.
A mediados de abril el líder cubano inició una gira de 25 días que lo llevó por diversos países de América, como Estados Unidos, Canadá, Trinidad y Tobago, Argentina, Uruguay y Brasil. Durante su viaje dos elementos fueron objeto de constante aclaración: la pena capital a los criminales de guerra y la posibilidad de celebrar las elecciones. En este sentido sobresalen los discursos del 24 de abril en el Parque Central de New York, el 25 de abril en la Universidad de Harvard; el 5 de mayo en la explanada municipal de Montevideo y el 7 de mayo en la Plaza Castello, en Río de Janeiro.
A su llegada del extranjero el 8 de mayo, en la entonces Plaza Cívica. el pueblo fue a recibirlo en multitudinaria manifestación. Allí aseguró que los Tribunales de Guerra Revolucionarios cumplieron su rol esencial, que ya los peores criminales han sido sancionados y que por lo tanto la Revolución estaba segura de que había cumplido cabalmente su deber. Que la etapa destructiva de la Revolución estaba virtualmente finalizada y que la Revolución seguía adelante con su etapa constructiva.
Sin dudas estas palabras de Fidel pueden analizarse como el cierre de una etapa y el comienzo de otra, donde el Gobierno Revolucionario tomaría medidas más radicales como la Primera Ley de Reforma Agraria, y las agresiones por parte de Estados Unidos se acrecentarían.
Durante cinco meses el líder de la Revolución cubana, cómo mismo él decía, le rindió cuentas a su pueblo, no a los congresistas norteamericanos; pero también durante ese período logró mostrar al mundo lo que estaba pasando en la Isla.
La Operación Verdad no solo fue el discurso del 21 de enero y la Conferencia de Prensa al día siguiente, sino que debe entenderse como un proceso mucho más abarcador e ininterrumpido, que se extendió de enero a mayo de 1959 tanto en Cuba como en el exterior, utilizando el discurso político como arma ideológica y en contacto directo con las masas.