Una visita al antiguo colegio de Fidel

Niños del taller de museología del Centro Fidel Castro Ruz
Una visita al antiguo colegio de Fidel

Niños del taller educativo de museología del Centro Fidel Castro Ruz estuvieron en el Instituto Técnico Militar José Martí tras la huella de Fidel. La institución se inauguró el 17 de diciembre de 1925 como un colegio religioso de la Orden de los Jesuitas. Y hasta allí llegó Fidel en septiembre de 1942 para estudiar los últimos años del bachillerato. 

 

Por:
Centro Fidel Castro
|
0
|

Share Everywhere

Por la ruta de Fidel 

Niños del taller educativo de museología del Centro Fidel Castro Ruz llegaron hasta el Instituto Técnico Militar José Martí tras la huella de Fidel. El 1ro de febrero de 1967 la institución se convirtió en una Universidad Militar, pero fue durante muchos años conocida como el Colegio de Belén y el centro de estudios donde el adolescente Fidel llegó en 1942 a cursar los últimos años del bachillerato.
 
Los niños, junto a sus guías y profesores, volvieron a desandar los pasillos del antiguo colegio que fue inaugurado en 1925 por la orden de los jesuitas. Y, uno casi puede imaginar el ir y venir de los más de mil quinientos estudiantes de entonces. Entre ellos podemos ver a Fidel... en el teatro, en las antiguas aulas, pero sobre todo entrenando baloncesto; deporte que lo hizo popular entre los estudiantes del colegio, uno de los más importantes y reconocidos de la década del 40 en Cuba y que aún hoy, a pesar del tiempo, luce su hermoso portón de madera que recrea la historia de Ignacio de Loyola, español que fundó la orden religiosa. 

Imagen
Fidel formó parte del equipo de baloncesto del Colegio de Belén.

El guía va explicando a los niños y viene en el recuerdo aquel pasaje del libro Todo el tiempo de los cedros de la escritora Katiuska Blanco donde se narra la llegada del Fidel adolescente: «En el umbral del colegio se sintió feliz. Aquella institución era la mejor del país, por sus magníficas instalaciones y el prestigio del claustro profesoral, y él se encontraba allí con la euforia de quien consigue realizar un sueño. La primera noche en La Habana, descansó allí, y como aún faltaban dos días para el inicio del curso, a la mañana siguiente preguntó qué tranvía lo llevaba al centro de la ciudad y salió a explorar». 

Las anécdotas de Fidel en el Colegio de Belén son muchas pero una que se convirtió casi en leyenda para el resto de sus compañeros fue cuando para el segundo examen de Cívica decidió aprenderse de memoria el tomo de unas trescientas o cuatrocientas páginas para responder al profesor al pie de la letra y sacar buena nota en la asignatura. Repetía la lectura unas cuatro o cinco veces y en la última, molesto, arrancaba una a una las páginas del volumen de respuestas. 

Katiuska narra en su libro que Fidel «seguía un programa, confiaba en su sistema. Llevaba el ritmo de la lectura, unas veinte o treinta cuartillas por hora, y luego sacaba sus cálculos: treinta cuartillas, diez horas; tres lecturas, tres días». Se afirma que poseía una buena retentiva, no tanto de memoria fotográfica como la capacidad de recordar durante mucho tiempo un dato o un tema de interés. 

«Fidel no se consideraba un modelo de estudiante. Su imaginación solía escaparse de clases hacia todos los mundos y aventuras posibles y además, dedicaba una gran parte del tiempo a la preparación deportiva. Aún así, asistía con puntualidad y disciplina a las sesiones docentes y cuando se acercaba el fin de curso estudiaba a toda hora y en cualquier lugar; en el dormitorio, en las aulas, los corredores, bajo los árboles y sobre todo, en el salón principal de estudio, donde a las diez de la noche, debía apagar las luces y cerrar las ventanas y los portones».

El padre Amando Llorente narró en una ocasión a Estela Bravo que «en los estudios Fidel era brillante, no tenía mayor problema; era más brillante en la literatura, en las letras que en las ciencias. Pero cuando yo veía que en Física o en Química no sacaba la mayor nota, que en aquel tiempo era sobre cien puntos, yo no hacía más que retarle…porque yo noté en Fidel que era un hombre que había que retarlo a lo difícil, a él le encantaba lo difícil. Por ejemplo, en el mismo básquet, si debía jugar con un equipo que no era enemigo, no le interesaba; lo que quería era una cosa difícil de verdad…»  

Imagen
Fidel en el colegio de Belén

Realizando prácticas en el aula de Física Mecánica en el Colegio de Belén en el Curso 1942-1943.

La habitación de Fidel 

Pero sin lugar a dudas el lugar más especial de todos es el cuarto donde Fidel durmió el último año de su estancia en el Colegio. El guía explica y casi podemos visualizar aquel instante en que el Comandante visitó el lugar en 1997, subió las escaleras y se paró en la puerta del dormitorio, miró al frente, pidió abrir la ventana y cuando parecía bien seguro dijo: “Este es el lugar”. Después entró y cambió toda la habitación, colocando cada pieza como lo recordaba en sus años de estudiantes. 

«Esta cama tuvo mucho tiempo su silueta marcada hasta que desgraciadamente con el paso de los años hubo que cambiar las sábanas porque estaban amarillas», dice el guía quien además narró que el día de la visita le preguntaron cómo podía dormir en aquella camita tan pequeña. Según él lo hacía en forma fetal, porque cuando se acostaba boca arriba las piernas las tenía que sacar por entre los balaustres. 

