Terrorismo vs. lucha guerrillera. La historia cubana

Familiares de las víctimas del sabotaje al avión de Cubana en 1976
Terrorismo vs. lucha guerrillera. La historia cubana

En ocasión de su icónica intervención en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, el 17 de noviembre del 2005, Fidel expresó que … «Nuestro país jamás ha practicado el terrorismo ni practicará el terrorismo. Hemos sido víctimas de él durante 40 años». 

Por:
Lic. Francisco Delgado Rodríguez
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La historia de la lucha de clases en Cuba está estrechamente asociada a la rebeldía popular, apelando a formas de lucha armada. 

A partir de una guerra de independencia que puede calificarse de tardía, en comparación con este proceso en el resto del continente, quedó firmemente establecido en la conciencia popular cubana que la represión, la tiranía y el empleo de la fuerza de parte de la oligarquía cubana, solo se podía enfrentar y eventualmente derrotar, empuñando las armas con afanes redentores.

Esta oligarquía, estrechamente articulada, en modo subordinación al imperio estadounidense, instaló en un cortísimo periodo histórico de unos 50 años, al menos dos dictaduras sangrientas; la primera fue derrotada por una avalancha popular y una huelga, pero fue secuestrada, y los anhelos y expectativas del pueblo cubano de la época, fueron traicionados por el hombre de Washington en La Habana, como oportunamente fue identificado Fulgencio Batista.

Con el golpe militar de marzo de 1952, encabezado por Batista, se eliminaron todas las variantes de alternancia política y el sistema multipartidista, parodia del existente en EEUU, así como otras formas de libertades cívicas, fueron brutalmente canceladas. La única salida para quienes rechazaban este orden de cosas era una acción armada, revolucionaria, concebida para enfrentar y superar la capacidad represiva de la dictadura por la vía armada.

Este breve recuento nos lleva al asunto medular del análisis, asociado a cuan legítimo puede ser en los procesos políticos el uso de la violencia armada; y en particular las cruciales diferencias con un acto o acción terrorista.

Cuales son entonces esas diferencias. Veamos por caso la experiencia revolucionaria cubana y en particular, el enfoque que le dio el Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, a este asunto.

La primera consideración distintiva de una lucha armada revolucionaria se refiere a la existencia de un programa político. Sin este instrumento es imposible que una acción guerrillera tenga éxito. Los combatientes van a la lucha por un propósito altruista, que conjuga la ética política, el sentido del deber patriótico y el rechazo a las injusticias imperantes; además juega un papel relevante la guía de un liderazgo que previamente ha establecido, no solo quien es el enemigo, sino sobre todo qué futuro le depara a la nación en caso de triunfar.

Rara vez los revolucionarios van a combatir por motivaciones materiales, incluso en aquellos casos que eso ocurre, la propia naturaleza de la lucha depura las filas revolucionarias, que pelean en condiciones particularmente difíciles, contra un enemigo que duplica N veces a la guerrilla. 

En el caso de la experiencia cubana, claramente constituye el programa político de la guerrilla encabezada por Fidel, su conocido alegato ante los tribunales cuando se le juzgó tras el asalto al Moncada, que trascendió en el tiempo con la frase la “historia me absolverá”, es decir, lo que se conoce como el programa del Moncada.

Otro aspecto que distingue a un movimiento armado revolucionario, es lo que en derecho universal se tipifica como cumplimiento del Protocolo II del año 1977 que enmienda la Convención de Ginebra, en lo relativo a la protección de las víctimas en conflictos armados no internacionales. 

Ciertamente cuando la hazaña revolucionaria de fines de los 50 del pasado siglo, no existía esa disposición jurídica internacional. Sin embargo, eso no fue óbice para que el movimiento guerrillero cumpliera a cabalidad evitar a todo trance víctimas civiles, incluso se siguió la política por parte de la dirección revolucionaria de no maltratar, ni torturar, ni asesinar a los miembros del ejército adversario. En este caso se unió la ética de los revolucionarios, desde la perspectiva de que no podían actuar como lo hacían los esbirros, con una estrategia que a la postre facilitó la rendición de los soldados, a sabiendas que tendrían un trato honorable.

Derivado de todo lo anterior, en ningún caso el objetivo militar de la guerrilla cubana fue atacar poblaciones civiles. Por el contrario, desde esos años de combate, la dirigencia revolucionaria se esforzó por mantener una relación con la población que habitaba en las zonas de operaciones, vista además en términos prácticos como la base social de la guerrilla, asunto medular si los hay, magistralmente explicada por el Che en su libro “La guerra de guerrilla”, donde se pueden encontrar otras consideraciones ampliadas sobre la naturaleza y características de este tipo de lucha, a partir de su experiencia como combatiente en la primera línea, entre otras la recomendación que es el campo, las montañas, el lugar natural para la lucha insurreccional.

Por último, fue notorio el reconocimiento internacional adquirido por la guerrilla comandada por Fidel, resultado en general de los anteriores aspectos subrayados. El propósito de la lucha, programa político mediante, la naturaleza cruel de la tiranía batistiana, cuyas fechorías trascendieron al resto de mundo, y la moral con que actuaban los guerrilleros, convirtieron al movimiento en un referente de los pueblos, en primer lugar, los nuestros americanos, y también entre fuerzas políticas y gobiernos que aprendieron a admirar la épica de Fidel y sus guerrilleros.