Imagen
Niños del taller de museología visitan la habitación de Fidel

En 1997 Fidel visitó la habitación que ocupó el último año en el Colegio de Belén, del curso 1944-1945.

Conmueve ver las fotografias de la época, sus compañeros, las victorias del equipo de baloncesto, sus reconocimientos, y sus notas en aquel gordo libro que aparece resguardado para la historia. Sin dudas, Fidel fue muy feliz y también querido por todos los trabajadores del lugar. 

Como explicó el Padre Llorente: «Tenía amigos, admiradores, censores, era un poco distinto a los demás; no era uno más; pero yo diría que si tuvo amigos, y la manifestación fue el día de la graduación. Cuando avanzó para recibir el diploma de graduado, el salón se puso de pie y le dio un apaluso tremendo, que no le daba a nadie, lo que indica que todo el mundo veía algo especial, algo noble meritorio, que lo hacía merecer aplausos». 

«Aun cuando ya Fidel estaba en la Universidad seguía visitando a los trabajadores del colegio», continúa la guía mientras los niños permanencen atentos a las explicaciones. 

Dicen que una vez Fidel vino de visita y encontró a los trabajadores del Colegio muy disgustados y preocupados. Cuando preguntó lo que sucedía, le contaron que el gallego dueño de los cuartos donde vivían le quería aumentar el precio del alquiler. Fidel decidió entonces hacerse pasar por su abogado y representante e ir a defender sus derechos. Al final todo quedó resuelto y los trabajadores no tuvieron problemas. Esas eran las genialidades de Fidel. 

Los niños preguntan y uno a otro se van dando paso para dejar sus impresiones en el libro de visitantes. Otros se quedan mirando con respeto la camita de Fidel. Observan las fotografías. Un ambiente especial parece abrazar a todos. 

Fidel y el padre Llorente 

Cuando uno recorre los pasillos o escucha las historias a través del guía no puede dejar de pensar también en el Padre Llorente. En esos años ocupaba el cargo de Segundo Inspector, encargado de la disciplina en el Colegio de Belén. Simpatizaba con Fidel y lo nombró general de exploradores después de una excursión a las montañas de Pinar del Río. Entre los dos se estableció una amistad que perduró en el tiempo.

«Una vez me dijeron que yo siempre hablaba bien de Fidel y respondi: “Bueno, yo hablo del Fidel que yo conocí porque tengo que decir, porque es una verdad, que una vez me salvó la vida, y esas cosas no se pueden olvidar nunca"», aseguró Llorente durante su entrevista con Estela Bravo y que aparece recogida en el libro Más allá de la leyenda.

Sobre la relación de amistad que lo unió al padre Amando Llorente y su estancia en el Colegio de Belén, Fidel contó al periodista español Ignacio Ramonet en el libro Cien horas con Fidel: «El jesuita español sabe inculcar un gran sentido de la dignidad personal, el sentido del honor, sabe apreciar el carácter, la franqueza, la rectitud, la valentía de la persona, la capacidad de soportar un sacrificio. Son valores que saben exaltar». 

«Yo creo que mi temperamento, que en parte es de nacimiento, se forjó también allí con los jesuitas». 

Y allí, en la pared del que fue un día la habitación de Fidel aparece lo que escribiría el padre Llorente en el libro de Memorias de la graduación del curso de 1944-1945: «Fidel Castro cursará la carrera de derecho y no dudamos que llenará con páginas brillantes el libro de su vida. Fidel tiene madera y no faltará el artista».

Y en sus memorias dejó escrito:«Fui su profesor en el colegio de Belén. Siempre vi en Fidel Castro madera de héroe y estaba convencido de que la historia de su patria algún día tendría que hablar de él». Y no se equivocó.

Imagen
Niños firman en el libro de visitantes en la habitación de Fidel

Los niños preguntan y uno a otro se van dando paso para dejar sus impresiones en el libro de visitantes.

Real Colegio de Belén

El colegio se inauguró el 17 de diciembre de 1925 como una escuela religiosa de la Orden de los Jesuitas, cuyo fundador fue Ignacio de Loyola. En ella estudiaron grandes hombres, destacados en la ciencia, la cultura y la política como Fidel y Raúl Castro, así como otros líderes y mártires que lucharon por la libertad de Cuba. 

El Real Colegio de Belén se hace poco a poco de un gran prestigio, y la aristocracia mandaban a estudiar a sus hijos allí, donde recibían una amplia educación con asignaturas de ciencias y letras, complementada con la práctica de deportes, la educación física, la exploración en el campo y lógicamente la educación religiosa. Cuando terminaban graduados de Bachiller en Ciencias y Letras, ya estaban preparados para continuar estudios universitarios, dentro o fuera del país.

Después del triunfo revolucionario de 1959, la institución recibe el honroso nombre de José Martí, Héroe Nacional de Cuba, fundándose como Instituto Técnico Militar José Martí en febrero de 1967. Ostenta la Orden Antonio Maceo. Institución de nivel superior subordinada al Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR), destinado a la formación de oficiales de nivel superior.

_____________________

Referencias tomadas de los libros:

Katiuska Blanco Castiñeira: Todo el tiempo de los cedros, pasaje familiar de Fidel Castro Ruz. 

Ignacio Ramonet: Cien horas con Fidel. cuarta edición. 

 

 

Haga su comentario

Este sitio se reserva el derecho de publicación de los comentarios. Aquellos comentarios denigrantes, ofensivos, difamatorios, no serán publicados.