Como se observa a simple vista, el actuar de un grupo terrorista dista mucho de la mística guerrillera. Desde la ausencia de un programa político revolucionario, más allá de manifiestos y justificaciones para acometer estos actos; fundamental la práctica asociada, como su nombre lo dice, de generar terror, frustración y miedo en la sociedad, no esperanzas de un mundo mejor.

El terrorista promedio actúa básicamente en zonas urbanas, y no suele reparar en las eventuales víctimas civiles, en general las más numerosas en muchas de sus acciones. Generalmente son tenidas como daño colateral; ubicadas en el lugar y momento inadecuado, como explicó sádicamente Posada Carriles, uno de los autores intelectuales del atentado a un avión civil de Cubana de Aviación, que volaba desde Barbados hacia Cuba, el 6 de octubre de 1976.

No en pocas ocasiones, más bien es la norma, el terrorista actúa por intereses monetarios, por lo cual es casi lo mismo que el sicariato o asesino a sueldo. Lógicamente no siempre es así, e incluso fanatismo religioso o de otro tipo mediante, también hay terrorismo sin que medie el estímulo monetario.

La guerrilla no actúa a nombre de otro estado, de fuerzas u organizaciones extranjeras; por el contrario, y por caso, la cubana fue un movimiento absolutamente auténtico, en procura de alcanzar la segunda y definitiva independencia. Por su parte, sobran los casos de agrupaciones terroristas financiadas y que funcionan a nombre de terceros países. Este elemento no debe confundirse con acciones solidarias, que determinados estados sostienen con grupos insurrectos, pero que no buscan retribución alguna por dicho apoyo.

Desde que triunfó la revolución cubana comenzó al unísono lo que se tipifica como el terrorismo de estado, promovido por Estados Unidos contra el pueblo cubano, y al menos desde el gobierno de Reagan, en 1982,  la Isla fue incluida en una de sus más conocidas listas espurias, de ser una nación promotora del terrorismo, justamente por la solidaridad manifestada por la Revolución Cubana con los movimientos de liberación nacional en Centroamérica, exactamente en el mismo momento que el mandatario estadounidense destinaba no menos de 100 millones de dólares americanos, para financiar bandas criminales, léase terroristas, conocidas como contras, en Nicaragua.

Posteriormente surgieron nuevos pretextos, siempre alrededor de la política solidaria de Cuba con gobiernos y organizaciones populares. El imperio aplicó la lógica perversa que sus adversarios pueden ser etiquetados como terroristas y peor Cuba, referente político e incluso ideológico de esos adversarios. Después de Reagan, las administraciones de George H. W. Bush, Bill Clinton, Bush hijo, Donald Trump (en ambos mandatos) y prácticamente hasta 6 días antes de abandonar la Casa Blanca, también Biden, han sostenido a Cuba en este tipo de listados unilaterales, sin ninguna legitimidad desde las normas internacionales.

De ahí la pertinencia de establecer con claridad las diferencias entre un movimiento guerrillero y unos terroristas. Toda la narrativa que contra Cuba se promueve desde el gobierno estadounidense, referido al supuesto de que en la Isla no se hace lo suficiente contra el terrorismo tiene como único y terrorista fin, valga la redundancia, justificar la criminal guerra económica y el asedio político comunicacional contra Cuba. 
La aparente confusión inducida entre movimiento revolucionario y terrorismo fue objeto de atención por el líder cubano, prácticamente desde el triunfo. Así nos encontramos con lo planteado por el Comandante en Jefe en lo que se conoció como Primera Declaración de La Habana, el 2 de septiembre de1960 cuando expresó: … «Cuba no amenaza a nadie. Cuba no agrede a nadie, Cuba no organiza complots ni conspiraciones contra ningún pueblo» … es como si le estuviera respondiendo al terrorista Ronald Reagan, 22 años antes.

Más adelante, también en riposta concreta a acusaciones imperiales, cuando el mundo se paralizó ante las imágenes hiper televisadas del derrumbe de las Torres Gemelas en Nueva York, el líder cubano aclaró la posición de Cuba significando, en un discurso pronunciado en San Antonio de los Baños el 22 de septiembre del 2001 que … «Nadie podría negar que el terrorismo constituye hoy un peligroso fenómeno, indefendible desde el punto de vista ético, que debe ser erradicado» …  y en el 2005, en ocasión de su icónica intervención en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, un 17 de noviembre del 2005, Fidel expresó que … «Nuestro país jamás ha practicado el terrorismo ni practicará el terrorismo, Hemos sido víctimas de él durante 40 años» …

Para salir de cualquier duda, los gobernantes estadounidenses pueden revisar lo que sobre el terrorismo establece la Constitución cubana, refrendada por casi el 90% de la población en el 2019. En su artículo 16, inciso I, se aclara que la República de Cuba …. «repudia y condena el terrorismo en cualquiera de sus formas y manifestaciones, en particular el terrorismo de Estado».

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